viernes, 27 de noviembre de 2020

La responsabilidad de "crecer juntos"

26 y 27 de noviembre de 2020

Mi intervención (más o menos, en Youtube está el video):

Un congreso de gastronomía desde punto de vista del “desarrollo sostenible”, bien.

Siempre entendí el concepto “desarrollo sostenible” como un oxímoron, retórica de palabras de sentido opuesto. Una expresión manoseada y ciertamente incomprensible, en mi opinión, quizás por la propia contradicción que encierra el sintagma. Siempre creí que tiene que haber una frase más afortunada que abarque esa triple dimensión: el progreso económico, la justicia social y la preservación del medio ambiente. Habría que buscarla.

Pero con mucha cautela porque hablamos de progreso, uf, esa máquina de arrasar pinos, extender piche y de hacer ricos a unos pocos.

Siempre ha habido algo de melodrama y mucho fanatismo. No me hagan mucho caso, aunque la Historia nos confirma, que donde triunfa el progreso económico, hay justicia social y aparecen las ganas y el dinero para proteger la naturaleza. Generalmente las cosas van en ese orden.

El “desarrollo sostenible” va de economía. Y la economía requiere de confianza y la confianza se sustenta en principios éticos. Debemos empezar por el principio.

Cuando Sonia García, organizadora de estas jornadas, contactó conmigo, muchas gracias, por cierto, me pidió una intervención sobre “Crecer juntos”, el programa que GMR Canarias desarrolla desde hace unos años con la idea de que el turismo y la agricultura local vayan de la mano.

Imposible negarme. Quise introducir el matiz que da título a mi ponencia en el empeño de no dar nada por sentado y abordar el asunto desde su origen. Y también quise que mi intervención estuviera en este segundo bloque, el de la justicia social, y no en el tercero, el del progreso económico, como sería lo lógico, por las razones que me gustaría ser capaz de explicar a continuación.

Debo disculparme por anticipado por si en algún momento cualquiera de mis reflexiones pudiera ser interpretada como un reproche, porque no es mi intención. La sociedad es como es, estemos orgullosos de ella o no tanto… no nos corresponde juzgarnos a nosotros mismos aunque siempre podemos corregir nuestra conducta individual.

“Crecer juntos” es un programa de iniciativa pública financiado con fondos propios del Gobierno de Canarias y del FEDER que ejecuta GMR Canarias en coordinación con las consejerías de Agricultura y Turismo desde 2016.

Al poco tiempo, en 2018, obtuvo respaldo legislativo alintegrarse en el artículo 24 de la Ley de modificación del Régimen Económico y Fiscal de Canarias:

“Los poderes públicos apoyarán la utilización de productos agrícolas, ganaderos y pesqueros locales en los establecimientos turísticos de Canarias”

Perfecto, con toda la lógica del mundo. Productos del campo y del mar que pueden ser consumidos en el negocio turístico, todo queda en casa, todos ganan. Dar de comer y de beber a los turistas forma parte irrenunciable de esa actividad, ya sabemos cómo funciona estar de vacaciones.

No sé si a ustedes les pasa lo que a mí, que me sorprende en sobremanera que tal cúmulo de sensatez, esa relación de interés mutuo implícita al “Crecer juntos”, no ocurra de forma natural.

No ahora que la actividad turística sufre el cierre por la pandemia, esperemos que sea por poco tiempo, sino durante todos esos años anteriores. Me sorprende que esa colaboración tan positiva para ambas partes requiera de intervención pública, de un proyecto plurianual con presupuesto y recursos, e incluso de una iniciativa legislativa de ámbito nacional aprobada en las Cortes Generales en Madrid para involucrar a los gobiernos de España y de Canarias. Involucrar a los gobiernos, vaya.

Algo falla. ¿No les parece?

Especulemos.

