domingo, 17 de mayo de 2020

Y si...

Y si estuviéramos en un escenario distinto al de la crisis que nos anuncian.

Y si la condición de islas se evidencia como una ventaja relevante para gestionar situaciones de pandemia.

Y si la coyuntura internacional post covid-19 situara a Canarias en una posición privilegiada por la posibilidad cierta de controlar la entrada de personas.

Y si la existencia de un potente sistema sanitario y la ausencia de vectores de contagio nos define como destino turístico único en nuestro entorno europeo.

Y si la posibilidad de hacer test rápidos a la salida de los vuelos en los aeropuertos de origen permite discriminar los turistas no contagiados de manera fiable.

Y si esos 15 millones de turistas no contagiados que nos hace falta para mantener la maquinaria a pleno rendimiento -equivalentes al 3,3% de la población de la UE- pudieran viajar a un destino seguro como Canarias.

Y si la cronificación de la epidemia del covid-19 o de alguna de sus mutaciones sigue afectando especialmente a las personas mayores.

Y si los cientos de miles de mayores que en Europa gozan de un alto poder adquisitivo eligieran Canarias para huir de la amenaza cierta de la pandemia.

Y si debido a la falta de competidores con similares condiciones de seguridad sanitaria los operadores turísticos en Canarias pudieran incrementar significativamente los precios de los servicios que prestan.

Y si el nuevo flujo de turistas y a la mayor disponibilidad económica permitiera a los trabajadores del sector turístico recuperar sus empleos y mejorar sus condiciones laborales.

Y si el repunte de la actividad turística atrae capital de otras partes del mundo para invertir en Canarias en la mejora y renovación de la planta hotelera, en construir nuevas residencias para personas mayores, en proyectos de ocio, en incrementar la capacidad asistencial, en atender un mercado interno con trabajadores con una mayor capacidad de consumo.

Y si el incremento de la actividad y la materialización de las inversiones permitiera disponer de más recursos públicos para terminar infraestructuras, reforzar el sistema sanitario y modernizar la educación.

Y si los operadores turísticos canarios en ese nuevo escenario no restrictivo se comprometieran con el sector primario local para el suministro de los alimentos y los vinos que ofrecen a sus clientes.

Y si la gastronomía en las Islas se convirtiera en el atractivo que debería ser con idéntico compromiso con el sector primario del que forma parte.

Y si los trabajadores del turismo que disfrutaran de esas nuevas condiciones laborales se implicaran también con el sector primario local para llenar su cesta la compra.

Y si el pago de un precio acorde a los costes de producción a los agricultores, ganaderos y pescadores y a la industria transformadora permitiera el desarrollo de un sector primario sólido, moderno, con mejores condiciones laborales, respetuoso con el medio ambiente y enfocado a la más alta calidad.

Y si esta rueda que empieza a girar -control de la epidemia, ventaja competitiva en el turismo, mejores precios, más infraestructuras, mejores servicios públicos y más consumo de producto local- terminara definitivamente con el paro.

Y si esta secuencia de efectos positivos -cero afectados por la pandemia, cero paro, mejores condiciones laborales, mejor asistencia sanitaria, mejor educación, alimentos de mayor calidad, más respeto por el medio ambiente- no fuera una entelequia sino la descripción de una realidad posible que mejorara sustancialmente el bienestar de las personas que vivimos en Canarias.

Y si nos ponemos serios, entendemos la importancia y cumplimos estrictamente con las medidas de cautela para salir del confinamiento.

El futuro no es esperar a ver qué pasa, el futuro es aquello que hagamos.

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