sábado, 9 de diciembre de 2017

No he hecho nada malo

Inquietante. Eso dijo Rajoy cuando le preguntaron si pensaba repetir como candidato a la presidencia del gobierno. Sus enemigos asintieron: no ha hecho nada malo ni nada bueno. Pero no voy por ahí. Me resulta inquietante la respuesta. Puede que sea suficiente un comportamiento irreprochable. En contraposición, estaremos de acuerdo en que haber hecho algo malo sí que inhabilita para el ejercicio de la política. Aunque cabría cuestionar si hay que ser buenísimo del todo o establecer cuánta maldad sería admisible, en su caso, si la conducta intachable se refiere a la esfera pública o también computa la privada, si el cálculo se ciñe al cumplimiento de los diez mandamientos, del código penal o de ambos. En concreto, dígame si usamos mi escala de valores o la suya.

Indignante. Los partidos de la nueva política -léase con sarcasmo-, que enarbolan todavía la bandera de la pulcritud y la regeneración, ya se olvidaron de defender el acceso a la vida pública de personas sin mácula: manda el "casting" y la fotogenia, ni siquiera la asamblea. Y no solo los nuevos partidos; aquello de alejar de las instituciones a los corruptos, delincuentes condenados, imputados o meros presuntos, ya no interesa, moda efímera. No basta con que el Tribunal Supremo haya citado, interrogado y mantenga entre rejas a los responsables de la farsa del 1 de octubre en Cataluña, para que sean apartados de la carrera electoral, ni por los suyos, que querrán aprovechar el "efecto mártir", ni denunciados por el resto de fuerzas políticas ante la opinión pública; pensarán que no han hecho nada malo aunque el Alto Tribunal sospeche lo contrario. La naturalidad con que los medios de comunicación y la ciudadanía dan por válida la candidatura del prófugo Puigdemont confirma que el "pacto anticorrupción" era otro eslogan.

Impresentable. Ese "No-he-hecho-nada-malo" podría pasar a la Historia como aquel mítico "¿Por qué no te callas?" del Émérito. Chascarrillos con la respuesta espontánea del presidente, cosas de Mariano, pero a mí no me hizo ninguna gracia. Acción y reacción que demuestran la consideración que les merece el ejercicio de la política a unos y a otros: bastaría con portarse bien, simplificando, que es gerundio. Además, que ese sea el argumento del líder del PP, investigado por múltiples corruptelas, es de coña, nos toman por lo que somos. Quizás me falte sentido del humor y asumir que a este país no se lo puede tomar uno en serio.

Inocente. Puede que yo esté equivocado y que esto vaya así, que según mi propia concepción calvinista de la vida le atribuya unas capacidades a la política que en realidad no tiene, que los hilos los mueve esa mano invisible y que, por tanto, qué más da aquello que proponga el candidato, el que sea, si es que finalmente se le ocurre algo. Buena persona, simpático, buen comunicador... Algunos ni eso.

Inaplazable. No querría llevarme la contraria tan de inmediato, disculpe, pero no entiendo la polémica con el concierto vasco y la reducción del cupo. La investidura de Rajoy o, si usted prefiere, haber evitado aquellas terceras elecciones, tenía un precio tasado que se abona ahora en cómodos plazos. Nacionalismos periféricos que son llave en Cortes, vaya, tan efectivo que se usa sin sopesar consecuencias. La democracia española joven y costumbrista, tanto que no sorprende la colaboración necesaria de Albert Rivera, ese que venía a cambiar las cosas para que sigan igual. En Canarias debemos ser más pragmáticos; tener partido local es un chollo pero hay que explicarlo mejor, ni tanto folclore ni tanto gofio ni las siete estrellas verdes: ¡por la pasta!


(Publicado en el periódico El Día el 9 de diciembre de 2017)

sábado, 25 de noviembre de 2017

La tribu

Discutir. No se deje engañar, ningún tiempo pasado fue mejor. Que hay problemas, injusticias y desgracias, de acuerdo, pero menos. Nuestra percepción no es de fiar. Fíjese lo que hemos avanzado en el respeto a las diferentes sensibilidades, en solidaridad o en participación. Que hay pérfidas intenciones de manipular, de adoctrinar e incluso sectarismo, tiene usted razón, el mundo no es bueno del todo, pero es mejor. Se acerca la Navidad y ya no vuelan paletillas de ibérico ni champán del caro ni bombones de licor para compensar no se sabía qué favores o prebendas. Que todavía habrá cierta connivencia, pecados por inacción o desenfoque, pues sí, seguro que algo queda, pero menos. Y como soy medio antiguo, echo de menos más beligerancia y predisposición al debate constructivo por el puro placer de discutir, afición que ha perdido adeptos por políticamente incorrecta; la piel fina, consecuencia de la evolución de la especie. En conjunto, disfrutemos del siglo XXI (espero que no tenga que tragarme mis palabras).

Manías. Don José frecuenta a diario el mismo carrito de la Rambla para el pan y el periódico; breve conversación intrascendente: qué tal, qué frío o qué calor, según el caso. Doña María hace la compra en el súper a diario; total, esa es la vida y cualquier excusa es buena para arreglarse y salir de casa, quizás hoy hay algo rico de oferta. Feliz rutina -esa que le espera a quienes anhelan la jubilación-, rutina urbana o ir a pescar. Hay muchos don Josés y doñas Marías en las Islas y en todos sitios, somos usted y yo en este instante o transcurrido el tiempo suficiente. Llega el día en el que don José se enreda con el cambio y no distingue las monedas de veinte de las de cincuenta céntimos. Y ese otro en el que doña María se lleva a casa dos kilos de col cerrada para el potaje porque está muy bien de precio, imagínese, ella que vive sola. No son manías de viejo, ni cosas de la edad, la verborrea tampoco ni la agresividad ni la desorientación. Que los actores del entorno habitual donde se mueven las personas mayores sean capaces de identificar los síntomas iniciales de algún tipo de demencia es uno de los objetivos del proyecto "barrio solidario" de AFATE.

Auxilio. Buenas ideas y mejores intenciones. Que habrá quien sostenga que dónde está el beneficio, que qué va a hacer el quiosquero que no sea procurar devolver el cambio correcto, pues claro, pero no haga caso, cualquier iniciativa -la que sea- genera siempre disidentes. Esto va de recuperar la conciencia de tribu, como grupo que comparte espacio común, un concepto distinto a la familia, que tantas veces no llega al día a día. Identificar para comprender ciertos comportamientos, recibir formación para facilitar el trato cotidiano y considerar la demencia como una circunstancia sobrevenida que es conveniente lidiar entre todos. "Barrio solidario" también para pedir auxilio, cuando la situación lo requiera. La iniciativa es la leche, altruista y solidaria, pero también egoísta porque ninguno estamos exentos de necesitar ese tipo de comprensión colectiva.

Cohesión. La tribu como resultado de ciertas acciones que mejoran las relaciones, personas alineadas en atender un problema cuya gestión contribuye al bienestar del conjunto, no es más, no mirar para otro lado, en definitiva. Imagine qué se podría conseguir en prevención del consumo de drogas o de la exclusión social. Estas reflexiones dan idea de la catástrofe de lo ocurrido estos años en Cataluña, dividida la sociedad, rota la convivencia: imposible hablar siquiera de nada de esto. Somos afortunados.

Tam-tam. El hechicero invocó la lluvia.

(Publicado en el periódico El Día el 25 de noviembre de 2017)

sábado, 11 de noviembre de 2017

Simbolismo culpable

Matraca. Buscar culpables o solucionar el problema. Ya sabe a qué me refiero. En el ámbito de la empresa, de la familia o de la vida pública siempre hay quienes se empecinan en descubrir, señalar y crucificar a los culpables. Un sistema que no funciona porque no resulta evidente el origen del conflicto cuando solo se analiza sus últimos efectos, consecuencia de decisiones y conductas de tiempo atrás. Con la matraca catalana están todos muy contentos con Junqueras en el talego y Puigdemont en Bruselas, lo que demuestra que no es tan importante la responsabilidad real de los causantes como disponer de chivo expiatorio.

Método. ¿Y el problema? Para el problema usamos el "método Rajoy", mire usted, sin prisas, que a nadie le importa. Ni siquiera tenemos un procedimiento fiable para detectar problemas ni mucho menos para remediarlos. Imposible solucionar algo que no sabemos qué es. Ni las evidencias ni los hechos ofrecen claridad. En este asunto de actualidad, ¿luchamos contra el adoctrinamiento, contra la corrupción (cohecho, clientelismo y condiciones excluyentes de acceso a la función pública) o contra la ingenuidad de millones de personas? Qué dilema. Y si fuéramos capaces de encontrar la madre de todos los males que afectan a esa sociedad, ¿cuál sería el tratamiento? Otra pregunta de difícil respuesta.

Horror. Unos riegan el pueblo de panfletos pro libertad para los presos del Govern y la oposición anónima y silenciosa en un par de horas los quita de circulación sin que se sepa cómo. Porque en la Cataluña de hoy hay conflicto, dos bandos enfrentados, pelea con sordina en una vida cotidiana politizada. En las noticias escuchamos lo de la ruptura de la convivencia pero no imaginamos de qué va: un horror, un constante andar de puntillas para no ofender, mirar a ambos los lados antes de verter cualquier opinión. Los catalanes nunca fueron muy de echarse unas risas pero, vaya, lo de ahora es todo muy serio y circunspecto. Como estoy obligado al optimismo, espero que alguno de los partidos proponga cómo enfrentar este asunto en su programa electoral para diciembre: todos hablarán de los culpables, veremos si alguno ataca el problema.

