domingo, 21 de junio de 2020

El punto de partida y las verdades incómodas

La venda. Tratar de resolver cualquier problema sin atacar su origen es un esfuerzo vano que conduce a la melancolía. Y si el problema es de índole pública tal misión parcial se convierte en un ejercicio de demagogia política de efectos perversos. Ejemplos de todas clases en la legislación autonómica, en la española y en la europea llena de buenas intenciones para poner la venda sin curar la herida. Fallan en su concepción y falla también la técnica legislativa para intentar encajar lo que no encaja. Entonces cada nueva mayoría en el Congreso promueve nuevas leyes, sin bajar al fondo de la cuestión, la que sea. Porque hay verdades incómodas, que se saben o no, que se descubren o no, pero que la prudencia exige silenciar.

La tara. Paradigmático el anuncio de la Ley de Tiempo Corresponsable lanzado esta semana en plan globo sonda. No puedo estar más de acuerdo en visibilizar esta tara de la sociedad española: el problema de la igualdad, que sigue ahí, enquistado. Y no, no es cuestión divina ni genética. Entre la gente de mayor poder económico la corresponsabilidad de los cuidados domésticos es proporcional a lo que aporten a la cuenta común desde la que se paga el sueldo del empleado del hogar. Para el resto de mortales los cuidados domésticos se reparten según cada particular equilibrio de pareja, acuerdo familiar o la aceptación (resignación) de los roles aprendidos en casa de los padres y de los abuelos. Y quien vive solo se busca la vida como le da la gana.

El sesgo. Inquietante que la conclusión sea que mediante una aportación pública se va a poder compensar el sobreesfuerzo que hacen y han hecho históricamente la inmensa mayoría de las mujeres de este país dentro de casa. Pretenden entrar a regular el espacio privado con dinero. Y no, esta lacra no se resuelve con dinero, eso sería demasiado fácil. La igualdad transita por un camino tortuoso que requiere tiempo, exige demoler unas costumbres ancestrales grabadas a fuego, eliminar el azul y el rosa, la muñeca y el balón, papá trabaja y mamá se queda en casa. Hemos mejorado y todavía queda camino por recorrer. Hay que dar ejemplo y no pasar una. Sin ocultar que el machismo formaba (forma) parte de nuestra cultura y que aun campa a sus anchas.

El gremio. Falta la verdad incómoda. Y es que para solucionar definitivamente los problemas de conciliación y de cuidados domésticos hay que abordar los horarios laborales y el calendario escolar, cuestiones cruciales para el funcionamiento de la sociedad y que están entrelazadas. Respecto a la primera, la posibilidad de teletrabajo demuestra que el presentismo era otra tara contra la que se puede luchar. Sin embargo, respecto a la segunda, resulta mucho más fácil meter dinero en ese “a ver qué pasa” incluido en esa nueva ley para una compensación indefinida que lidiar con un gremio de cientos de miles de empleados públicos y de empresas privadas que reaccionarán con escepticismo o puro enfrentamiento ante cualquier modificación de sus condiciones de trabajo. Ahí es dónde habría que poner la pasta, en su caso.

La clave.
Piensa en los cismas sociales que se han resuelto bien, la difícil convivencia entre vecinos, por ejemplo, con la ley de propiedad horizontal, un oráculo de sentido común. Y otros tantos que no hay forma de arreglar, que provocan tensiones, inconformidad y conflicto, todos con idéntico diagnóstico: no se ataca el origen para evitar enfrentar esa verdad incómoda... leyes del suelo, la reforma laboral o los abusos con los precios en la cadena alimentaria. Valentía política, vaya mal trago.

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