sábado, 30 de septiembre de 2017

El dilema de Cataluña


Resultado de imagen de dilemaEl delito. Una mujer, cansada y desatendida por la cantidad de horas que trabaja su marido -ausente enviaje de negocios-, se deja seducir en casa de otro hombre, al otro lado del río en el pequeño pueblo en donde reside. Durante la noche, el marido llama para avisar del cambio de planes: está en camino de vuelta. La mujer abandona el regazo de su amante para regresar cuanto antes y evitar que su marido descubra la infidelidad. Sale a toda prisa y al tratar de cruzar el puente tropieza con un loco armado con un cuchillo que amenaza con matarla si intenta pasar. La mujer, asustada, camina por la ribera y, un poco más abajo, encuentra un barquero que acepta llevarla a la otra orilla a cambio de cierta cantidad de dinero. Pero la mujer no lleva dinero encima y el barquero se niega a prestar el servicio sin cobrar. Para conseguir para pagar, la mujer recuerda que cerca de allí vive un amigo al que no ve desde hace años. Su amigo, sorprendido por la petición, le confiesa que siempre estuvo enamorado y que ella nunca le hizo caso; ofendido, se niega a darle el dinero. En ese punto, la mujer retrocede a casa de su amante para buscar para pagar al barquero, pero el amante no le abre la puerta convencido de que es el marido despechado y muy enfadado. Desesperada porque se le acaba el tiempo, la mujer decide cruzar el río por el puente y el loco, fiel a su advertencia, la mata.


El análisis. Si ha conseguido seguir el hilo de esta trágica historia, le invito a discernir quién de los personajes del relato -la mujer, el marido, el amante, el barquero, el amigo y el loco- cree usted que es "más culpable" de la muerte de la mujer y cómo los ordenaría de más a menos responsable del fatal desenlace. Fíjese en la narración, en los detalles. Pruebe a discutirlo con la familia o con un grupo de amigos: cuanta más variedad de edades y caracteres, más animado será el debate.

La controversia. Algunos acusarán a la mujer de provocar su propia muerte, justo castigo por el adulterio. Otros señalarán al marido que no se ocupaba de ella y la arrojó a los brazos de otro hombre. Puede que usted piense que la culpa es del amante, qué cobarde, que pudo comprobar que era ella y haberle dejado la pasta. O el barquero, vaya tío desconfiado que no quiso fiarle el pasaje. O quizás ese amigo resentido que si tanto la quería bien podía haberla ayudado. O que usted concluya, como yo, que fue el jodido loco, el que blandió el cuchillo y cometió el delito.

La analogía. Aburridos de escuchar el relato de lo ocurrido en Cataluña en los últimos cuarenta años: la normalización lingüística, el nacionalismo excluyente, los antisistema, la financiación autonómica, el Estatut, el Procés. Un relato que a nadie importó un carajo mientras Convergència i Unió daba mayorías en Madrid y la independencia era solo la música de fondo. Le invito a discernir quién de los personajes del relato -Rajoy, Puigdemont, Junqueras, Ferrusola, Puyol y quien usted entienda que debe añadir a la lista- cree que es "más culpable" y cómo los ordenaría de más a menos responsable... No lo discuta con la familia ni con los amigos, no sea insensato.

El dilema. Para las situaciones de este tipo no existe solución razonada ni conceso posible: las personas no aplicamos una misma escala de valores, lo que a unas convence a otras perturba. Por eso se inventaron las leyes.

(Publicado en el periódico El Día el 30 de septiembre de 2017)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Dar la vuelta a la tortilla

Psicología inversa. Desactivado el conato por la reacción del poder judicial propongo jugada maestra. Jaque, mate en tres: convocatoria de referéndum alternativo para que todos los españoles podamos decidir prescindir de Cataluña como parte del Estado. Ejercicio democrático en libertad no por impulso emocional, sino como decisión premeditada y alevosa. Pero con los datos sobre la mesa. Se echa mano de la ejecución presupuestaria registrada en la contabilidad pública desde el principio de la democracia, gasto corriente e inversiones, se calcula las consecuencias sobre el crecimiento demográfico y el efecto multiplicador en la economía: con las cifras se totaliza la liquidación, deuda pendiente a devolver en cómodos plazos. Cruda desconexión. Sin improvisar. Se explica qué pasará con las pensiones, la seguridad social y con las nóminas de los funcionarios, que ya alguien se preocupará de financiar el nuevo estado catalán, en su caso, con impuestos extra o peleando su bono basura en los mercados. Empujoncito y a volar. Fuera de la Unión Europea, control de pasaportes y aduana y que el Barça tenga su oportunidad en la Champions si aceptan a la nueva república en la UEFA. Votamos todos menos los catalanes, como en las comunidades de vecinos, en donde el afectado por la decisión colectiva debe mantenerse al margen; grande la ley de la propiedad horizontal, capaz de dirigir los destinos de esa nación libre que es cualquier edificio temeroso de Dios.

Apoquinar. De pedir referéndum a déjalo estar. Que no es lo mismo ir de "indepe" que aceptar la patada en el culo. El proceso de desconexión con el beneplácito democrático de la mayoría, de la mayoría de verdad, esa era la idea desde el principio, ¿no es así? Pues hala. A llorar al río. Y como la pela es la pela, antes de agarrar camino se apoquina, con crowfunding al estilo Artur Mas o con una vaquita de toda la vida. Aplicamos IVA e intereses de demora a partir del primero de octubre.