La queja. Lo del alquiler vacacional no es moda pasajera. Así se llama cuando un propietario alquila su piso o su casa por semanas o por días a alguien que quiere hacer turismo, no necesariamente en zona turística. Un fenómeno ligado al uso de internet y sus múltiples ventajas: la búsqueda de opciones disponibles, el contacto directo con el arrendador y la posibilidad de validar la elección mediante las opiniones vertidas por otros usuarios. La demanda de regulación (de restricción) es la defensa del interés de los otros operadores de ese mercado ante esta nueva competencia. Inquieta a los consumidores, que ven cómo sube el precio del alquiler de viviendas, imposible conseguir nada razonable en las mejores zonas. Patalean los vecinos de portal dadas las evidentes dificultades para conciliar la vida cotidiana con los horarios y hábitos (la juerga) de quienes están de vacaciones. Y se quejan los empresarios hoteleros, que pierden clientes a manos de competidores más baratos a los que la Administración no les exige (supuestamente) toda la reglamentación sectorial.

El fraude. Todos los afectados tienen motivos de preocupación y parte de razón. Pero no para solicitar la restricción, sino para evitar el fraude y/o las molestias del alquiler vacacional, actividad que también mueve la economía. Cada novedad trae enseñanzas: al consumidor, que no era tan malo, la vivienda en propiedad, y al hotelero, para que cuestione el valor del servicio que presta. Al vecino, paciencia y llamada a la policía local.

(Publicado en el periódico El Día el 11 de noviembre de 2017)

sábado, 28 de octubre de 2017

El tiro por la culata

Acción. Dos personas mayores, una pareja que pasea cogida del brazo, se acerca a un banco del parque.
-¿Te acuerdas, amor? -pregunta él.
Comienza un "flashback". Son los mismos personajes muchos años antes -los mismos actores con una sutil caracterización y mucho más entusiasmo vital-. Él con una cazadora, sentado en un extremo, y llega ella con un llamativo pañuelo en el pelo y un libro. Comparten banco y empieza una conversación intrascendente.
-¿Qué lees?
-A Pedro García Cabrera.
-A la mar fui a por naranjas... -suena "La vie en rose", cesa el diálogo, bailan, se aman, se casan-.
La escenografía es muy sencilla pero no hace falta más, se entiende a la perfección. Regresamos al presente, ambos sentados en su banco. Ella, absorta, pierde la mirada en el infinito. Él propone volver a casa, les espera su hija para cenar. Ella no reacciona. Él insiste. Ella sigue en su mundo.
-Levántate.
-No puedo -impotente, asustada, y él tira de ella, la pone en pie con dificultad-.
-Vamos que nos esperan, vamos -pero nada, ni un paso-.
La escena se pausa y él -derrotado- se dirige al público.
-No puedo más. Ya no es ella, no sé qué hacer, me dan ganas de mandarlo todo a...
Y en ese momento suena Edith Piaf de nuevo y se reinicia la acción.
-¿Te acuerdas, amor? -dice ella, con una sonrisa.
-Claro que sí -responde él-. Cuánto te quiero.
Mientras se alejan del brazo todos en el público lloramos.

Introducción. Me invitaron al Aula Magna de Guajara a las primeras Jornadas que organizaba Afate de "Sensibilización sobre el alzhéimer y otras demencias" en calidad de familiar. Un "Monólogo en primera persona" mediante el que compartir nuestra experiencia desde la aparición de la enfermedad hasta el momento actual. Fui preparado. Hablé sobre lo difícil de conseguir un diagnóstico cuando la persona afectada niega la enfermedad, sobre la frustración de las primeras etapas y cómo esta remite a medida que avanza el deterioro. Mencioné también los buenos momentos y cómo el entrenamiento cognitivo ralentiza el proceso inexorable. En casa afrontamos el problema con filosofía, como una circunstancia sobrevenida que debemos gestionar; la procesión sigue por dentro.

Emoción. Decía que me salió el tiro por la culata porque pensé que iba preparado, me aislé de las cuestiones emocionales y todo iba bien hasta que la representación -esa que relaté- puso las cosas en su sitio. Terrible. El sentimiento básico es el miedo. Escenificar situaciones reales permitió al equipo técnico de la asociación explicar qué pasa en cada caso desde todos los puntos de vista y dar pautas de conducta a familiares y cuidadores, consejos para tratar de manejarlas. Terriblemente didáctico.

Aprendizaje. Necesario para sobrellevar estas situaciones y también, y sobre todo, para que todos los implicados sigamos con nuestra vida con la mayor normalidad posible. La ayuda es imprescindible. Te lo tienen que contar porque no hay tiempo -ni resistencia- para la experiencia en carne propia. Debemos aprender a separar lo importante de lo trivial. Asumir que la persona afectada por la demencia lo está, que se trata de enfermedades degenerativas que solo evolucionan a peor, que no hay voluntariedad en sus comportamientos erráticos, cuando ocurren, que no importa que no se acuerde de cómo te llamas ni de quién eres, se mantendrá el vínculo afectivo, e incluso después, en las últimas fases, siempre tendrás la satisfacción que produce ayudar a quien uno quiere.

Lucha. No nos dejaremos vencer. La enfermedad todavía no lo ha tumbado, todavía quedan muchos momentos felices.


(Publicado en el periódico El Día el 28 de octubre de 2017)

sábado, 14 de octubre de 2017

No me lo creo

Liderazgo. Josep Borrell esta semana nos dio una lección de patriotismo y altísimo sentido de Estado. Nos hizo recordar cómo nos gustaba su perfil político cuando ganó las primarias del PSOE en el 98. Entonces, ni por esas, los hilos del poder de aquella época impidieron un presidente catalán que hubiera sido la bomba como hemos corroborado estos días. Después de aquello repitió el ínclito "Anzar", el de la foto de las Azores, y acto seguido Rodríguez Zapatero, un señor normal que pasaba por allí. Me fascina el liderazgo natural y los mecanismos del poder. Confieso que me gustaba ZP y su arrojo para plantear en la ONU una alianza de civilizaciones que tanta falta nos hace y con la que nadie se atreve. Por alguna razón indescifrada, el liderazgo no obedece a las sencillas reglas de la lógica. Nunca son los mejores. Requeriría un ensayo en toda regla para descifrar la clave: significarse en el momento justo, osadía, asumir el riesgo al fracaso, capacidad innata de medrar en el grupo o en la sociedad, o el efecto "to be" -ser y/o estar- del apasionante fenómeno Rajoy.

Fracaso. Estoy seguro de que Puigdemont contestará con evasivas el requerimiento del Consejo de Ministros, está en su naturaleza. Toda reacción a su declaración unilateral suspendida le viene al pelo, le permite mantener vivo el procés, que es, en definitiva, su objetivo. Sabe que la independencia en estos términos tan difusos conduce al precipicio. Pero algo falla. No me creo que el guión no incluya un último requiebro en la trama o la aparición de un nuevo personaje que provoque el desenlace. Algo hemos pasado por alto. Imposible semejante cataclismo en la sociedad española solo para esto. No me lo creo, habría que considerar estupidez suprema y menospreciar al adversario -quizás eso es lo que pretenden-. La actualidad demuestra que la independencia real de Cataluña, la organización administrativa que consigue que un estado lo sea, no se había planteado ni sobre el papel ni con las fuerzas del orden ni con las grandes corporaciones ni con la UE. Quizás el proyecto catalán de 2017 consiste en gestionar el fracaso.

Algo hay. Me niego a pensar que no subyace una sutil estrategia de largo plazo. Puede que hayan montado el lío para evitar que los Puyol sean procesados por corrupción y que les dé por tirar de la manta del 3%. Puede que sea una vuelta de tuerca más que los instigadores del nacionalismo excluyente consideran necesaria para ahondar en la fractura, para justificar el adoctrinamiento, esa forma de vida que les da trabajo y una razón de existir. No sé qué, pero algo hay.

Lo mismo. Este inmenso circo consigue empañar el resto de la actualidad, una gigantesca cortina de humo que deja en segundo plano las cuestiones básicas que afectan al bienestar de las personas. Quizás imaginamos ver fantasmas y solo juegan al despiste; enigma resuelto. Pues vaya. Y mientras se debate cómo meterle mano a los golpistas todo sigue igual, exactamente igual. Misma economía sumergida, misma presión fiscal, misma tasa de desempleo y mismos presupuestos generales del Estado para el año próximo; a quién le importa.

Dilema. Qué difícil la política. Y no me refiero a la intriga sino a la de verdad, a la de tomar decisiones e invertir pelas. Sopesar las posibilidades del presente y otear el futuro, qué nuevas ideas triunfan, cuáles fracasan y por qué. En las grandes ciudades se impone el vehículo compartido, los grandes inversores apuestan por el Hyperloop, el transporte en cápsulas en tubos de vacío... ¿Construimos más carreteras?, ¿el tren? Qué dilema.

(Publicado en el periódico El Día el 14 de octubre de 2017)

sábado, 30 de septiembre de 2017

El dilema de Cataluña


Resultado de imagen de dilemaEl delito. Una mujer, cansada y desatendida por la cantidad de horas que trabaja su marido -ausente enviaje de negocios-, se deja seducir en casa de otro hombre, al otro lado del río en el pequeño pueblo en donde reside. Durante la noche, el marido llama para avisar del cambio de planes: está en camino de vuelta. La mujer abandona el regazo de su amante para regresar cuanto antes y evitar que su marido descubra la infidelidad. Sale a toda prisa y al tratar de cruzar el puente tropieza con un loco armado con un cuchillo que amenaza con matarla si intenta pasar. La mujer, asustada, camina por la ribera y, un poco más abajo, encuentra un barquero que acepta llevarla a la otra orilla a cambio de cierta cantidad de dinero. Pero la mujer no lleva dinero encima y el barquero se niega a prestar el servicio sin cobrar. Para conseguir para pagar, la mujer recuerda que cerca de allí vive un amigo al que no ve desde hace años. Su amigo, sorprendido por la petición, le confiesa que siempre estuvo enamorado y que ella nunca le hizo caso; ofendido, se niega a darle el dinero. En ese punto, la mujer retrocede a casa de su amante para buscar para pagar al barquero, pero el amante no le abre la puerta convencido de que es el marido despechado y muy enfadado. Desesperada porque se le acaba el tiempo, la mujer decide cruzar el río por el puente y el loco, fiel a su advertencia, la mata.