Podría ser que nuestros agricultores, ganaderos o pescadores canarios no estén en disposición de atender las exigencias para un suministro continuado y de la calidad que exige el negocio turístico y gastronómico. O que alguien así lo piense.

A mí no me asalta ninguna duda de que empresarios y profesionales del sector primario pueden aceptar ese compromiso con total garantía. Ninguna duda, y además en unas condiciones de calidad y frescura insuperables por ningún producto que tenga que viajar desde donde sea.

O podría ser que a una mayoría de turistas no le gusten los productos de las Islas, que no tengan el paladar, y que por tanto resulte indispensable ofrecer conservas de judías en tomate para el desayuno, para que los visitantes del Reino Unido nos elijan como destino. No lo sé.

Aun así, todavía quedaría darles almuerzo y cena… y tenemos el resto de visitantes de otros países con gustos gastronómicos más complejos, dicho con todo el respeto del mundo.

En realidad manda el dinero. Y el mercado.

Hoteleros y restauradores adquieren los productos que estiman más convenientes en dónde estiman más conveniente. En eso nada que objetar.

No sabemos el porcentaje de producto local que adquiere el sector turístico. Irá por barrios. La sensación es que podría ser más.

Con la iniciativa pública “Crecer juntos” se da a conocer productos y productores canarios a los responsables de compras de las empresas turísticas, por si ese fuera el problema.

Incluso organizamos visitas para ver cultivos, pisar fincas de producción de hortalizas, para mostrar el show “del campo a la mesa” real, en vivo y en directo, a los jefes de cocina, visitas que incluyen catas de vino, de gustaciones de queso, mostrar el top de nuestra oferta.

Manda el precio, según dicen: lo canario es más caro, según parece.

Además los grandes distribuidores que atienden al sector, quienes garantizan todo el surtido, tienen sus propios proveedores en donde sea, parece que no les interesa mucho el producto local.

Parece que está todo en contra, pero no del todo. Un ejemplo para ser optimistas:

El jefe de compras de un importante hotel del sur de Tenerife me contaba el otro día que ellos no ofrecen a sus clientes fruta que venga de fuera, que compran local y disponen plátanos, mango, papaya y otras subtropicales, muy apreciadas por sus clientes, dicho sea de paso. Sin más. Cero quejas, todos entienden que están de vacaciones en Canarias. Perfecto.

Aunque también tengo una experiencia para ser moderamente pesimistas:

Un amigo hace un par de fines de semana se alojó en un importante hotel del sur de Tenerife, otro, que solo tenía una referencia canaria en su carta de vinos, un blanco de Lanzarote, solo una… sorprendente porque no era precisamente uno de esos hoteles de todo incluido.

Preocupante, en cualquier caso, porque en este último caso ni siquiera sería por precio, que ya sabemos que quien dedica sin inmutarse unos cuantos cientos de euros por noche al alojamiento se paga el vino que le apetece. Y tampoco tenemos problema con la calidad, que los vinos canarios pueden presumir de ella: este año tenemos uno entre los diez primeros de la Guía Parker.

Entonces, ¿qué pasa?, ¿será que los responsables de confeccionar las cartas y hacer las compras no conocen las bondades del producto local?, ¿todos los chefs de hoteles y restaurantes acaban de aterrizar procedentes del planeta Marte? Tajantemente, no.

Allá por 2008, yo mismo escuché, sin intermediarios, al entonces consejero de turismo de uno de nuestros Cabildos, en la presentación de su plan turístico quinquenal, afirmar alto y claro ante cuatrocientas personas aquello de “el modelo de sol y playa está agotado”, así sin anestesia.

La realidad ha desmentido año a año esa premonición.

Aunque quizás solo perseguía movilizar conciencias para que los operadores turísticos allí reunidos ofrecieran algo más a sus clientes.

Lo cierto es que cuando en tu casa llueve a diario y hace frío, la expectativa de buen tiempo garantizado suele ser suficiente, bien lo saben los laguneros que bajan a Santa Cruz.

