sábado, 18 de febrero de 2017

Cisma generacional

Pensiones. Propongo revisar las retribuciones actuales de los pensionistas, las prejubilaciones con cargo a la Seguridad Social, el sistema de cotizaciones (que es de facto un impuesto al trabajo), la fórmula de cálculo de la futura pensión y el régimen para acceder a las prestaciones no contributivas. Si las pensiones no son una estafa piramidal, que no lo son, sino un mero reparto de impuestos, urge simplificar el acceso y recaudar de otra manera; apostemos por una pensión básica universal y que cada uno la complemente como le dé la gana.

Ahorrar. Hemos olvidado para qué nos hipotecamos al comprar una casa. "Para vivir dentro", responderá Perogrullo, pues sí, claro, pero también para ahorrar, porque la adquisición de un activo que nunca se depreciaba fue siempre un buen negocio. Ahorrar primero para gastar el dinero en vivir mejor cuando seas viejito. Para vivir mejor o para dejar una herencia, en su caso, que estamos en un país libre. Ocurrió que el activo, pagado o no, no tiene comprador (efecto de la burbuja inmobiliaria), se volvió ilíquido, es decir, no se puede transformar en dinero y pierde toda su eficacia como vehículo de ahorro. Pero mira por dónde, ahora llega una financiera que te dice que si le vendes tu casa te paga una renta mensual mientras sigas vivo, que ellos asumen el riesgo de que no te mueras ni a palos, y de repente tu patrimonio vuelve a ser dinero, estupendo. No entiendo las críticas, sin esta posibilidad de disfrutar en vida, esfuerzo ahorrador en balde y a esperar que las pensiones del sistema público cundan lo suficiente, que no sé yo.

Ciudadanos. Tampoco sé de dónde sacan que un partido liberal representa el centro del espectro político. Liberal en lo económico, se entiende, una filosofía proscrita de la política española tan tendente a darle peso al Estado frente al mercado o las decisiones individuales. No creo que los reclutados en el casting comprendan las tesis de Garicano tan necesarias -dicho sea de paso- para mejorar nuestra convivencia de forma pacífica, a medio plazo un sistema más liberal mejora la calidad de vida del conjunto de la sociedad y permite un reparto más eficaz de la riqueza. Menos impuestos, más mecanismo de oferta y demanda, más iniciativa privada, en definitiva, política de derechas, les guste o no.

Podemos. Cómo somos: nos hablan de lucha de poder, envidias y recelos, y nos lo tragamos todo. Yo no me creo que el enfrentamiento entre Íñigo Errejón y Pablo Iglesias fuera real. No me lo creo. Imposible que esos tipos de cabeza privilegiada se peleen por el poder interno. Ese no es su objetivo, el poder en el partido ya lo tienen, ellos aspiran a gobernar España y han trazado un plan. Presentaron con timidez dos modelos que son la misma cosa, la esencia de ese proyecto político, aglutinador "per se" de un amplio espectro ideológico. No hay puntada sin hilo, la escenificación del desencuentro les da miles de minutos de televisión, demuestra que Podemos apuesta por la democracia interna (impostada, qué más da) y elimina de raíz cualquier (otro) atisbo de disidencia: el amado líder, más líder, como debe ser entre gente de bien. Iglesias, entendido en ciencia política, sabe que un régimen comunista no funciona y también sabe que proponerlo es la vía más rápida: el día en que sea elegido presidente le confesará a Iñaki Gabilondo que todo fue para ganar una apuesta.

PP. En comparación con el único candidato del PP -aclamado por absolutísima mayoría de acólitos obnubilados-, el show de Podemos fue la leche: triunfo incontestable de la nueva política.

sábado, 4 de febrero de 2017

Cobrar por la cara

(Publicado en el periódico El Día el 4 de febrero de 2017)

A vivir. Proponen los sindicatos en Cortes la aprobación de una prestación no contributiva que recibirían quienes la soliciten mientras carezcan de empleo y de recursos económicos: una paga, para entendernos, la famosa renta mínima universal en lenguaje electoral. Resulta inquietante que la iniciativa legislativa (popular) parta de los sindicatos -que eran organizaciones de trabajadores- dispuestos a cargar sobre sus representados los miles de millones que costará el invento.
-Pero ¿qué dices, Zurita?, que pague el Estado.
-Pues eso, alma de cántaro, a ver quién sostiene al Estado.
Los sindicatos cambian de cliente, prefieren la política. Ser trabajador como condición coyuntural nada atractiva, panolis que curran y pagan impuestos, demolición del "deber de trabajar y el derecho al trabajo" del artículo 35 de la Constitución Española. En este siglo XXI el derecho a la paga, déjame vivir y punto.

Detalles. En este país de tan escasa tradición luterana, reconocer el derecho a percibir esa renta mínima requiere que el legislador afine los requisitos básicos que debe cumplir el desafortunado. Primero concretar su carácter universal: a los españoles entre 18 y 65, dicen, pero falta definir si están obligados a residir en España y qué pasa con los extranjeros residentes, sean de la UE o de fuera de ella. En segundo lugar, qué significa con exactitud carecer de empleo y si la ayuda está o no vinculada a la búsqueda activa, cómo se mide y cómo encajan con la prestación eventuales contratos por unos días o por unos meses. Y, por último, qué significa carecer de recursos económicos, si el preceptor de la renta mínima, en su caso, podría ser propietario de terrenos, de una vivienda, de participaciones societarias o de cualquier otro activo, y qué ocurriría si se descubre alguna manifestación de fraude: trabajar en la economía sumergida u obtener rentas no declaradas. En el reino de la picaresca todos estos detalles son cruciales.

Efectos. Esta iniciativa obedece a la voluntad bienintencionada de solucionar una terrible realidad: las miles de familias sin ingresos y las otras tantas por debajo del umbral de la pobreza admisible. No basta pensar en resolver esa foto fija, porque la implantación de un sistema de este tipo condiciona la toma de decisiones de los ciudadanos y, por tanto, determinar su idoneidad y conveniencia precisa de un análisis de los diferentes escenarios a corto y a largo plazo. Habrá quien renuncie a su puesto de trabajo porque no le compensa la diferencia entre salario y prestación y prefiere cobrar la paga, no madrugar y no desplazarse, vacantes que serán cubiertas por emigrantes que no cumplen (de entrada) los requisitos de la ayuda, hasta que consoliden sus derechos... También habrá quien no trabaje y se conforme con esa renta y renuncie al emprendimiento y a mejorar su empleabilidad. Los efectos no deseados, derivados de las políticas de subsidio directo, han sido estudiados por economistas desde hace años y no se deben obviar. Una sociedad que no lucha no tiene futuro.

Por qué no. En el Monopoly, paradigma del cruel libre mercado, la banca te daba 20.000 pesetas al pasar por la casilla de salida en cada vuelta, una particular renta no contributiva capitalista en un juego de mesa cuya esencia es mantener dinero y jugadores en movimiento, qué cosa, nada sospechoso de populista ni comunista ni socialdemócrata. En nuestra sociedad postindustrial, centrada en el bienestar y no en la producción, no parece descabellado que la economía se mueva con un mecanismo análogo.

Entelequia. La renta universal puede funcionar en un sistema ordenado, con sólidos valores y sin espacio para el fraude. Aquí, pues no sé yo.