El análisis. Si ha conseguido seguir el hilo de esta trágica historia, le invito a discernir quién de los personajes del relato -la mujer, el marido, el amante, el barquero, el amigo y el loco- cree usted que es "más culpable" de la muerte de la mujer y cómo los ordenaría de más a menos responsable del fatal desenlace. Fíjese en la narración, en los detalles. Pruebe a discutirlo con la familia o con un grupo de amigos: cuanta más variedad de edades y caracteres, más animado será el debate.

La controversia. Algunos acusarán a la mujer de provocar su propia muerte, justo castigo por el adulterio. Otros señalarán al marido que no se ocupaba de ella y la arrojó a los brazos de otro hombre. Puede que usted piense que la culpa es del amante, qué cobarde, que pudo comprobar que era ella y haberle dejado la pasta. O el barquero, vaya tío desconfiado que no quiso fiarle el pasaje. O quizás ese amigo resentido que si tanto la quería bien podía haberla ayudado. O que usted concluya, como yo, que fue el jodido loco, el que blandió el cuchillo y cometió el delito.

La analogía. Aburridos de escuchar el relato de lo ocurrido en Cataluña en los últimos cuarenta años: la normalización lingüística, el nacionalismo excluyente, los antisistema, la financiación autonómica, el Estatut, el Procés. Un relato que a nadie importó un carajo mientras Convergència i Unió daba mayorías en Madrid y la independencia era solo la música de fondo. Le invito a discernir quién de los personajes del relato -Rajoy, Puigdemont, Junqueras, Ferrusola, Puyol y quien usted entienda que debe añadir a la lista- cree que es "más culpable" y cómo los ordenaría de más a menos responsable... No lo discuta con la familia ni con los amigos, no sea insensato.

El dilema. Para las situaciones de este tipo no existe solución razonada ni conceso posible: las personas no aplicamos una misma escala de valores, lo que a unas convence a otras perturba. Por eso se inventaron las leyes.

(Publicado en el periódico El Día el 30 de septiembre de 2017)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Dar la vuelta a la tortilla

Psicología inversa. Desactivado el conato por la reacción del poder judicial propongo jugada maestra. Jaque, mate en tres: convocatoria de referéndum alternativo para que todos los españoles podamos decidir prescindir de Cataluña como parte del Estado. Ejercicio democrático en libertad no por impulso emocional, sino como decisión premeditada y alevosa. Pero con los datos sobre la mesa. Se echa mano de la ejecución presupuestaria registrada en la contabilidad pública desde el principio de la democracia, gasto corriente e inversiones, se calcula las consecuencias sobre el crecimiento demográfico y el efecto multiplicador en la economía: con las cifras se totaliza la liquidación, deuda pendiente a devolver en cómodos plazos. Cruda desconexión. Sin improvisar. Se explica qué pasará con las pensiones, la seguridad social y con las nóminas de los funcionarios, que ya alguien se preocupará de financiar el nuevo estado catalán, en su caso, con impuestos extra o peleando su bono basura en los mercados. Empujoncito y a volar. Fuera de la Unión Europea, control de pasaportes y aduana y que el Barça tenga su oportunidad en la Champions si aceptan a la nueva república en la UEFA. Votamos todos menos los catalanes, como en las comunidades de vecinos, en donde el afectado por la decisión colectiva debe mantenerse al margen; grande la ley de la propiedad horizontal, capaz de dirigir los destinos de esa nación libre que es cualquier edificio temeroso de Dios.

Apoquinar. De pedir referéndum a déjalo estar. Que no es lo mismo ir de "indepe" que aceptar la patada en el culo. El proceso de desconexión con el beneplácito democrático de la mayoría, de la mayoría de verdad, esa era la idea desde el principio, ¿no es así? Pues hala. A llorar al río. Y como la pela es la pela, antes de agarrar camino se apoquina, con crowfunding al estilo Artur Mas o con una vaquita de toda la vida. Aplicamos IVA e intereses de demora a partir del primero de octubre.

Tic tac. Nada ocurre tan de sopetón, qué pena. El símil de la "vuelta a la tortilla" no funciona para casi nada fuera de la cocina. En la vida civil y mercantil los cambios ocurren poco a poco, obedecen a una tendencia -como afirmaba mi amigo Magariños-, incluso en el despropósito catalán. La tendencia es un pensamiento de largo plazo que debe eludir la tentación de la violencia y aplicar rosa de mosqueta en las cicatrices. Respecto a todo este asunto, la actualidad nos hará olvidar.

Igualdad. Un espejismo. De los chicos que inician estudios en ciencia y tecnología solo el 12% son mujeres. Datos de este inicio de curso. Qué pasa, que no hay forma de librarnos del estereotipo. La permisividad con las conductas sexistas, la apología discriminatoria que proclaman ciertas religiones -no hace falta señalar, usted ya sabe- y la pasividad de una sociedad que ve normal el retroceso. Intolerable. Estereotipos que creíamos superados, pues no. Vaya fracaso de toda una generación (la mía, qué horror) que pudo elegir el camino de la igualdad, que se liberó del complejo de Bernarda Alba y que tolera de manera incomprensible. Confieso mucha vergüenza y cierto estupor: no sé cómo se arregla esto.

Sigo siendo yo. AFATE, nuestra asociación de familiares de enfermos de alzhéimer, nos propone seleccionar una foto de antes y otra de ahora. Organiza una exposición por el día mundial de la enfermedad con la que pretende dar visibilidad a lo evidente. En esto sí que se puede dar la vuelta a la tortilla, a la consideración y trato que merecen las personas con demencia, algo mucho mejor que dejarlas encerradas en casa.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Magna Constitución

Cataluña. No van en serio. Si existiera la más mínima posibilidad, los promotores hablarían de otras cosas. Esto es un plan, pero no para la independencia. Un plan urdido con inteligencia y extrema paciencia. Marta Ferrusola, la ideóloga, construye una causa que trasciende lo catalán: el nacionalismo y su red clientelar, el hecho diferencial y la presión periférica -dictadura de la minoría- para conseguir más de Madrid, fenómeno dominante en la política española hasta que llegó Podemos. Un plan bien trazado con fans que creen en el más allá, en la independencia, en esa abstracción necesaria durante el "procés" (la meta), pero tan absurda cuando se agotan los hitos o se apuran los plazos. "Cada tela de araña tiene una araña sentada en el centro", sentenciaba el inspector Hackett, personaje del escritor irlandés Benjamín Black. Puede que la araña fuese Puyol, que le sacudieran la tela y que se echara a correr con la pasta. Es una lata, como lo fue el "problema vasco", pero nada que temer; la Constitución española no prevé referéndum ni desconexión ni nada. Resta desactivar a los creyentes y que no haya bajas.

Islam. El Estado laico sitúa las creencias religiosas en el ámbito privado, donde nunca estuvieron, ofrece mayores posibilidades de convivencia pacífica e igualdad de oportunidades, incluso para tratar de ser feliz. La Constitución española define un marco suficientemente laico para defendernos de la discriminación a las mujeres ante la ley y en el ámbito laboral, que no son cuestiones menores. La Declaración Universal de Derechos Humanos, suscrita por España, va más allá: "Nadie estará sometido a la servidumbre", "solo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse matrimonio". No hay que profundizar en nuestro ordenamiento jurídico (ni mencionar la yihad) para concluir que las consecuencias de la interpretación actual del islam contravienen las reglas del juego. Practicar el islam es legal en España. Obligar a tu pareja a que no salga de casa y que ella lo acepte por tradición, miedo o ambas razones, no lo es. Difundir esa cultura de desprecio a la igualdad de las mujeres es apología de una ilegalidad. Como en tantas otras cosas, qué difícil hacer cumplir la Ley sin provocar un estropicio. Qué difícil mantener la coherencia: pregúntese por qué nos importa tan poco que los derechos fundamentales no se respeten en países vecinos y/o socios comerciales. Pregúntese también por qué nos asustan más las víctimas del yihadismo que los millones de mujeres sometidas por sus maridos.

Paga. Me fascina el artículo 35: "El deber de trabajar y derecho al trabajo", la referencia al deber, magnífica, formulada en la época de las amas de casa, a las que nadie nunca reconoció su labor. Entiendo, aunque no comparto, la lógica económica que justifica la renta básica universal, inaceptable, sin embargo, al incentivar el incumplimiento del 35, con alevosía y nocturnidad al pretender que se sufrague con dinero de los impuestos. Los economistas subestiman la capacidad de los españoles para retorcer cualquier iniciativa pública: fraude, economía sumergida o picaresca, llámela cómo quiera... Asignatura pendiente de nuestro sistema educativo (y de nuestra moral pública).

Boda de Garzón. No sería justo calificar al líder de Izquierda Unida como pequeño burgués. Lo pusieron a caer de un burro porque se casó de chaqué y su novia de blanco. Críticas infundadas: la gente normal -el pueblo llano, para entendernos- respeta, se viste y se comporta de forma adecuada en bodas y funerales. Delata la pose de sus nuevos amigos y compañeros de bancada en el Congreso, en tenis y camiseta.

