domingo, 4 de diciembre de 2016

Populismo emocional

Me dice que no, me da las gracias, que sigue con las ñapas y con su paga. Constato la existencia de la renta básica universal y confirmo que el problema de España no es el paro. Ruptura social entre los que trabajan y los que no quieren, los idiotas que madrugan y los que viven a su costa. Fraude social que tiene su guasa aunque se aderece con mucha demagogia o de solidaridad mal entendida.
Dramática realidad desapercibida para la casta y para la nueva casta, carente de experiencia, que no sabe cómo funciona el sistema; otra consecuencia del nuevo régimen, la ausencia de profesionales y empresarios, expulsados de la vida política. Falla el diagnóstico, no es el paro, hablemos de la economía sumergida, del fraude o de la búsqueda obsesiva de la sopa boba. Trabajar en clandestinidad, cobrar subsidio y disfrutar de los servicios públicos. El uso sin contribución genera déficit. El déficit obliga a emitir deuda y a parar las inversiones. Círculo vicioso: fraude, déficit, deuda, no inversiones y paro.
Ahora, para reducir el déficit y cumplir con la UE, el sumiso gobierno popular pretende contener el gasto y subir los impuestos sin considerar siquiera la conveniencia de luchar contra tantísima actividad no declarada que socaba los pilares de la convivencia. Muy grave el desenfoque, un “punto ciego”, que diría Amin Maalouf, una de esas evidencias que tenemos delante de nuestras narices y no somos capaces de detectar.
Mientras, el éxito de Trump confirma la inexistencia de contrato electoral –promesas posibles e imposibles- y el triunfo del populismo como última reivindicación del individuo, centro de una espiral que dejó atrás el patriotismo y después el nacionalismo. Adiós a la universalidad del género humano, demos la bienvenida al verdadero protagonista: somos las nueve cifras del móvil con conexión 3G. El mensaje se particulariza segmentado hasta la unidad y sin atisbo racional, se nos atrapa a través de las emociones, sin escrúpulos, sin disimulo, como en el terrorífico anuncio de la Lotería. Vaya paradoja, la masa anónima devuelve el poder al sujeto. Tremenda paradoja, nuevos tiempos que demandarán viejos valores.

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