Lo cierto es también que a la experiencia meteorológica, tan satisfactoria, le podemos sumar otras experiencias igualmente gratificantes, con la gastronomía a la cabeza.

Pero no una gastronomía cualquiera. A mí me toca defender la gastronomía que emplea el producto local. Además hoy estamos poniendo de relieve la importancia de introducir el “desarrollo sostenible” como elemento diferenciador... déjeme ver si soy capaz de explicar la idea que quería transmitirles.

Hablamos de tres pilares:

1) “Desarrollo sostenible” que tiene que ver con el medio ambiente, tan remanido, en mi opinión, del que en este foro ya se habrá hablado largo y tendido. Reservamos el 50% de la superficie para los espacios naturales, tenemos suelo urbano para duplicar la población residente actual y con en el suelo restante intentamos mantener nuestros cultivos, pues muy bien; gestión de residuos, para la que ya hay tecnología suficiente; eficiencia energética, lo mismo, …aunque no lo parezca,vamos por buen camino.

2) “Desarrollo sostenible” que persigue el progreso económico. Pues claro, porque la renta per cápita ayuda al bienestar, a la libertad individual y todas esas cosas tan importantes. Un reparto de la riqueza que ocurre cuando mejoran las condiciones laborales y los beneficios de la actividad repercuten en quienes contribuyen a ella. Entendido.

Y por último, 3) “desarrollo sostenible” de la justicia social que tenemos que mantener presente porque no todos los que vivimos en determinado territorio nos podemos dedicar directamente a esas actividades pujantes que tiran de la economía. En particular quienes trabajan en el sector primario y residen en las zonas rurales.

Todas esas personas contribuyen a la sociedad con otras cosas de mucho valor: conservación del paisaje, control de la erosión y prevención de incendios forestales y si hablamos de la gastronomía, como sostén de las tradiciones, de variedades antiguas y recetas ancestrales, la esencia de lo que somos como pueblo.

Por todo eso defendemos con vehemencia el consumo de producto local, campañas del #SoyCanario#LlévameACasa en las que el Gobierno de Canarias insistirá sin descanso. Por todo eso las políticas europeas prevén ayudas -especiales para las regiones ultraperiféricas por nuestra propia condición-, ayudas tantas veces mal entendidas y criticadas.

En defensa del producto local podemos encontrar una justificación estrictamente económica basada en esa experiencia diferenciadora que aporte valor al destino turístico, una gastronomía perfectamente identificada y de nivel, que influya en la toma de decisiones cuando el turista compra sus vacaciones, perfecto. Para ayudar a vender. Lo que requiere acciones enfocadas a dar garantía de origen, trazabilidad, seguridad alimentaria y lucha contra el fraude, por supuesto.

En defensa del producto local además podemos calcular la huella de carbono y apostar por los productos de proximidad kilómetro cero para ofertar un destino turístico neutro, para mitigar el cambio climático, que en ello estamos, acciones para compensar las emisiones del transporte aéreo mientras los aviones sigan quemando queroseno.

Todo eso está muy bien, eso suma.

Pero hoy, en defensa del producto local, quiero apelar a la responsabilidad.

Y para ello propongo incluir en el propósito de toda actividad turística el bienestar del conjunto de la sociedad allí donde esa actividad tiene lugar. Propósito entendido como ese fin último que persigue toda iniciativa empresarial.

El fin último es ganar dinero, pensarán ustedes, ¿por qué sino iban a invertir esas grandes multinacionales en Canarias tales cantidades de dinero?

Ganar dinero es su objetivo, por supuesto, así es como se remunera el capital, pero solo lo conseguirán si son capaces de ofrecer una experiencia que valga la pena a quienes quieren que sean sus clientes, ese debe ser su propósito, esa experiencia.