CD Tenerife. Esta temporada al ataque. Menos mal.

sábado, 19 de agosto de 2017

Cuánto loco suelto

Terrible. No entiendo cuál es el triunfo que consigue la causa yihadista con la muerte de paseantes anónimos ni quién se alegra ni dónde ni por qué. Quiero pensar que son cuatro desalmados que se han creado un modo de vida a base de comerle el coco a gente sin corazón capaz de seguir tan macabras instrucciones en Niza, Londres o Barcelona. Una mafia que, como todas, fundamenta su negocio en el terror. Además de la contundencia policial debería trascender cuál es el negocio de esos cuatro que manejan los hilos, si se trata de venta de armas, tráfico de drogas o pura extorsión. Sin halo espiritual ni fin trascendente habría menos voluntarios dispuestos al sacrificio para cometer la tropelía.

Fobia. Entiendo la animadversión de los vecinos en ciertas ciudades tomadas por los turistas. La entiendo cuando el piso de enfrente, en tu rellano, lo dedican al alquiler vacacional y es ocupado habitual y reiteradamente por bien nutridos anglosajones, aficionados a beber y a la música electrónica. También la entiendo cuando la subida de precios desplaza a los residentes en el clímax del mercado inmobiliario, tan ávido de beneficios y siempre dispuesto a escuchar al mejor postor. Mas tiene solución: para luchar contra el desorden en la convivencia hay ordenanzas y para evitar que te echen del barrio de tus amores la vivienda en propiedad nunca fue mala idea.

Qué derecho. No entiendo, sin embargo, que la fobia desemboque en vandalismo o en molestar a los viandantes, sean turistas o no. Impresionado, confieso, con los mal encarados que hicieron una sólida cadena humana en una concurridísima playa de Cataluña que impedía a los veraneantes introducir sus tostados cuerpos en las aguas del Mediterráneo. Imagine a la guardia civil en la obligación de desalojar a los manifestantes (no les pagan lo suficiente) y a estos, en defensa de su reivindicación, invocando la transgresión de no sabemos qué derecho fundamental.

Aprovechar. Con esto de las microalgas me acordé de Rajoy en el Mundial de Sudáfrica en 2010*: la recién proclamada campeona felicitada por un presidente aturdido, "qué majos sois", vino a declarar ante las cámaras a una nación en crisis profunda, acostumbrada a perder en todo desde la batalla de Trafalgar. Me lamentaba entonces de la oportunidad desaprovechada por nuestro inane primer ministro de apelar a la humildad, el trabajo en equipo, la perseverancia y todas esas cualidades de la Roja cruciales para haber llegado a lo más alto, oportunidad para arengar al ciudadano a intentar lo propio para levantar un país deprimido en lo económico y en lo moral.

Microesas. Sean fenómeno natural o artificial, las colonias de cianobacterias han puesto de actualidad los vertidos de aguas residuales al mar. Un problema postergado por la opinión pública y por las autoridades competentes en favor de otros asuntos vaya usted a saber por qué. Eso tiene el sano ejercicio de la política que, al establecer prioridades por la limitación de recursos, deja pendientes cuestiones importantes. Regenerar el agua es una obligación legal, un compromiso medioambiental inexcusable y ahora, además, urgente. Porque lanzar al mar agua cargada de materia orgánica tiene efectos negativos, claro, y contraviene la teoría de la dilución infinita, felizmente superada. Decía que me acordé de Rajoy porque la versión oficial podría haber sostenido que las microalgas prosperan cuando la gente orina en el agua, como el reactivo aquel que teñía de rojo la piscina, ¿se acuerda? Imagine las consecuencias en cadena: todo el mundo aguantando las ganas y los de Costas desconcertados, obligados por la presión a permitir la instalación de baños que den servicio a nuestras playas; falta picardía.


[* esa anécdota de Rajoy ocurrió después de la final de la Eurocopa de 2012 en Kiev]

sábado, 5 de agosto de 2017

La ficción aumentada

Descubrir. Acostumbro a comentar con usted esas cosas que ocurren a nuestro alrededor que carecen del mínimo sentido común. Me encanta revelar "puntos ciegos" tal y como los describe el escritor libanés Amin Maalouf, esos matices de la realidad que la sociedad no es capaz de ver, injusticias y dogmas de fe que una vez superados nos avergüenzan porque destapan el abuso, la estupidez o ambas conductas tan frecuentes. La desconsideración de las leyes hacia las mujeres, por ejemplo, a las que hace apenas cuarenta años no permitían abrir una simple cuenta bancaria o el empleo masivo de la energía atómica sin sopesar sus riesgos reales, inherentes y persistentes -vaya enseñanza Chernóbil o Fukushima, qué necesidad-. Cuántos otros tan cerca de saltar por los aires como la práctica masiva de la economía sumergida o la insistencia en los nacionalismos con sus predecibles consecuencias de conflicto e insolidaridad.

Distinguir. La revolución de los dispositivos móviles, qué pasada, y sobre todo la capacidad y velocidad de las redes de datos que permiten ver vídeos que se descargan sobre la marcha o participar en complejas partidas multijugador. Fantástico, aunque no confundamos la herramienta. Las cinco pulgadas de nuestro "smartphone" están muy bien para chatear en WhatsApp y para las bobadas del Rubius, pero se quedan cortas para el último estreno de Marvel. Si no existiera el cine veríamos las películas de acción en el telefonillo, de acuerdo, pero no es el caso. Que el cine es caro, dirán en su descargo quienes sacan chepa y entrenan presbicia. Y es verdad, puede que sea caro -las cotufas especialmente-, cuestión de oferta y demanda quiero entender, y es que los cines están vacíos a pesar del espectáculo insuperable, la emoción, la música envolvente y la pantalla gigante que nos sumerge sin escapatoria en la ficción.

Sentir. No hay color, no es lo mismo reproducir la lista de Spotify que ver a U2 en el Olímpico de Barcelona. El rock no solo se oye, empapa.

Liberar. Que en la ciudad de San Francisco se ponga de moda ir al gimnasio a caminar en la cinta con vistas al océano Pacífico está muy bien, permite quemar estrés y contemplar la bruma; invento del hombre blanco al oeste de las Rocosas. Que en Santa Cruz emulemos al gringo tiene otro nombre: no habrá ramblas, avenidas, parques y playa para caminar sobre el terreno a la sombra de los laureles de Indias o bajo el sol primaveral. Que nos tragamos el humo de los coches, dirán en su defensa quienes han hecho la inversión en la maquinita. Y también llevan razón. He ahí otro punto ciego: la ciudad organizada para los coches, para que aparquen y circulen, en vez de considerar a las personas. Un asunto inaplazable para las próximas décadas: más espacio para caminar, menos humo y más vida en la calle. No tengo remedio, me sale el rejo, y eso que me propuse no hablar de política.

Disfrutar. Que en la vieja Italia añoren el Adriático de finales del verano lo podemos entender, qué maravilla. Que nos quieran vender un jacuzzi como experiencia sublime, en fin, habrá gente que no ha experimentado la espuma de nuestro mar en la batiente. La corriente nos arrastra al ámbito privado para contemplar el mundo; reivindico participar en él. Interactuar en las redes sociales es el presente, pero sin olvidar cómo entablar conversación en el bar. Somos seres relacionales que disfrutamos con la interacción en directo. Téngalo presente. En nada la tecnología permitirá producir alimentos para todos y los robots acapararán el trabajo manual: solo nos quedará el ocio. Quién lo diría.

(Publicado en el periódico El Día el 5 de agosto de 2017)

viernes, 4 de agosto de 2017

La cooperativa


Qué pena. Participar en una cooperativa supone un ejercicio de confianza que no siempre todos están dispuestos a realizar. Porque la cooperativa no es un ente abstracto ni una organización anónima de la que nos podemos aprovechar. La cooperativa es la suma de los muchos productores individuales, esa es su fuerza. Una marca potente en sí misma que identifica riesgo y esfuerzo de partes iguales, que se defiende bien en el mercado gracias al aprecio del consumidor que entiende el beneficio colectivo y compartido.
Tampoco es una sociedad recreativa a la que vamos a pasarlo bien. La cooperativa es un instrumento para planificar cultivos, para empaquetar y sobre todo para comercializar. La economía de escala aporta valor y permite conseguir un mejor precio de venta. Porque el fin último es vender y cobrar, claro está, vender mucho, para que el volumen compense los costes fijos. La cooperativa hace de regulador y permite vender producto agrícola de manera continua, tal y como lo demanda el mercado. La única manera de ser proveedores fiables de las grandes superficies y las cadenas de supermercados que les importa poco el origen de la verdura o de la fruta, buscan precio, calidad y continuidad de suministro. Y eso se lo ofrecen los importadores, que ya se ocupan con eficacia de buscar de dónde traer cada cosa. O las cooperativas, si consiguieran organizar a sus agricultores.
La supervivencia de la cooperativa precisa confianza y respeto de los socios a unas normas básicas de funcionamiento. La tentación del dinero es muy grande y acecha en cada esquina: ¿por qué llevar mis tomates a la cooperativa si el gangochero me los paga de contado? Una decisión individual que perjudica a todos, también al pecador, que además de traicionar esa confianza no calcula que lo que saca de más lo acabará pagando por el otro lado. Porque los gangocheros, con menos costes, venden más barato, muchas veces sin declarar, botan el precio, obligan a la cooperativa a colocar incurriendo en pérdidas -tiene una estructura que pagar-, pérdidas que se reparten y se sufragan también a partes iguales. Qué pena: las cooperativas mueren asesinadas por sus socios desleales.
Sin canal para comercializar el agricultor se enfrenta solo al mercado. O atrapado en manos del gangochero -de sus propios intereses y de su manera poco ortodoxa de trabajar-, o bien enredado en atender su cultivo y buscar clientes, lanzar el córner y rematar a gol. El agricultor huérfano: solo para decidir qué plantar y cuándo, para presentar el producto en el embalaje adecuado, para el transporte, para la gestión comercial, para la venta, para facturar, para cobrar, para llevar los libros y liquidar los impuestos. Titánico esfuerzo. El agricultor de forma individual no puede garantizar continuidad de suministro ni variedad ni cantidad. Queda a la merced de la corriente: pequeño pez en un mercado competitivo y oscuro que alberga horrores. Y así, desconsolados, descubrimos que la cooperativa no era tan mala idea.
El presente. No volveremos a ver aquellas cooperativas con enormes almacenes ni tantísimo personal. El desarrollo tecnológico actual permite organizar productores y gestionar la comercialización de otra manera. Producciones ajustadas a la demanda de una agricultura moderna -la que podemos desarrollar en Canarias-, intensiva, de explotaciones de pequeño tamaño, con productos de alta calidad, fuera de temporada, exóticos. No solo vegetales sino también productos ganaderos y elaborados con carácter que incorporen el valor de nuestro acervo. Sistemas inteligentes que interactúan con el cliente final que ya no solo está en las Islas, sino también en Península y en Europa.
Nuevos escaparates on-line que ya funcionan capaces de exponer productos en mercados geográficos antes descartados que pedirán abastecerse en pequeñas partidas, que por fin son visibles y accesibles para un nuevo consumidor exigente. Una nueva oportunidad, distinta, mucho más rentable para agricultores profesionales que tendrán sus cosechas pre-compradas a un precio más atractivo, capaz de dinamizar nuestros campos y de atraer talento, iniciativa e inversión a nuestro agro.
Estos sistemas, este nuevo concepto de plataforma de comercialización, necesita también del compromiso y la confianza del agricultor, como individuo y como colectivo. La experiencia del pasado, ese fracaso del cooperativismo clásico, debe servir de enseñanza. No hablamos solo de innovación, de software y de procedimiento, sino de personas y de sus comportamientos responsables. La innovación nos traslada a un futuro deseable para el sector primario con mayor profesionalización, con protagonistas enfocados al negocio, al que se incorporen los jóvenes, donde la emprendiduría rural cobra especial sentido como nicho de generación de trabajo y de riqueza.

