domingo, 15 de enero de 2017

El turismo y la elección del modelo económico

Siempre hay un pero. Los resultados de la actividad turística en Canarias del pasado año son
impresionantes en número de visitantes (clientes) y volumen de dinero (facturación)... pero, pero. La bonanza se interpreta con matices: sí, pero, ¡cómo nos gusta buscar pegas y encontrarlas!
El mérito de esta situación favorable no es de los operadores que ofrecen servicios adecuados a precios asequibles en un entorno apetecible, no, sino la consecuencia de conflictos de toda índole en los destinos turísticos competidores, vaya. Además, no es que el turismo genere una importantísima cantidad de dinero, que sí, pero, es que ese dinero no tributa en las Islas lo que debiera y que una parte importante se queda en los países emisores. Por si fuera poco, no es que se hayan incorporado no sé cuántas miles de personas al mercado de trabajo como consecuencia de esa pujanza, sino que los contratos laborales son temporales, que hay precariedad laboral y que se crean puestos de escasa capacitación. Y para rematar, nos han convencido de que no es bueno que vengan tantos turistas, que sería mucho mejor que vinieran menos que pagaran más. Incluso están identificados los culpables: nuestra política local -ayuntamientos, cabildos y gobierno autonómico- que son unos rebenques y han decidido un modelo económico indeseable. Herencia de otros tiempos, será, esta creencia, cuando la vida del pueblo estaba en las manos del cacique.
La política no tiene capacidad para dictar un nuevo modelo económico. Los Estados y sus órganos descentralizados pueden -y así lo hacen- establecer condiciones legales que favorezcan o que impidan determinadas actividades y los impuestos que se aplican a cada una de ellas. No es un efecto directo y a veces decisiones bienintencionadas tiene resultados no deseados. Se quiso mejorar la "calidad" de los turistas y se prohibió por ley construir hoteles que no fueran de cinco estrellas (la famosa moratoria, tumbada por el Constitucional, sea dicho de paso), frenazo a la construcción de nuevas plazas aunque hubiera suelo y clientes disponibles, precio que quisieron pagar, pero supuso un incentivo para no rehabilitar la planta hotelera obsoleta al desaparecer la amenaza de nuevos competidores, consecuencia no pretendida.
Casi todas las propuestas en el ámbito de la política económica ya están probadas, se sabe qué ha pasado y por qué, las que escuchamos desde la izquierda o desde la derecha, por eso es tan importante que quienes gestionen lo público tengan una potente preparación técnica. Se basan en incentivos básicos -invertir, subvencionar, prohibir, regular, gravar- para impedir los abusos inherentes a los mecanismos básicos del mercado: equilibrio entre la oferta y la demanda, libertad del consumidor y libertad de competencia. Totalmente de acuerdo, es prioritario impedir los abusos, pero sin renunciar a esas libertades. Lo del modelo, en fin, siempre acaba por imponerlo el mercado.

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