Tic tac. Nada ocurre tan de sopetón, qué pena. El símil de la "vuelta a la tortilla" no funciona para casi nada fuera de la cocina. En la vida civil y mercantil los cambios ocurren poco a poco, obedecen a una tendencia -como afirmaba mi amigo Magariños-, incluso en el despropósito catalán. La tendencia es un pensamiento de largo plazo que debe eludir la tentación de la violencia y aplicar rosa de mosqueta en las cicatrices. Respecto a todo este asunto, la actualidad nos hará olvidar.

Igualdad. Un espejismo. De los chicos que inician estudios en ciencia y tecnología solo el 12% son mujeres. Datos de este inicio de curso. Qué pasa, que no hay forma de librarnos del estereotipo. La permisividad con las conductas sexistas, la apología discriminatoria que proclaman ciertas religiones -no hace falta señalar, usted ya sabe- y la pasividad de una sociedad que ve normal el retroceso. Intolerable. Estereotipos que creíamos superados, pues no. Vaya fracaso de toda una generación (la mía, qué horror) que pudo elegir el camino de la igualdad, que se liberó del complejo de Bernarda Alba y que tolera de manera incomprensible. Confieso mucha vergüenza y cierto estupor: no sé cómo se arregla esto.

Sigo siendo yo. AFATE, nuestra asociación de familiares de enfermos de alzhéimer, nos propone seleccionar una foto de antes y otra de ahora. Organiza una exposición por el día mundial de la enfermedad con la que pretende dar visibilidad a lo evidente. En esto sí que se puede dar la vuelta a la tortilla, a la consideración y trato que merecen las personas con demencia, algo mucho mejor que dejarlas encerradas en casa.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Magna Constitución

Cataluña. No van en serio. Si existiera la más mínima posibilidad, los promotores hablarían de otras cosas. Esto es un plan, pero no para la independencia. Un plan urdido con inteligencia y extrema paciencia. Marta Ferrusola, la ideóloga, construye una causa que trasciende lo catalán: el nacionalismo y su red clientelar, el hecho diferencial y la presión periférica -dictadura de la minoría- para conseguir más de Madrid, fenómeno dominante en la política española hasta que llegó Podemos. Un plan bien trazado con fans que creen en el más allá, en la independencia, en esa abstracción necesaria durante el "procés" (la meta), pero tan absurda cuando se agotan los hitos o se apuran los plazos. "Cada tela de araña tiene una araña sentada en el centro", sentenciaba el inspector Hackett, personaje del escritor irlandés Benjamín Black. Puede que la araña fuese Puyol, que le sacudieran la tela y que se echara a correr con la pasta. Es una lata, como lo fue el "problema vasco", pero nada que temer; la Constitución española no prevé referéndum ni desconexión ni nada. Resta desactivar a los creyentes y que no haya bajas.

Islam. El Estado laico sitúa las creencias religiosas en el ámbito privado, donde nunca estuvieron, ofrece mayores posibilidades de convivencia pacífica e igualdad de oportunidades, incluso para tratar de ser feliz. La Constitución española define un marco suficientemente laico para defendernos de la discriminación a las mujeres ante la ley y en el ámbito laboral, que no son cuestiones menores. La Declaración Universal de Derechos Humanos, suscrita por España, va más allá: "Nadie estará sometido a la servidumbre", "solo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse matrimonio". No hay que profundizar en nuestro ordenamiento jurídico (ni mencionar la yihad) para concluir que las consecuencias de la interpretación actual del islam contravienen las reglas del juego. Practicar el islam es legal en España. Obligar a tu pareja a que no salga de casa y que ella lo acepte por tradición, miedo o ambas razones, no lo es. Difundir esa cultura de desprecio a la igualdad de las mujeres es apología de una ilegalidad. Como en tantas otras cosas, qué difícil hacer cumplir la Ley sin provocar un estropicio. Qué difícil mantener la coherencia: pregúntese por qué nos importa tan poco que los derechos fundamentales no se respeten en países vecinos y/o socios comerciales. Pregúntese también por qué nos asustan más las víctimas del yihadismo que los millones de mujeres sometidas por sus maridos.

Paga. Me fascina el artículo 35: "El deber de trabajar y derecho al trabajo", la referencia al deber, magnífica, formulada en la época de las amas de casa, a las que nadie nunca reconoció su labor. Entiendo, aunque no comparto, la lógica económica que justifica la renta básica universal, inaceptable, sin embargo, al incentivar el incumplimiento del 35, con alevosía y nocturnidad al pretender que se sufrague con dinero de los impuestos. Los economistas subestiman la capacidad de los españoles para retorcer cualquier iniciativa pública: fraude, economía sumergida o picaresca, llámela cómo quiera... Asignatura pendiente de nuestro sistema educativo (y de nuestra moral pública).

Boda de Garzón. No sería justo calificar al líder de Izquierda Unida como pequeño burgués. Lo pusieron a caer de un burro porque se casó de chaqué y su novia de blanco. Críticas infundadas: la gente normal -el pueblo llano, para entendernos- respeta, se viste y se comporta de forma adecuada en bodas y funerales. Delata la pose de sus nuevos amigos y compañeros de bancada en el Congreso, en tenis y camiseta.

CD Tenerife. Esta temporada al ataque. Menos mal.