(Colaboración para el libro "Tejina 2017. Fiestas en honor a san Bartolomé", pág. 40)

domingo, 23 de julio de 2017

Nosotros íbamos a Ten-Bel

El club. En Ten-Bel aprendí a nadar, montar en bicicleta y andar en pandilla; esas cosas que no se
olvidan. Un sitio de veraneo de verdad. Repetíamos. Libertad total con una rutina en evolución constate: desde pequeñitos hasta adultos, fueron muchos años, todos los veranos. Éramos tribu. Por la mañana a La Ballena, por la tarde a la piscina a Géminis, a Frontera o a Maravilla. Nos movíamos por todo aquello como peces en el agua. El ping-pong que servía de excusa para romper el hielo. El mar. Madrugar para salir a correr. Mi padre en el muellito con la caña de pescar, su gorra y una mano atrás. Y las olas... Podríamos hacer un club quienes, como a mí, al recordar la felicidad de aquellos momentos, nos embarga cierta nostalgia treinta años después. Me atreví y fuimos con los niños hace doce; estuvo bien, curiosa experiencia, aunque afloraba ya cierta decadencia. Dicen que ahora el abandono es total, qué pena; no he vuelto.

El negocio. De cómo funcionaba el modelo no entendía nada, claro, me contaron después. Ten-Bel nació como una lucrativa operación inmobiliaria bien organizada para un sólido proyecto turístico. Los apartamentos se vendieron desde el principio a inversores particulares, uno a uno, casi todos belgas, por una pequeña fortuna de la época. Los promotores explotaban y con los beneficios se pagaba el mantenimiento de piscinas, jardines y zonas comunes; gran negocio y bien financiado. No sé cómo se retribuía al propietario ni cómo podía disfrutarlo para su uso privado ni si el acuerdo de compra-venta incluía el compromiso de aprovechamiento y sus condiciones; quizás alguien pueda aportar luz en este extremo. Un caso de estudio, sin duda, para una escuela de negocios o para la Cátedra de Turismo, que permitirá esclarecer el origen del problema actual, aprender y evitar que vuelva a ocurrir en cualquier otro sitio.

La solución. Lo que ocurrió se puede intuir: con el paso del tiempo, a medida que los propietarios dedicaron sus apartamentos al uso particular, al alquiler vacacional o al residencial -fenómeno paulatino e imparable-, la actividad turística pierde fuelle hasta que deja de ser rentable y desaparece. Y entonces, sin recursos extra, son los dueños quienes deben hacerse cargo de todo. Y ya se sabe lo complejo de las comunidades de propietarios. Lo difícil que debe ser manejar "esta, nuestra comunidad" en tantos idiomas, con herederos perdidos por Europa, con residentes y turistas, para sufragar unos gastos muy altos tan poco habituales por la propia naturaleza de la urbanización. Ahí está el reto para el futuro, que alguien lidere, ponga orden y haga cumplir la ley de la propiedad horizontal (de la que soy fan, que conste, por bien pensada). Con un poco de arrojo y la ayuda del juzgado, la comunidad se quedaría con los apartamentos de los morosos, apartamentos que podría explotar para generar ingresos, bajar las aportaciones y recuperar esplendor.

La culpa. Dicen también que hubo irregularidades en el cese de la actividad por parte de la empresa explotadora e inacción municipal. Ahora que la justicia española se ha puesto a desmontar chiringuitos que parecían bastiones inexpugnables hay esperanza, que investigue y acote responsabilidades.

La enseñanza. Tengo por costumbre consumir en los sitios que me gustan y cuando no voy los recomiendo. Puro egoísmo porque mientras tengan éxito seguirán abiertos y podré disfrutar de ellos. No quiero descuento, que ganen dinero por idéntico razonamiento, que para llegar a ser adepto acepté sin peros la calidad, el precio y el atendimiento. Acuérdese, que luego nos pasa como con Ten-Bel, que ya no es lo que era y nos entra la llantina.

(Publicado en el periódico El Día el 23 de julio de 2017)

sábado, 8 de julio de 2017

Futuro

Sin destino. Me fascina el futuro. Por incierto. No piense que renuncio a vivir el presente o que reniego del pasado, en absoluto. Como epicúreo practicante disfruto la vida con inmediatez y los recuerdos, ¡ay!, jamás imaginé su importancia hasta que el fantasma del Alzheimer entró en casa. Somos una acumulación de momentos, buenos y malos, felicidad, tristeza y arrepentimiento, todo sirve para ser mejores personas, material de relleno donde cimentar el futuro. Me encanta, decía, me he vuelto no determinista, es decir, que no creo que el destino esté escrito. Haga la prueba, tome una decisión, una cualquiera, una grande -cambie de trabajo- o una pequeña -cruce de acera-, y observe como se desencadena una nueva realidad. El efecto mariposa, ¿se acuerda?: el aleteo de una mariposa en París provoca un ciclón en Tahití.

Voluntad. "Podría escribir el futuro de cada uno de ustedes en un sobre y no me equivocaré", sentenciaba don Cándido Gutiérrez y Gutiérrez en primero de carrera. No lo entendíamos entonces, ahora sí. Nunca supe si lo hizo ni el resultado, en su caso. En realidad tanto da, hablaba de actitud y nos enseñó una lección impagable. Su historia personal es un testimonio al que recurrir cuando no se ve la luz al final del túnel: aprendiz en una mina asturiana se vino a Tenerife a trabajar en la construcción, estudiaba por las noches, sacó su bachillerato, su título universitario y su plaza de profesor titular; uno de los buenos. Perseverancia, esfuerzo y tenacidad: el futuro se modela a voluntad. Claro, hay que tenerla.

El timón. Salvo hecatombe natural o guerra nuclear, que entonces nos importará bien poco, el paso de los años nos ofrece algunas certidumbres que no debemos obviar. Que vamos a morir, por ejemplo, que se verán mermadas nuestras facultades físicas y mentales o que llegará el día en el que no tendremos las ganas ni el cuerpo para ganarnos el sustento. No soy pesimista, ¡eh!, no me lo permito, es la pura realidad. Por tanto, salvo que renunciemos a llevar el timón de nuestra mundana existencia que incluya el traspaso de poderes a un tercero, resulta inteligente tener pensado un plan de contingencia. En lo material: ahorros, una vivienda con ascensor o cambiar la bañera por plato de ducha; en lo espiritual alguien que te quiera y que te cuide. Enfrascados en este debate una amiga me dice que nada de eso, que ella, cuando perciba el deterioro, optará por el suicidio; ilusa, le respondo, no sabrá encontrar el día, querrá disfrutar uno más y después otro, hasta que se olvide de que esa fue su opción. Estamos programados para sobrevivir, a cualquier precio.

Pistas. "No hables de futuro es una ilusión cuando el rock&roll conquistó tu corazón". Loquillo y Trogloditas tocan magistrales la poesía de Sabino. Porque el rock tiene eso, que se mete dentro, -la batería, las guitarras eléctricas y la puesta en escena- atrapados en letras inmortales con la emoción del espectáculo, no hay nada igual. La Internet, con todo el contenido a un click, no puede competir con la adrenalina de la música en vivo: tonifica, rejuvenece y da esplendor. Las experiencias desbancarán a lo material en nuestra escala de valores: la música, el cine, el deporte, el entretenimiento en general.

Aguardo impaciente. No sé si será un robot o una forma nueva de concebir lo cotidiano, no lo sé porque no está inventado, pero estoy seguro de que dejaremos de hacer las labores domésticas, son una lata y alguien habrá que se ponga a ello. La tecnología al servicio de las personas. Mola el futuro.

(Publicado en el periódico El Día el 8 de julio de 2017)

(La entrevista a don Cándido en La Gaceta de Canarias es de 1990, me la envía su nuera María Jesús Díaz González)

sábado, 24 de junio de 2017

De Primera

El Tenerife es un equipo,
con sus cinco delanteros,
tres de media y dos defensas,
y Abelito de portero.

