domingo, 12 de julio de 2020

Todo vale, qué pena

Escrúpulos. El futuro de Santa Cruz en manos de una concejala tránsfuga no adscrita. Vaya. A CC ya le vale, escrúpulos los justos porque el fin justifica los medios o eso nos hacen creer. Al PP también, total, “from lost to the river” -de perdidos al río-. Y la susodicha que ve cumplida su venganza, quiero decir, que verá cumplidos sus sueños, aquellos que sean y que jamás de los jamases trascenderán en público. Desde el punto de vista político esta moción de censura no tiene un pase. Evelyn Alonso ejerció activamente la oposición al régimen anterior de CC+PP en el último mandato, su partido, Ciudadanos, incluye no pactar con nacionalistas en su ADN fundacional y la incómoda promesa electoral de regenerar la vida política. Promesas electorales, vaya.

Filantropía. En cualquier caso me resisto a observar este fenómeno con resignación. Desde un punto de vista pragmático este cambio de gobierno en Santa Cruz, el encaje de la concejala no adscrita -huérfana de partido político, para entendernos- en el equipo de gobierno, muestra preocupantes fisuras. La primera es que no recibirá salario por su trabajo, dada su condición de tránsfuga, por su dedicación, la que sea, al muy noble e invicto pueblo santacrucero, loable, generoso, entendible y justificable si se tratara de una rica heredera o una exitosa empresaria que ejerciera la filantropía, pero no es el caso, vivirá del trabajo de su marido, según dicen, ah, pues vale: una tara de este siglo XXI que no acaba de desprenderse del machismo natural que subyace en tal peregrina justificación.

Vivir. Contaba mi padre una historia de mi abuelo, director del periódico La Tarde que tenía cierta influencia en el Santa Cruz de aquella época. Como, en determinada ocasión, cuando todavía el ejercicio de la política no era una actividad remunerada, un conocido suyo le pide el apoyo para intentar ser concejal. Mi abuelo lo escucha y un tanto escéptico le pregunta por qué quiere meterse en ese fregado si además no se cobraba por ello. “Ellos viven, don Víctor, ellos viven” recibió por respuesta. Varias décadas después, la policía judicial corroboró la afirmación de ese buen señor al demostrar como Miguel Zerolo, que sí que cobraba por ser edil, no tocó durante años la cuenta donde ingresaban su salario. Y vivía y bastante bien.

Malabares. Segunda fisura: cómo el equipo entrante podrá, en su caso, asignar alguna función de gobierno a su nueva socia. Con un decreto, de acuerdo, esa parte sí, puede hacerlo en el ejercicio de las atribuciones del alcalde-presidente. Me refiero a cómo se concreta ese nombramiento en un cargo con algún poder ejecutivo que le requiera ir a unas oficinas municipales, asumir determinadas competencias, firmar o tener un equipo de funcionarios a su cargo. Porque si no cobra por su condición de tránsfuga, que eso sí que parece que está claro, ¿cómo se tramita su alta en la Seguridad Social?, ¿con qué base de cotización?, ¿con la que le correspondería según su sueldo teórico? Eso quiere decir que aunque no cobre el sueldo ¿sí que cotizaría para el paro o su futura jubilación? Entonces, recibiría remuneración indirectamente, pues no entiendo. Sin contrato y sin alta no debería poder trabajar para el ayuntamiento, no cumpliría con la legislación laboral ni la prevención de riesgos laborales.

A la bajadita. Inútil intento de desactivar la moción de censura mediante la aplicación desesperada y a última hora del ventilador a “las cosillas” acumuladas debajo de la alfombra durante cuarenta años. Un año mirando papeles sí que servirá para ejercer la oposición enfocada hasta que llegue el momento procesal oportuno. Antes no.




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