Porque no podemos traer todo de China aunque sea más barato y porque a nadie le gusta salir de su hotel de lujo y encontrar pobreza y miseria en la puerta como desgraciadamente todavía ocurre en muchos destinos turísticos. No puede ser.

Esto quería contarles en defensa del producto local, este enfoque de generosidad, por egoísmo, si al conjunto le va bien a cada uno le irá bien, y espero haber sabido explicarme, apelar a la responsabilidad para “Crecer juntos”.

Muchas gracias.


sábado, 21 de noviembre de 2020

Cómplices necesarios

Alternancia política.
Qué bueno que saliera a la luz el expediente de la compra/ venta por parte del Cabildo de Tenerife de los terrenos de la Ciudad Deportiva del Club Deportivo Tenerife -el equipo de fútbol, se entiende, y perdón por la redundancia-. Cosa buena la alternancia política: entra el nuevo, abre las gavetas y pregunta por lo que encuentra. Podría ser que la Justicia concluya que esta operación inmobiliaria fue una actuación administrativa impecable y la cosa quede ahí. Habrá que esperar. Las cuestiones legales tienen su enjundia en un país garantista como el nuestro, es frecuente que iniciativas que parecen un disparate conceptual encuentren encaje legal.

Axiomas. El expresidente de BBVA, Francisco González, empleaba un principio moral que admite muy poca discrepancia, afirmaba que cualquier conducta empresarial (personal) debía ser legal, ética y publicable. Él fue víctima de su propia medicina con aquel turbio asunto de Villarejo, al que contrató para investigar a sus adversarios, que puede que fuera legal, pero no supera los otros dos axiomas del buen comportamiento.

Ético y publicable. La noticia de los terrenos de Los Baldíos salió en prensa en 2011 con bastante detalle. Una mera búsqueda en Internet permite acceder a la información: la salvación del CD Tenerife, la aportación de 18 millones de euros de dinero público por parte del Cabildo, una hipoteca con Caja Canarias, Miguel Concepción, Ricardo Melchior, ...publicar se publicó. La justificación iba implícita en la noticia: salvar al CD Tenerife de la desaparición justo después del descenso al pozo de la Segunda B, añoranza de la prodigiosa década de los noventa, partidos de la UEFA, el fútbol como motor económico, tinerfeños y sus colores, tinerfeñistas y sus sentimientos, miles de aficionados desconsolados en el peor momento de aquella crisis. Salvar al “Tenerifito” al precio que fuera. No es un relato sencillo, ojo, que muchos vivimos la época de esplendor y todavía duele. Soporte ético también hubo.

Dar explicaciones. La situación del Club era de dominio público después de la debacle de la última etapa de Javier Pérez tras una política de fichajes inexplicable, malos resultados deportivos, endeudamiento y una nefasta gestión. La intervención pública llegó por interés político para la captura de votos o por interés propio, que también es conocida la inquebrantable devoción futbolera del entonces presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero. “Si te interesa un equipo de fútbol te vendo el CD Tenerife por 1 euro” me dijo uno de los empresarios que reclutaron para poner dinero o para avalar los préstamos, no sé bien, que es casi peor. Salvar la sociedad anónima deportiva mediante ampliaciones de capital y nuevos grandes accionistas, evitar la quiebra y las explicaciones. Y así fue. Después, como todo aquello no fue suficiente, se montó la operación de los terrenos con el Cabildo.

Cómplices. Aunque de forma interesada alguien pueda sostener lo contrario, en las administraciones públicas locales mandan sus funcionarios. Profesionales de alto nivel que superan estrictos procesos de selección y con habilitación especial para los puestos clave. En una democracia como la española la posibilidad de ser elegido se limita a saber leer y no estar inhabilitado para ello. El político propone cosas, el funcionario ejecuta y garantiza la legalidad y el ciudadano ejerce el control mediante la transparencia. Cuando salta un caso como este, con grandes cantidades de dinero público para iniciativas que -cómo poco- no son competencia, deberíamos saber qué dijeron los funcionarios de esos contratos y de esos pagos, los de la propia institución y los de la Audiencia de Cuentas responsables de auditar, estará escrito, ...cómo salió ese dinero de las arcas del Cabildo.