Autoestima. No es solo fútbol. Lo de estar en Primera no es una cuestión estrictamente deportiva ni económica ni atañe solo a los aficionados. El hecho trasciende a lo social, a la apreciación colectiva del estado de ánimo. Ser de Primera, usted me entiende, de primera. Con una alta dosis de autoestima todo funciona mejor. También hay quien sostiene que es justo al revés, que cuando las cosas marchan bien se crea el ambiente y aparecen los recursos para conseguir un ascenso. No sé yo, primero es la gallina o el huevo, vaya dilema, aunque poco importa.

Euforia. En la antigua grada de General, ir al fútbol era otra cosa. Aquel no era un espectáculo deportivo; más bien un evento social, casi una experiencia sensorial. El partido en sí mismo, lo que son los jugadores con el balón, se veía muy mal; solo cabezas y banderas, sin profundidad, imposible distinguir una táctica, un desmarque, una combinación. A falta de perspectiva dominaba la emoción, emoción a flor de piel cuando el Tenerife se acercaba al área contraria, cuando Paco Buyo la dejó muerta en el área para que Pier Luigi Cherubino le arrebatara la Liga a todo un Real Madrid. Euforia con intensidad descontrolada, primitiva, una especie de conexión colectiva más allá de un mero estado de felicidad transitorio; un chute de adrenalina difícil de explicar e imposible de imaginar para quien contempla la misma jugada y aplaude desde Tribuna. No sé si ahora, en el nuevo Heliodoro, en Popular, en el rincón del Frente Blanquiazul, donde siguen de pie, las sensaciones serán las mismas, debería probar, aunque no sé yo... Quizás mejor me quedo con el recuerdo.

Evolución. Desde Herradura aquello era otro deporte y otras sensaciones; más fútbol, claro, con la posibilidad de ver a Chano en la banda para que Pizzi marcara más de treinta goles en una temporada. Desde arriba, el campo enorme para las galopadas de Felipe Miñambres y de Oliver Neuville, antes de que triunfara en la Bundesliga. Y en Tribuna, que es otra cosa, todo muy comedido y formal, con algún exaltado aislado empeñado en insultar al árbitro y otros tan sobrados acostumbrados a Primera: "Fernando Redondo está bien para el fútbol sala", se escuchaba en la grada. Qué tiempos. Como anfitriones, acuérdese de Romário da Souza, quizás el mejor jugador que yo haya visto en vivo, y de tantas otras estrellas mundiales.

Gol. Descubrimos de casualidad que Abel fue portero del CD Tenerife en los años treinta del siglo pasado, y cobró sentido ese estribillo que apareció entre los recuerdos antiguos de mi padre. Él iba al Estadio en aquella época a ver al Marino de Las Palmas con mi abuelo. Entonces el fútbol era mucho más rudimentario, pero tenían claro que el espectáculo requería ir al ataque (cinco delanteros, ¡ay, Martí!). Ahora viene conmigo. Le encanta, y eso que le cuesta seguir el partido; "¿cuál es el Tenerife?", me pregunta a cada poco, y yo le voy contando las faltas, los fueras de juego y los córners, "que son medio gol", como siempre puntualiza. Lo mejor es cuando el Tenerife marca y el Heliodoro ruge. Reacciona eufórico, feliz, cantamos el riqui-raca y pienso que igual le pasa como a mí en aquella vieja grada de General. Me encanta.

De Primera. Celebraremos hoy el ascenso del CD Tenerife. No sé por qué. Ahí lo dejo. Llámelo intuición. Por eso soy el optimista nato.


sábado, 10 de junio de 2017

Vivir o morir

Vivir. El problema de morir es que usted no sabe cuándo va a ocurrir. Si supiera la fecha podría
administrar el tiempo y el dinero disponibles para un aprovechamiento óptimo: mantener bienestar, buscar la felicidad y tratar de no dejar nada pendiente. Pero no lo sabe. Y tampoco querría, créame, saberlo sería un sinvivir en sí mismo. Tal incertidumbre, el futuro, la esperanza nos sostiene.

Certeza. Usted no conoce el momento ni el estado en que llegará a sus últimos años, yo tampoco. Por encima de los 85 tendrá -tendremos- una probabilidad del 50% de padecer una demencia, no porque lo lea usted aquí sino porque así lo indica la estadística. No hay escapatoria y si no es a usted le tocará a su pareja, que es soltero, a su amigo. Y no es una cuestión menor porque no se dará cuenta de que esos despistes son el principio de algo más grave que le impedirá a medio plazo vivir con autonomía, luchará para negarlo, hasta que llega el día. Terrible sí, pero no exagero. En el último episodio de la serie usted será dependiente; yo también.

Sorteo. Podrá obviar la evidencia y jugársela. Quien piensa que mañana le caerá un rayo o que será atropellado por un camión se quita un tremendo peso de encima, quien esté convencido de que pertenece al otro 50% vivirá aliviado y quien afirme que cuando llegue al río cruzará ese puente no entiende lo delicado del fenómeno: no te enteras hasta que es demasiado tarde. Puede que a usted le dé igual, qué más da, que ocurra lo que tenga que ocurrir, que se cumpla la divina providencia y que llegado el momento Dios proveerá; y no es mal plan si usted ha cultivado un círculo familiar que sea capaz y esté en disposición de hacerse cargo. A mí no me da igual, no quiero trasladar un problema mío a mi familia por mucho que me quieran y yo sepa a ciencia cierta qué tal sacrifico lo harán sin titubeo; no, yo los quiero más. También puede que usted sea de los que no tiene familia. O de los que no se fía. O de los que se resigna a ponerse en manos de la Administración Pública competente.

Trance. Lo suyo sería que usted pudiera planificar los últimos años de su vida -y yo de la mía-, dejar escrito cómo quiere ser atendido en el caso de que sobrevenga la dependencia y no estuviera ya en situación de tomar decisiones. Dónde, en qué condiciones y cómo debe ser administrado su patrimonio -propiedades y ahorros- para que su vejez no resulte una carga para nadie, sin comprometer bienestar ni dignidad. La cosa tiene tela. Imagínese a sí mismo, en plenas facultades, en el trance de elegir la residencia donde le gustaría ser atendido. Nada fácil.

La idea. Que la sociedad civil se movilice para dar respuesta a esta realidad. Que quienes dispongan de recurso económico puedan destinarlo con garantías a sufragar una digna calidad de vida. Que los recursos excedentes se utilicen para que otras personas puedan optar también a unas condiciones igualmente dignas. Enorme misión. Y para ello crearemos el instrumento legal que permita tutelar a quienes en su vejez no tengan soporte familiar y también para atender a los que elijan liberar a sus seres queridos de las obligaciones meramente asistenciales; construiremos y explotaremos residencias con altos estándares de calidad, sin renunciar a vivir, donde usted iría encantado si le dieran la opción. Le invito a participar en el proyecto, a que aporte sugerencias, a que comparta esta inquietud, que la haga suya.

(Le animo a que deje su comentario. Los comentarios en este blog se moderan antes de publicar)

(Publicado en el periódico El Día el 10 de junio de 2017

sábado, 27 de mayo de 2017

Manifiesto pro playa

Interés. Que en Las Teresitas un soleado domingo de mayo dispongamos de abundante sitio para aparcar es muy sospechoso. Será que la gente acudía atraída por los quioscos ahora precintados o que el paisanaje pierde interés por el persistente estado de abandono y la carencia de servicios básicos, o quizás el humilde veraneante teme verse implicado en el lío judicial, no vaya a ser que le caiga algo por simpatía. A lo mejor subyace una justificación mucho más peregrina y lo de ir a la playa ha dejado de tener interés para la ciudadanía, que prefiere seguir conectada a la wifi, salir a pasear al monte o vaya usted a saber qué. Sorprendente porque siempre entendí que el mar, la playa y la arena eran un potente desestresante fuente de bienestar, un regreso a nuestra condición ancestral de seres vivos acuáticos.

Distorsión. En qué momento el edificio de aparcamientos de Las Teresitas dejó de ser una infraestructura esencial para convertirse en mamotreto. Habría que indagar, pedir explicaciones y pasar la cuenta por colaborador necesario. Su demolición no puede ser consecuencia de esos pocos metros de invasión del dominio público costero; tiene que haber algo más, porque tantos millones en hormigón no se dilapidan por quítame de ahí un mojón. Y mucho menos si el Plan Especial de la playa -aprobado ya inicialmente- prevé ese mismo equipamiento en ese mismo sitio.

Suscripción. El coronel no tiene quien le escriba y la playa no tiene quien la defienda. Pero ahí va: cien años después de aquella plataforma ciudadana pro parque que recaudó el dinero para la construcción del actual García Sanabria, lanzaremos la campaña pro playa para conseguir fondos para el desarrollo y ejecución del proyecto que recoge el Plan Especial de Las Teresitas con sus nuevos paseos, sus jardines y sus servicios complementarios. Y como estamos en el siglo XXI se hará mediante "crowfunding" por internet. Pagada (directamente) por el pueblo, será de verdad la playa del pueblo para el disfrute del pueblo. Todo por interés propio, que quede claro.

Día de África. Fue el jueves, pero no estuvieron atentos para instaurarlo como festivo y empatarlo con el de Canarias: tremendo acueducto de exaltación patria; un puente no laborable para hermanarnos con el continente; días libres que tan buenos son para nuestra salud y para el negocio de la hostelería. La España africana tan lejos de África. En nada, cuando la tecnología derribe la barrera del idioma, descubriremos las posibilidades de esa relación para nuestro enriquecimiento personal, social y económico, oportunidad para nosotros y para ellos en idéntica proporción. Queda camino por recorrer para tomar consciencia de quiénes somos y cómo funciona el mundo. Me refiero a dotar a nuestras decisiones de cierto enfoque mercantil, no ya por afán egoísta de amasar dinero, que tendrá sus adeptos, sino porque las actividades empresarial y laboral son infinitamente más entretenidas que la vida contemplativa del prejubilado.

