sábado, 1 de abril de 2017

20 años

No son nada. Qué atrevido Fernando Clavijo y qué bien la política de largo plazo. No solo para la educación -propuso bilingüismo generalizado-, sino también respecto al resto de cuestiones que procuran bienestar a las personas. Envejecemos, la tecnología avanza, la demografía es una ciencia exacta, hay que sembrar para luego recoger y tantas obviedades que se pasan por alto en la gestión de lo público. Llega tarde; sin embargo, en 20 años los dispositivos de traducción simultánea los tendremos implantados en la cabeza. Ya son una realidad, un pequeño audífono en el oído, un invento que ya existe y que puede usted comprar. Por tanto, podemos concluir sin riesgo a equivocarnos que la necesidad generalizada de estudiar idiomas acabará en un suspiro, igual que se dejó de enviar telegramas o de usar película fotográfica y revelado químico. Ay, el progreso.

Pasarán. Y otros 20 más para abandonar el amor ciego por la patria chica. Comprender que la isla, como porción de territorio rodeada de agua, es un mero constructo, simple e interesado, pero muy poco eficaz para procurar igualdad y prosperidad colectivas. Hasta Coalición Canaria en su reciente congreso planteó el equilibrio entre nacionalismo y globalización, dos realidades, una dicotomía, también como entelequia ideológica. No queda otra para seguir adelante. Falta humanismo y sobra terruño.

De penitencia. Antonio Morales, presidente del Cabildo de la Gran Canaria, aviva el insularismo con vigor; un discurso (¿legítimo mensaje electoral?) bien hilado en defensa de "lo suyo" de allí. Si pasara unos días en Tenerife y en las otras islas, quizás consigamos que reivindique también "lo nuestro" de todos, lo de Canarias, soluciones para los problemas de la gente; que una isla, en sí misma, no sufre ni padece, solo nos soporta. Se cuestiona la triple paridad, que ya va bien mientras penamos tinerfeños y canariones con dolor de corazón y propósito de enmienda. A 20 años, para corregir el sistema electoral canario, más proporcionalidad parlamentaria respecto a la población; de acuerdo, pero propongo una salvedad: en las decisiones que afecten a una isla, que sus representantes se inhiban. Nos interesa cómo arreglaría el señor Morales las colas de la TF-5 o el colapso en Las Chafiras, dicho sin sarcasmo ni reproche alguno, con ánimo constructivo.

De lucha. Con escaso resultado. Ni en 20 ni en 30 años los Presupuestos Generales del Estado han incluido las obligaciones del REF. Lo de igualar la inversión media por habitante era muy fácil de calcular, pero no hay voluntad. Erramos la estrategia; ni compensa cumplir con los criterios de déficit ni funciona el pedigüeñismo lastimero. Una contundente declaración de independencia con integración de Canarias en la Unión de Estados Africanos y empezará a llegar financiación para el gasto corriente y unos miles de millones para inversiones. Artur Mas, inhabilitado, golea desde la grada.

De espera. El acceso a la función pública está tasado, sin entrar a valorar su eficacia o la conveniencia de revisarlo; en su caso: se describe el puesto a cubrir, se establece el procedimiento, se convoca y los aspirantes demuestran méritos y conocimientos. Como las necesidades van más rápido que los expedientes administrativos, durante años muchos trabajadores se incorporan al sector público por la vía rápida, en situación de interinidad. Ahora, la regularización que plantea el Gobierno tranquiliza el futuro laboral de cientos de miles de personas, convertidos en víctimas, pero desvirtúa el proceso y elimina garantías, sin depurar responsabilidades, es raro. En un ecosistema político dominado por empleados públicos -faltan empresarios y profesionales- este gesto de generosidad, no sé... Deconstruimos el Estado de Derecho a conveniencia por intereses inconfesables, a cambio de.

(Publicado en el periódico El Día el 1 de abril de 2017)


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