(Foto de Diario de Avisos)

domingo, 1 de noviembre de 2020

Pírdula

Medio pollo.
En un supermercado las ventas de productos frescos apenas superan el 15% del total. Es decir que de media el común de los mortales, usted y yo, gastamos solo un 15% de nuestro presupuesto en esos productos frescos. Habrá quien me refute al estilo cubano, aquello del medio pollo para cada revolucionario y usted se come uno entero y yo ni lo huelo. Lo cierto es que desde el punto de vista estadístico, cuando entramos millones en el bombo, ese 15% sí que es fiable.

Contracción. La contribución al PIB canario del sector primario no llegaba al 2% del total antes de que la jodida pandemia detuviera el turismo en seco. Este año ese porcentaje subirá significativamente porque casi todas las demás actividades han caído en picado. En números absolutos no crece, imposible, con unos 300 mil habitantes equivalentes menos -nuestros añorados turistas-, 300 mil personas menos a las que dar de comer cada día. Producciones que se han tenido que ajustar a esta nueva demanda. Y las que no admiten tal ajuste sufren las consecuencias de unos excedentes muy difíciles de gestionar sin perder la camisa en el intento.

Km 0. El autoabastecimiento de alimentos en Canarias sobrepasa ligeramente el 50% -según un informe realizado por investigadores de la ULL en 2018-. Estamos pendientes del análisis de los datos en estas nuevas condiciones de ahora para calcular el índice actualizado que tendremos en breve. Solo para algunos productos hortícolas el autoabastecimiento se acerca al 100% y con oscilaciones estacionales. Del total de la cesta compra, de los productos frescos, y según en dónde compre, quizás algo más del 50% puede que sea producto local, los llamados productos “kilómetro cero”, esos que no recorren medio mundo dejando un reguero de CO2, esos que garantizan máxima frescura. Para entendernos, alrededor de un modesto 8% del total de nuestro ticket de la compra procede de las explotaciones de nuestros agricultores, ganaderos o acuicultores o de las capturas de nuestros pescadores. No parece mucho.

Fútbol. La importancia del sector primario en Canarias no se corresponde con ese 2% del PIB, es mucho mayor por sus efectos positivos sociales y económicos. La producción de alimentos genera riqueza, sostiene el empleo, fija la población al territorio, contribuye a proteger el medio ambiente, conserva tradiciones, nos permite seguir siendo quienes somos, definidos como pueblo con una historia que hunde sus raíces en el terruño y extiende sus redes en el mar. Preguntemos y con total seguridad a una amplia mayoría coincide, mucho más importante que el fútbol, más del doble, seguro, incluso diez veces más.

Tregua. Esos millones de personas que vivimos en Canarias dependemos de unas pocas empresas de distribución y venta retail. Compañías muy potentes en un mercado altamente competitivo, maduro, crece quien le quita cuota a sus competidores. Y en esa guerra están, en lucha por ganar el favor del consumidor, la aceptación del “jefe”. Y desde el Gobierno de Canarias se insiste en el mensaje #SoyCanario #LlévameACasa, bravo, a ver si conseguimos que crezca ese 8% para sostener la actividad, tan importante para todos. Pero en la gran distribución están en guerra y se espían y todos quieren ser el más barato y aprietan al productor local igual que al gran operador internacional y manda el precio, el precio y el precio. Y resulta que lo rural en Canarias tiene un valor incalculable y se va a la porra si nadie lo defiende. Me atrevo a proponer una tregua, solo para el producto local, solo para ese 8%, para que sea un 10%, por puro egoísmo, una estrategia con retorno.


(La foto es del Supermercado Terencio de La Frontera, robada de FB)