Fraude. No me puedo imaginar a Leo Messi ni a Cristiano Ronaldo como promotores de una estrategia para defraudar con empresas interpuestas y fundaciones de presunta dudosa reputación. Su gran talento se exhibe en otro ámbito. Ni entiendo qué necesidad. La libertad para interpretar que tal o cual práctica o deducción es aplicable a según qué cuestiones llega hasta donde dice Hacienda. Y si no estás conforme, reclama. Y si te condenan, al trullo. Ni la fiesta de primera comunión computa como gasto ni las entradas para el "playoff" son deducibles, diga lo que diga tu asesor fiscal. Hazlo y atente a las consecuencias. En España somos así. Qué cruz. Muy listos hasta que nos trancan.

sábado, 13 de mayo de 2017

Gerontocracia

Prejubilaciones. A cargo del erario. Tela. Nadie discrepa. Cuántos ajustes en las extintas cajas de
ahorros sufragados por el FROB, por poner un ejemplo, con indemnización, el cien por cien hasta la edad reglamentaria y aportación al plan de pensiones. Ahora, la propuesta de patronal y sindicatos para las camareras de piso en los hoteles es tremenda, pobres, no admite comparación, pero que pague Mariano, que a mí me da la risa. El engaño es monumental porque en todos los casos apoquina el que viene detrás -los jóvenes, para entendernos-, compromisos planteados sin rubor, vergüenza ni anestesia. La pensión de jubilación en nuestro país se calcula en proporción a las cotizaciones de los últimos quince años, pero no es un sistema piramidal, y cuando faltan perras se mete la mano en la lata del gofio. Pues nos vamos a reír también cuando nos toque a nosotros, con ganas pero de pena, al descubrir que no hemos cotizado lo suficiente para mantener cierta dignidad y que nos inflaron a impuestos para sostener el sistema, este sistema de pensiones máximas pagadas con salarios mínimos, triste e indecente realidad.

Austeridad.
De la intervención de esta semana de Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, me quedé con dos cuestiones. La primera: las economías mundiales, española y canaria, van bien y seguirán bien, crecimiento que ya tiene descontado el efecto negativo del "brexit", la desconexión de Reino Unido, y de la política del presidente Trump, sea la que sea, en su caso; sorprendente y esperanzador. La segunda: la constatación de que los jóvenes en la actualidad gastan como si no hubiera un mañana y que los mayores ahorran como si fueran a vivir eternamente; desobediencia civil que carece de lógica económica y que identifica el fin de una época. "No hay futuro, por delante solo hay tiempo", que decía El Roto, pensarán los jóvenes y ya veremos. Los viejos guardan la pasta, sacrifican la posibilidad de bienestar presente y sufren hasta el final, hasta que necesiten de alguien que los cuide, vaya plan.

Conductas. Impacientes estamos por ver si Jordi Pujol tira de la manta, que lo prometido es deuda. Y conocer qué pasará con Marta Ferrusola, la esposa del "ex molt honorable", que ejerce como jefa del clan, ideóloga del "prucés" desde sus inicios e inspiradora de tantos otros movimientos nacionalistas. Vaya chasco si se descubre que el nacionalismo era esto.

En lo público. Para participar en política monta tu propio partido. Y así lo han hecho. Explica el declive de los partidos "tradicionales", la pérdida de votos y su falta de ideas. Las estructuras están copadas; son impermeables al talento, al empuje y a la osadía de la juventud. La antigüedad no debe ser un mérito. Tampoco en la propia Administración, en donde sube la edad media de los funcionarios, porque no se cubren las jubilaciones y la falta de rendimiento o el pasotismo no se castiga. Así hasta que el mecanismo colapse, se detenga del todo y resolvamos las dudas razonables sobre su conveniencia y justa dimensión; unos departamentos sobran y otros no.

Contratos. Los antiguos más blindados y los nuevos más precarios. Todo muy legal e injusto. La revolución del mercado laboral es conflictiva e inaplazable. El trabajo y no las ayudas como mejor fórmula para la distribución de la riqueza. Porque esta parodia no se sostiene: derechos inalienables de otra época, eventualidad y tiempo parcial de toda una clase de pobres que trabaja y la resignación de quienes solo esperan recibir un subsidio. No puede ser. El cambio vendrá de mano de los jóvenes, apuesto, por el bien común.

(Publicado en el periódico El Día el 13 de mayo de 2017)

sábado, 29 de abril de 2017

La punta del iceberg


Corrupción. Infundado descrédito de la clase política. No se deje engañar, los titulares son interesados. Ni un presidente de comunidad autónoma ni un ilustre diputado ni un concejal de urbanismo tienen capacidad por sí mismos de sisar un duro de dinero público. El saqueo de cualquier administración requiere de varios colaboradores necesarios. Y es que el tesoro dispone de guardianes responsables de su custodia, de férreos procedimientos y de mecanismos de control. Por tanto, al destapar la tropelía, la investigación debería aclarar si el plan fue cosa del político, de alguno de sus funcionarios o de un tercero, qué ganancias satisface el reparto para cada uno y cómo se urdió y ejecutó la apropiación indebida, en su caso. El contribuyente encontrará más eficaz conocer la trama completa y acabar con ella que entalegar al cargo electo. El sacrificio del cabeza de turco no es suficiente para desmontar la corrupción que destruye la convivencia democrática.

Escrúpulos. Este clima de hartazgo popular hacia los políticos en general y la creencia de que todos son corruptos en potencia mantienen alejados a profesionales independientes y a directivos de la empresa privada que mucho podrían aportar a la gestión de lo público. Imposible plantearse en serio un paréntesis en su carrera para trabajar por el bien común si conlleva exponer su propia reputación. Hemos creado un sistema político endogámico que se nutre de la propia administración y de personas que no tienen nada mejor que hacer. Se constata el secuestro. El perfil de todos los protagonistas -incluidos los impulsores de la "nueva política"- confirma esta teoría. Cuando escuche despotricar sobre los jóvenes y su actitud frente a la vida, piense la herencia que recibirán; no sé si serán capaces de descontaminar, pero mantengo la esperanza.

El suelo. También estamos atrapados. Ni la clasificación como rústico o urbano ni la posibilidad de autorizar ciertas actividades y de prohibir otras fueron/son resultado de la aplicación del método científico. Imposible racionalizar un sistema de gestión del suelo que se fundamenta en derechos adquiridos fruto de decisiones políticas del pasado sustentadas sobre vaya usted a saber qué supuestos y/o prebendas. Y es que suelo urbano y urbanizable hay de sobra en Canarias, adquirido en su momento a un precio ficticio para atender unas expectativas de beneficio irreales. Pero los negocios viables -hasta la promoción inmobiliaria- no tienen capacidad para absorber desproporcionados costes de implantación, ni tampoco los propietarios aflorarán las pérdidas. Y entonces la ley en trámite propone permitir actividades complementarias en los suelos agrícolas, más baratos, para posibilitar generar rentas y empleo. No entiendo, a ver si nos aclaramos: el problema territorial ¿es cuestión de disponibilidad, de oportunidad o de precio?

Resignación. Como retroceder derechos cuesta dinero, virgencita déjame como estoy: el 50% espacios naturales, perfecto; residencial e infraestructuras tienen sitio para los próximos 50 años y el resto, el suelo agrícola, déjemelo quieto. Que las expectativas de beneficio tienen parado el suelo apto para la actividad económica, pues liberalizamos el uso y lo gravamos con impuestos. Que deseamos potenciar la actividad agrícola y ganadera, pues damos facilidades en el suelo rústico pero con estricto criterio económico y garantía de reversión. Cualquier propuesta que admita discrecionalidad técnica en este delicado asunto político está condenada al fracaso. No se atreverán pero bastaría con establecer los límites, prever controles y dejar funcionar la lógica de mercado.

Las Teresitas. Nos deberían aclarar qué va a pasar con la playa. Si ahora redactarán el proyecto del nuevo plan, si el dinero de la condena existe y, en su caso, si se podrá usar para acometer las obras. Los usuarios estamos expectantes, impacientes.

sábado, 15 de abril de 2017

Atrapados

Por la pobreza. En Canarias se pasó mucha necesidad. En aquella época de aislamiento y caciquismo, cuando éramos potencia exportadora y salían más plátanos de las Islas que naranjas de Valencia. Ni la condición de puerto franco ni las escalas de los barcos que atravesaban el Atlántico ni el jodido monopolio. Pobres, condenados a emigrar con destino a Cuba o Venezuela. Y llegaron los setenta y el turismo y los retornados con su dinero. Y se ocupó el paisaje isleño con viviendas a borde de camino, al borde del mar, por todas partes. Terrenos agrícolas con casas y calles, malpaíses para el turismo, extracciones de áridos en Güímar y de picón en cada cono volcánico. Hubo connivencia política y complicidad social: vaya herencia, legalizada después por prescripción urbanística. Vértigo en los ochenta del jetfoil y la nueva autonomía hasta que cuatro "locos" asustados se empeñaron en la Ley de Espacios Naturales, en adoptar la evaluación de impacto y en trabajar la ordenación territorial. ¿Llegaron tarde? Puede ser. Sometido al planeamiento, por presiones de toda índole, el suelo urbano dejó de ser un bien escaso: hay calificado para los próximos cien años.

Por el éxito. El turismo como motor de la economía en el cambio de milenio. Hoteles, apartamentos y campos de golf, y más viviendas: nuevo "boom" de la construcción. Hasta que la mano invisible, para proteger el negocio de éxito, propone limitar el acceso de nuevos operadores con la moratoria. Con objetivos muy razonables -fomento de la calidad turística y la rehabilitación-, aunque nada que el funcionamiento normal de la competencia no hubiera conseguido por sí mismo. En definitiva, burocracia añadida que impidió y/o retrasó inversiones antes y después de la crisis hasta superar el 30% de paro. El Constitucional, que suspendió la moratoria, también llegó tarde. Ahora sube la demanda y persisten los problemas en otros destinos: oportunidad inmejorable para crecer.

