sábado, 27 de febrero de 2021

Inversión pública para volar

Crítica.
Para una compañía aérea de vuelos chárter para traer turistas. Por qué no. Un negocio que se sabe cómo funciona y que produce enormes ingresos a empresas alemanas, británicas o irlandesas que acarrean los clientes a nuestros hoteles. No parece descabellado que empresarios turísticos tomen la iniciativa para ofertar un número de plazas acorde con la capacidad de su negocio. No parece un disparate que sean los propios hoteleros quienes inviertan en arrendar aviones, contratar tripulaciones y organizar rutas con los países emisores. Si hubiera empresas canarias que desarrollaran esa actividad, con esa sensibilidad, bastaría un buen acuerdo en vez de liarse la manta a la cabeza. Pero no es el caso. No hay que ser muy avispado para identificar en los grandes titulares de prensa de días atrás -con airados reproches a la colaboración propuesta por el Gobierno de Canarias- algo que no era información objetiva: alguien se ve amenazado y contraataca... ya sabemos la sensibilidad de la política frente a la crítica.

Empuje. Los emprendedores nos gustan. Son de esa raza que piensa fuera del tiesto, son quienes introducen innovación en la economía, quienes ofrecen nuevos servicios o nuevos productos. La sociedad admira, protege y ayuda a los emprendedores. La administración pública y la empresa privada, los grandes fondos de inversión y los padres que apoyan la inventiva de sus cachorros. Aunque no es lo mismo un chaval con una buena idea y mucho empuje, que un grupo de empresarios que plantea una nueva línea de negocio. Emprendedores ambos, eso sí, que canalizan inversión financiera a la economía real para crear empleo. El dinero entra en las empresas como fondos propios en su capital social, que se retribuye del éxito de la actividad, en su caso, o como préstamo, aunque esa fórmula exige garantías y tiene riesgo por partida doble. Un mundo de incertidumbre. 

Política. Habrá detractores a utilizar dinero público para los emprendedores, de hecho hay quienes porfían de la mera existencia de los impuestos porque piensan que la iniciativa privada sería capaz de resolver todas las cuestiones que permiten alcanzar/mantener el bienestar para el conjunto de la sociedad con mayor eficiencia. Es una cuestión política. Para emprender, con dinero público se invierte en formación y asesoramiento, en intereses de la financiación y se dan subvenciones de las que muchas acaban a fondo perdido en proyectos que fracasan. En otros ámbitos se invierte dinero público en la educación de toda la población, en dotarnos de un sistema sanitario de cobertura universal, en infraestructuras de transporte y de todo tipo, en el 75% del precio de los billetes para los residentes, en fin, más o menos tenemos claro que el modelo socialdemócrata funciona.

Compromiso. Una sociedad pública de participaciones industriales es siempre buena idea, no deja de ser una herramienta muy potente y muy directa de incentivar la actividad empresarial. En Canarias SODECAN es la empresa de la comunidad autónoma que tiene atribuidas tales funciones. Y puede suscribir parte del capital social para la financiación de una nueva actividad, lo que le permite formar parte de los órganos de gobierno de la mercantil en la que invierte. No es una subvención mucha-suerte-y-haga-usted-lo-que-pueda sino que obliga a la Administración a intervenir en la toma de decisiones. No hay mejor fórmula para defender el dinero público invertido.

Reinversión. No hay garantía de éxito, en efecto, se asume riesgo. Por tanto hay que conocer la solvencia de los promotores de la idea y estudiar la viabilidad teórica de la actividad propuesta. Si funciona y está pactada la compra de la participación pública, se recupera el dinero y vuelta a empezar.