sábado, 25 de noviembre de 2017

La tribu

Discutir. No se deje engañar, ningún tiempo pasado fue mejor. Que hay problemas, injusticias y desgracias, de acuerdo, pero menos. Nuestra percepción no es de fiar. Fíjese lo que hemos avanzado en el respeto a las diferentes sensibilidades, en solidaridad o en participación. Que hay pérfidas intenciones de manipular, de adoctrinar e incluso sectarismo, tiene usted razón, el mundo no es bueno del todo, pero es mejor. Se acerca la Navidad y ya no vuelan paletillas de ibérico ni champán del caro ni bombones de licor para compensar no se sabía qué favores o prebendas. Que todavía habrá cierta connivencia, pecados por inacción o desenfoque, pues sí, seguro que algo queda, pero menos. Y como soy medio antiguo, echo de menos más beligerancia y predisposición al debate constructivo por el puro placer de discutir, afición que ha perdido adeptos por políticamente incorrecta; la piel fina, consecuencia de la evolución de la especie. En conjunto, disfrutemos del siglo XXI (espero que no tenga que tragarme mis palabras).

Manías. Don José frecuenta a diario el mismo carrito de la Rambla para el pan y el periódico; breve conversación intrascendente: qué tal, qué frío o qué calor, según el caso. Doña María hace la compra en el súper a diario; total, esa es la vida y cualquier excusa es buena para arreglarse y salir de casa, quizás hoy hay algo rico de oferta. Feliz rutina -esa que le espera a quienes anhelan la jubilación-, rutina urbana o ir a pescar. Hay muchos don Josés y doñas Marías en las Islas y en todos sitios, somos usted y yo en este instante o transcurrido el tiempo suficiente. Llega el día en el que don José se enreda con el cambio y no distingue las monedas de veinte de las de cincuenta céntimos. Y ese otro en el que doña María se lleva a casa dos kilos de col cerrada para el potaje porque está muy bien de precio, imagínese, ella que vive sola. No son manías de viejo, ni cosas de la edad, la verborrea tampoco ni la agresividad ni la desorientación. Que los actores del entorno habitual donde se mueven las personas mayores sean capaces de identificar los síntomas iniciales de algún tipo de demencia es uno de los objetivos del proyecto "barrio solidario" de AFATE.

Auxilio. Buenas ideas y mejores intenciones. Que habrá quien sostenga que dónde está el beneficio, que qué va a hacer el quiosquero que no sea procurar devolver el cambio correcto, pues claro, pero no haga caso, cualquier iniciativa -la que sea- genera siempre disidentes. Esto va de recuperar la conciencia de tribu, como grupo que comparte espacio común, un concepto distinto a la familia, que tantas veces no llega al día a día. Identificar para comprender ciertos comportamientos, recibir formación para facilitar el trato cotidiano y considerar la demencia como una circunstancia sobrevenida que es conveniente lidiar entre todos. "Barrio solidario" también para pedir auxilio, cuando la situación lo requiera. La iniciativa es la leche, altruista y solidaria, pero también egoísta porque ninguno estamos exentos de necesitar ese tipo de comprensión colectiva.

Cohesión. La tribu como resultado de ciertas acciones que mejoran las relaciones, personas alineadas en atender un problema cuya gestión contribuye al bienestar del conjunto, no es más, no mirar para otro lado, en definitiva. Imagine qué se podría conseguir en prevención del consumo de drogas o de la exclusión social. Estas reflexiones dan idea de la catástrofe de lo ocurrido estos años en Cataluña, dividida la sociedad, rota la convivencia: imposible hablar siquiera de nada de esto. Somos afortunados.

Tam-tam. El hechicero invocó la lluvia.

(Publicado en el periódico El Día el 25 de noviembre de 2017)

sábado, 11 de noviembre de 2017

Simbolismo culpable

Matraca. Buscar culpables o solucionar el problema. Ya sabe a qué me refiero. En el ámbito de la empresa, de la familia o de la vida pública siempre hay quienes se empecinan en descubrir, señalar y crucificar a los culpables. Un sistema que no funciona porque no resulta evidente el origen del conflicto cuando solo se analiza sus últimos efectos, consecuencia de decisiones y conductas de tiempo atrás. Con la matraca catalana están todos muy contentos con Junqueras en el talego y Puigdemont en Bruselas, lo que demuestra que no es tan importante la responsabilidad real de los causantes como disponer de chivo expiatorio.

Método. ¿Y el problema? Para el problema usamos el "método Rajoy", mire usted, sin prisas, que a nadie le importa. Ni siquiera tenemos un procedimiento fiable para detectar problemas ni mucho menos para remediarlos. Imposible solucionar algo que no sabemos qué es. Ni las evidencias ni los hechos ofrecen claridad. En este asunto de actualidad, ¿luchamos contra el adoctrinamiento, contra la corrupción (cohecho, clientelismo y condiciones excluyentes de acceso a la función pública) o contra la ingenuidad de millones de personas? Qué dilema. Y si fuéramos capaces de encontrar la madre de todos los males que afectan a esa sociedad, ¿cuál sería el tratamiento? Otra pregunta de difícil respuesta.

Horror. Unos riegan el pueblo de panfletos pro libertad para los presos del Govern y la oposición anónima y silenciosa en un par de horas los quita de circulación sin que se sepa cómo. Porque en la Cataluña de hoy hay conflicto, dos bandos enfrentados, pelea con sordina en una vida cotidiana politizada. En las noticias escuchamos lo de la ruptura de la convivencia pero no imaginamos de qué va: un horror, un constante andar de puntillas para no ofender, mirar a ambos los lados antes de verter cualquier opinión. Los catalanes nunca fueron muy de echarse unas risas pero, vaya, lo de ahora es todo muy serio y circunspecto. Como estoy obligado al optimismo, espero que alguno de los partidos proponga cómo enfrentar este asunto en su programa electoral para diciembre: todos hablarán de los culpables, veremos si alguno ataca el problema.

La queja. Lo del alquiler vacacional no es moda pasajera. Así se llama cuando un propietario alquila su piso o su casa por semanas o por días a alguien que quiere hacer turismo, no necesariamente en zona turística. Un fenómeno ligado al uso de internet y sus múltiples ventajas: la búsqueda de opciones disponibles, el contacto directo con el arrendador y la posibilidad de validar la elección mediante las opiniones vertidas por otros usuarios. La demanda de regulación (de restricción) es la defensa del interés de los otros operadores de ese mercado ante esta nueva competencia. Inquieta a los consumidores, que ven cómo sube el precio del alquiler de viviendas, imposible conseguir nada razonable en las mejores zonas. Patalean los vecinos de portal dadas las evidentes dificultades para conciliar la vida cotidiana con los horarios y hábitos (la juerga) de quienes están de vacaciones. Y se quejan los empresarios hoteleros, que pierden clientes a manos de competidores más baratos a los que la Administración no les exige (supuestamente) toda la reglamentación sectorial.

El fraude. Todos los afectados tienen motivos de preocupación y parte de razón. Pero no para solicitar la restricción, sino para evitar el fraude y/o las molestias del alquiler vacacional, actividad que también mueve la economía. Cada novedad trae enseñanzas: al consumidor, que no era tan malo, la vivienda en propiedad, y al hotelero, para que cuestione el valor del servicio que presta. Al vecino, paciencia y llamada a la policía local.

(Publicado en el periódico El Día el 11 de noviembre de 2017)