Por el miedo. Nos aterra cualquier iniciativa que implique mover una piedra. Estamos atrapados, condicionados por todo ese pasado, por la sensación de culpa. Aterrados también los funcionarios en la tramitación administrativa de cualquier actividad, tan garantista que la eterniza. Y la opinión pública que se opone por sistema: en contra de prospectar el petróleo y ahora, que encuentran telurio en el fondo del mar -un mineral necesario para los paneles solares-, hay quien se preocupa por los efectos negativos de su extracción, en su caso, ¡a 1.100 metros de profundidad!, sin evaluar siquiera las implicaciones económicas y sociales del descubrimiento. Miedo también para permitir reconvertir los vergonzosos agujeros de Güímar en una inversión productiva y empleo. ¿Qué mejor destino que el turístico para rentabilizar el dinero de las sentencias y compensar la tropelía?

Santa Cruz. Nadie se percató entonces de la necesaria compatibilidad con el uso portuario. Atrapados sin acceso al mar. Los tiempos cambian y Santa Cruz, con clima e infraestructuras, tendrá también su oportunidad de incorporarse al turismo con camas y oferta de ocio. Urge buscar dinero (y negociar con Costas).

Por incrédulos. El futuro emite señales que nos negamos a interpretar. Y nos conviene. Nuestros hijos no vivirán en Canarias del refino del petróleo ni de la fabricación de bienes de consumo ni del cultivo de la papa. Emplearán una energía más limpia y más barata, las fábricas seguirán en China y con las papas, salvo que sean variedades antiguas, nada que hacer, no podrán competir con las grandes extensiones del continente. En ese contexto, la agricultura canaria resurgirá con garantía de origen, producto exquisito de alta calidad y acceso a los mercados europeos; apostar por la emprendeduría rural con enfoque empresarial, tecnología y exotismo.

(Publicado en el periódico El Día el 15 de abril de 2017)

[Exageré, en 1932 los plátanos eran el segundo producto de exportación española por detrás de las naranjas, un total de 2,5 millones de kilos equivalentes a 84 millones de pesetas de la época]

sábado, 1 de abril de 2017

20 años

No son nada. Qué atrevido Fernando Clavijo y qué bien la política de largo plazo. No solo para la educación -propuso bilingüismo generalizado-, sino también respecto al resto de cuestiones que procuran bienestar a las personas. Envejecemos, la tecnología avanza, la demografía es una ciencia exacta, hay que sembrar para luego recoger y tantas obviedades que se pasan por alto en la gestión de lo público. Llega tarde; sin embargo, en 20 años los dispositivos de traducción simultánea los tendremos implantados en la cabeza. Ya son una realidad, un pequeño audífono en el oído, un invento que ya existe y que puede usted comprar. Por tanto, podemos concluir sin riesgo a equivocarnos que la necesidad generalizada de estudiar idiomas acabará en un suspiro, igual que se dejó de enviar telegramas o de usar película fotográfica y revelado químico. Ay, el progreso.

Pasarán. Y otros 20 más para abandonar el amor ciego por la patria chica. Comprender que la isla, como porción de territorio rodeada de agua, es un mero constructo, simple e interesado, pero muy poco eficaz para procurar igualdad y prosperidad colectivas. Hasta Coalición Canaria en su reciente congreso planteó el equilibrio entre nacionalismo y globalización, dos realidades, una dicotomía, también como entelequia ideológica. No queda otra para seguir adelante. Falta humanismo y sobra terruño.

De penitencia. Antonio Morales, presidente del Cabildo de la Gran Canaria, aviva el insularismo con vigor; un discurso (¿legítimo mensaje electoral?) bien hilado en defensa de "lo suyo" de allí. Si pasara unos días en Tenerife y en las otras islas, quizás consigamos que reivindique también "lo nuestro" de todos, lo de Canarias, soluciones para los problemas de la gente; que una isla, en sí misma, no sufre ni padece, solo nos soporta. Se cuestiona la triple paridad, que ya va bien mientras penamos tinerfeños y canariones con dolor de corazón y propósito de enmienda. A 20 años, para corregir el sistema electoral canario, más proporcionalidad parlamentaria respecto a la población; de acuerdo, pero propongo una salvedad: en las decisiones que afecten a una isla, que sus representantes se inhiban. Nos interesa cómo arreglaría el señor Morales las colas de la TF-5 o el colapso en Las Chafiras, dicho sin sarcasmo ni reproche alguno, con ánimo constructivo.

De lucha. Con escaso resultado. Ni en 20 ni en 30 años los Presupuestos Generales del Estado han incluido las obligaciones del REF. Lo de igualar la inversión media por habitante era muy fácil de calcular, pero no hay voluntad. Erramos la estrategia; ni compensa cumplir con los criterios de déficit ni funciona el pedigüeñismo lastimero. Una contundente declaración de independencia con integración de Canarias en la Unión de Estados Africanos y empezará a llegar financiación para el gasto corriente y unos miles de millones para inversiones. Artur Mas, inhabilitado, golea desde la grada.

De espera. El acceso a la función pública está tasado, sin entrar a valorar su eficacia o la conveniencia de revisarlo; en su caso: se describe el puesto a cubrir, se establece el procedimiento, se convoca y los aspirantes demuestran méritos y conocimientos. Como las necesidades van más rápido que los expedientes administrativos, durante años muchos trabajadores se incorporan al sector público por la vía rápida, en situación de interinidad. Ahora, la regularización que plantea el Gobierno tranquiliza el futuro laboral de cientos de miles de personas, convertidos en víctimas, pero desvirtúa el proceso y elimina garantías, sin depurar responsabilidades, es raro. En un ecosistema político dominado por empleados públicos -faltan empresarios y profesionales- este gesto de generosidad, no sé... Deconstruimos el Estado de Derecho a conveniencia por intereses inconfesables, a cambio de.

(Publicado en el periódico El Día el 1 de abril de 2017)


sábado, 18 de marzo de 2017

Permítame que discrepe


Tercermundistas. La verdad ofende. Incontinencia verbal del godo señor Brufau, presidente de Repsol,  que no le gustó el trato recibido con las prospecciones en Canarias. Y tiene razón, mal que nos pese, porque todo ese asunto nos puso en evidencia. Reconozca que fue un tanto visceral cómo se gestó y se gestionó el conflicto, con argumentos peregrinos en plan “el petróleo es el pasado” y similares, tan inconsistentes, socorrido ecologismo en defensa de "nuestra tierra".Reacción espontánea o manipulación interesada, escrito está hace un par de años. Al final buscaron petróleo pero no había, qué alivio. Y aquí seguimos igual de pobres y ofendidos.

Imposible. En el pasado reciente los empresarios participaban en política, ya no. Defendían el funcionamiento ágil de “las cosas” para los negocios, los propios y los ajenos. Quizás la presunción de abuso los expulsó del sistema. Era importante su intervención, ese espíritu emprendedor, ese enfoque a la búsqueda de riqueza, por puro egoísmo: más trabajo para todos, más proyectos vitales y más felicidad colectiva. En vez de crear condiciones para la actividad económica, la política actual se conforma con repartir dinero público, otra forma de ejercer el poder mucho más bizantina... Y si no te va bien, te jeringas, pide una ayuda y cierra el pico. Es difícil, léase imposible, articular propuestas eficaces para generar empleo o para invocar el progreso si no se tiene cierta ambición ni se domina los fundamentos básicos del mercado ni se liquida impuestos ni se juega uno su propio dinero; la ideología pinta poco. Revertir esta realidad como reto para el futuro cercano.

Fuero histórico. Así estamos con el REF que gira sobre sí mismo, con unos incentivos fiscales únicos en el mundo civilizado pero que no acaban de convencer a quienes toman las decisiones de inversión. Son necesarios pero no suficientes. Les faltará carácter de estatuto permanente o más labor de difusión. Quizás mayor seguridad jurídica o trabajar con menos conceptos y más simples. Lo de los puertos francos en Canarias era una idea muy sencilla, qué pena, hubiera funcionado como un cohete con los trece millones de turistas que nadie imaginó: tándem turismo-comercio, imparable. No puede ser tan difícil revocar una ley franquista para recuperar un fuero histórico. “La UE no lo permitiría”, sentenciarán sin fundamento, ahí tenemos la zona franca para la comercialización de obras de arte autorizada en Luxemburgo.

Indignante. El ministro De la Serna ofrece jubilaciones anticipadas para impedir la huelga de estibadores, es decir, con cincuenta años a cobrar por el ala el 70% de sus estupendos salarios a cargo del erario público. Premio por no trabajar, así es España, tremenda jeta y vaya generosidad con pólvora ajena. En la práctica unos miles que dejan de cotizar, que se jubilan con pensión máxima y más carga para la Seguridad Social que se paga con impuestos y con emisiones de deuda. Mariquita el último. Primero fueron los empleados de las cajas de ahorros pagados por el FROB y ahora esto. El botín es mucho más sustancioso porque los estibadores contestaron que no. Jodida herencia del franquismo (otra), los monopolios y el sindicato vertical: la Transición que nos sale carísima. Cuando empiece la huelga que aclaren bien por qué: seremos rehenes de un derecho pervertido.

Discrepo. Me quedo solo en la defensa de la triple paridad del sistema electoral canario. Pretenden modificarlo para aumentar diputados por Tenerife y Gran Canaria, una corrección por población. No la veo, ahora los partidos están obligados a tener presencia en todas las islas, a hacer región y eso está bien, que se lo curren.