domingo, 30 de agosto de 2020

Tropezar con la misma piedra


Añoranza. Es habitual que quien tuvo éxito en los negocios repita la fórmula empleada hasta que la realidad del mercado lo saca a patadas de la brega. Replicar el modelo a toda costa, apostar el dinero ganado en un doble o nada que acaba en drama. Haber estado en lo más alto deja secuelas personales y en la empresa. No es reproche, mera observación. Y ejemplos un montón. En el mundo de los negocios la demanda evoluciona, interviene nueva tecnología y nuevos hábitos sociales, la demanda se transforma, de forma sutil o con violencia cuando llega una crisis. Sobreviven y crecen los que toman decisiones acordes a las nuevas circunstancias para adaptar la oferta, quienes comprenden el mecanismo evolutivo de oferta/demanda, se anticipan y no añoran tiempos pasados.

Respeto. Que conste que profeso un máximo respeto hacia los empresarios, he dedicado muchos años de mi vida a ayudarlos como directivo y yo mismo me he jugado mis ahorros en un par de proyectos empresariales que no cuajaron. Admiración hasta el punto de escribir un libro, “Ser empresario. Nuevos modelos de conducta empresarial” (Editorial Ra-Ma, 2010), un manual en toda regla en el que explico las claves para transitar ese camino con el que pretendo, además, desactivar a tanto emprendedor que se toma esta vocación con ligereza.

Insensatez. Es comprensible que, en la inesperada y dramática situación actual con tantas empresas cerradas por la pandemia, muchos empresarios no entiendan las declaraciones de un experto profesor universitario cuando expone públicamente las conclusiones de sus investigaciones, que no llegan por inspiración divina, sino fruto de la observación y el análisis. A David Padrón, doctor en economía por Universidad de La Laguna, le cayó la del pulpo por afirmar que quizás habría que plantear para 2030 un escenario con un 30% menos de turistas. ¡Insensato! -exclaman desde el sector-, como poco, y es que ahora, en estos momentos de la nada más absoluta, cualquier turista, uno cualquiera al menos, sería bienvenido, mimado y besado con amor fraternal si la prudencia sanitaria no lo prohibiera expresamente. “No hables de futuro, es una ilusión”, cantaba Loquillo. Hoteleros aterrados con razón, una inmensa mayoría de la sociedad isleña aterrada con la que se nos viene encima y cuatro irresponsables que se toman a chufla las medidas de contención, por cierto.

Análisis. Puede que David Padrón se quedara corto, tendría que haber planteado una meta más lejana, 2040 por ejemplo, para que su reflexión bienintencionada fuera acogida con menos hostilidad. Cuestiona el incremento de record experimentado durante los últimos años en el número de turistas: más gente, más aviones, más de todo y no necesariamente más beneficios derivados de la propia actividad. En cualquier caso, tal afirmación, la conveniencia de que el turismo consiga igual (o mayor) riqueza con un menor número de visitantes, es lo que es y las cosas son como son. Ni el gobierno podría ni querría limitar los millones de turistas que vengan cada año ni los empresarios van a rechazar clientes. El modelo económico ni se diseña ni se implanta ni se cambia cuando a alguien se le antoje conveniente. Las normas -que emanan de las directivas europeas- regulan cómo y la política fiscal que pretende condicionar las decisiones empresariales.

Ocurrencias. Resulta necesario que haya quien analice con método qué pasa en determinado sistema económico, cómo funcionan sus interacciones, que compare qué ha ocurrido en otros territorios y por qué, qué decisiones tomaron y qué ocurrió, qué políticas públicas se pueden implantar y qué consecuencias tendrían, en su caso. Y que lo cuente, claro. La tentación de improvisar por desesperación es muy poderosa.

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