sábado, 28 de octubre de 2017

El tiro por la culata

Acción. Dos personas mayores, una pareja que pasea cogida del brazo, se acerca a un banco del parque.
-¿Te acuerdas, amor? -pregunta él.
Comienza un "flashback". Son los mismos personajes muchos años antes -los mismos actores con una sutil caracterización y mucho más entusiasmo vital-. Él con una cazadora, sentado en un extremo, y llega ella con un llamativo pañuelo en el pelo y un libro. Comparten banco y empieza una conversación intrascendente.
-¿Qué lees?
-A Pedro García Cabrera.
-A la mar fui a por naranjas... -suena "La vie en rose", cesa el diálogo, bailan, se aman, se casan-.
La escenografía es muy sencilla pero no hace falta más, se entiende a la perfección. Regresamos al presente, ambos sentados en su banco. Ella, absorta, pierde la mirada en el infinito. Él propone volver a casa, les espera su hija para cenar. Ella no reacciona. Él insiste. Ella sigue en su mundo.
-Levántate.
-No puedo -impotente, asustada, y él tira de ella, la pone en pie con dificultad-.
-Vamos que nos esperan, vamos -pero nada, ni un paso-.
La escena se pausa y él -derrotado- se dirige al público.
-No puedo más. Ya no es ella, no sé qué hacer, me dan ganas de mandarlo todo a...
Y en ese momento suena Edith Piaf de nuevo y se reinicia la acción.
-¿Te acuerdas, amor? -dice ella, con una sonrisa.
-Claro que sí -responde él-. Cuánto te quiero.
Mientras se alejan del brazo todos en el público lloramos.

Introducción. Me invitaron al Aula Magna de Guajara a las primeras Jornadas que organizaba Afate de "Sensibilización sobre el alzhéimer y otras demencias" en calidad de familiar. Un "Monólogo en primera persona" mediante el que compartir nuestra experiencia desde la aparición de la enfermedad hasta el momento actual. Fui preparado. Hablé sobre lo difícil de conseguir un diagnóstico cuando la persona afectada niega la enfermedad, sobre la frustración de las primeras etapas y cómo esta remite a medida que avanza el deterioro. Mencioné también los buenos momentos y cómo el entrenamiento cognitivo ralentiza el proceso inexorable. En casa afrontamos el problema con filosofía, como una circunstancia sobrevenida que debemos gestionar; la procesión sigue por dentro.

Emoción. Decía que me salió el tiro por la culata porque pensé que iba preparado, me aislé de las cuestiones emocionales y todo iba bien hasta que la representación -esa que relaté- puso las cosas en su sitio. Terrible. El sentimiento básico es el miedo. Escenificar situaciones reales permitió al equipo técnico de la asociación explicar qué pasa en cada caso desde todos los puntos de vista y dar pautas de conducta a familiares y cuidadores, consejos para tratar de manejarlas. Terriblemente didáctico.

Aprendizaje. Necesario para sobrellevar estas situaciones y también, y sobre todo, para que todos los implicados sigamos con nuestra vida con la mayor normalidad posible. La ayuda es imprescindible. Te lo tienen que contar porque no hay tiempo -ni resistencia- para la experiencia en carne propia. Debemos aprender a separar lo importante de lo trivial. Asumir que la persona afectada por la demencia lo está, que se trata de enfermedades degenerativas que solo evolucionan a peor, que no hay voluntariedad en sus comportamientos erráticos, cuando ocurren, que no importa que no se acuerde de cómo te llamas ni de quién eres, se mantendrá el vínculo afectivo, e incluso después, en las últimas fases, siempre tendrás la satisfacción que produce ayudar a quien uno quiere.

Lucha. No nos dejaremos vencer. La enfermedad todavía no lo ha tumbado, todavía quedan muchos momentos felices.


(Publicado en el periódico El Día el 28 de octubre de 2017)

sábado, 14 de octubre de 2017

No me lo creo

Liderazgo. Josep Borrell esta semana nos dio una lección de patriotismo y altísimo sentido de Estado. Nos hizo recordar cómo nos gustaba su perfil político cuando ganó las primarias del PSOE en el 98. Entonces, ni por esas, los hilos del poder de aquella época impidieron un presidente catalán que hubiera sido la bomba como hemos corroborado estos días. Después de aquello repitió el ínclito "Anzar", el de la foto de las Azores, y acto seguido Rodríguez Zapatero, un señor normal que pasaba por allí. Me fascina el liderazgo natural y los mecanismos del poder. Confieso que me gustaba ZP y su arrojo para plantear en la ONU una alianza de civilizaciones que tanta falta nos hace y con la que nadie se atreve. Por alguna razón indescifrada, el liderazgo no obedece a las sencillas reglas de la lógica. Nunca son los mejores. Requeriría un ensayo en toda regla para descifrar la clave: significarse en el momento justo, osadía, asumir el riesgo al fracaso, capacidad innata de medrar en el grupo o en la sociedad, o el efecto "to be" -ser y/o estar- del apasionante fenómeno Rajoy.

Fracaso. Estoy seguro de que Puigdemont contestará con evasivas el requerimiento del Consejo de Ministros, está en su naturaleza. Toda reacción a su declaración unilateral suspendida le viene al pelo, le permite mantener vivo el procés, que es, en definitiva, su objetivo. Sabe que la independencia en estos términos tan difusos conduce al precipicio. Pero algo falla. No me creo que el guión no incluya un último requiebro en la trama o la aparición de un nuevo personaje que provoque el desenlace. Algo hemos pasado por alto. Imposible semejante cataclismo en la sociedad española solo para esto. No me lo creo, habría que considerar estupidez suprema y menospreciar al adversario -quizás eso es lo que pretenden-. La actualidad demuestra que la independencia real de Cataluña, la organización administrativa que consigue que un estado lo sea, no se había planteado ni sobre el papel ni con las fuerzas del orden ni con las grandes corporaciones ni con la UE. Quizás el proyecto catalán de 2017 consiste en gestionar el fracaso.

Algo hay. Me niego a pensar que no subyace una sutil estrategia de largo plazo. Puede que hayan montado el lío para evitar que los Puyol sean procesados por corrupción y que les dé por tirar de la manta del 3%. Puede que sea una vuelta de tuerca más que los instigadores del nacionalismo excluyente consideran necesaria para ahondar en la fractura, para justificar el adoctrinamiento, esa forma de vida que les da trabajo y una razón de existir. No sé qué, pero algo hay.

Lo mismo. Este inmenso circo consigue empañar el resto de la actualidad, una gigantesca cortina de humo que deja en segundo plano las cuestiones básicas que afectan al bienestar de las personas. Quizás imaginamos ver fantasmas y solo juegan al despiste; enigma resuelto. Pues vaya. Y mientras se debate cómo meterle mano a los golpistas todo sigue igual, exactamente igual. Misma economía sumergida, misma presión fiscal, misma tasa de desempleo y mismos presupuestos generales del Estado para el año próximo; a quién le importa.

Dilema. Qué difícil la política. Y no me refiero a la intriga sino a la de verdad, a la de tomar decisiones e invertir pelas. Sopesar las posibilidades del presente y otear el futuro, qué nuevas ideas triunfan, cuáles fracasan y por qué. En las grandes ciudades se impone el vehículo compartido, los grandes inversores apuestan por el Hyperloop, el transporte en cápsulas en tubos de vacío... ¿Construimos más carreteras?, ¿el tren? Qué dilema.

(Publicado en el periódico El Día el 14 de octubre de 2017)