sábado, 10 de diciembre de 2016

La lógica de Dios

(Publicado en el periódico El Día el 10 de diciembre de 2016)

Frustración. Nos equivocamos de vida. Un viernes tomas consciencia de cómo aguantas situaciones no deseadas y el lunes siguiente la realidad te da un palo que hace temblar los cimientos de lo prioritario, de lo importante y de lo urgente. La realidad parece mentira. Nunca me gustó comprar lotería, "nosotros ya somos ricos", le respondo siempre al vendedor ambulante. En realidad es pánico a la otra, a la lotería inversa, a esa que piensas que nunca te va a tocar, pero toca, sin llevar número, sin posibilidad de reintegro, una enfermedad fulminante, un accidente, un espanto. Ni determinismo que nos ancle a hechos pasados -pregúntele a mi padre que no recuerda qué comió ayer- ni tampoco la divina providencia, por salud mental, por simplificar o por mera conveniencia; convencido del libre albedrío. De nuestra filosofía cristiana, sin profundizar en sus misterios, me quedo con lo que me interesa -el amor al prójimo y tal- mas nunca supe de la doctrina que atribuye al Creador el control absoluto de nuestra mundana existencia. Al contrario, Jesús nos invita a una conducta dada a los demás. Por tanto, no concibo que una infección vírica sea voluntad de Dios ni que tal explicación produzca consuelo.

Enfado. Por impotencia. Me gustaría hacer algo. No sé qué. La vida nos entrena para afrontar problemas, a buscar alternativas, a perseverar y de repente la realidad implacable nos sobrepasa: todo esfuerzo en vano. Nos gustaría que hubiera motivo, un culpable, y si lo encontramos, que pague, que sufra, al menos lo mismo que nosotros. O mandarlo todo al carajo... Cuando desaparece la poesía qué importa un verso. Pero tampoco en la rabia hay consuelo.

Un plan. Esta semana cuesta hacer honor al título de esta columna, seis años después. En la adversidad el futuro es oscuro y alberga horrores, aunque es obvio que lo que está por venir no ha ocurrido todavía y es obvio también que tenemos la posibilidad de decidir qué hacer, cómo y con quién. Resignación la justa. Es una advertencia. Reducir presión es mi intención de aquí en adelante, erradicar de mi vida todo aquello que no sume. Entiéndame, eso no quiere decir que agarre una manta, unas velas y busque una cueva, no: comienza un plan con horarios más estrictos, con menos pérdidas de tiempo, más satisfacciones y menos matraca. Cedo la idea, ahora que se acerca el año nuevo con sus propósitos de enmienda.

El pobre. Confesó el palomo ladrón, fue denunciado y va a juicio. El ministerio fiscal pide condena de prisión. El tribunal advierte que el interfecto puede ser condenado como consecuencia de la denuncia. Los focos apuntan al denunciante, qué cabrón. La apropiación -demostrable o no-, elemento secundario. España en estado puro, "la gente es como es", decía Manolo Medina, vaya falta de valores, reitero yo. Reivindico más calvinismo subtropical, ese que Juanma Bethencourt siempre me atribuye.

El pacto. Lógica política. A mí me gusta el pacto CC-PSOE. Haber planteado un acuerdo en cascada tiene su lógica y que haya excepciones también. Bermúdez no aceptó trabajar con Martín, en el Puerto de la Cruz incompatibilidad manifiesta y otro par de casos imposibles. En toda lógica el PSOE defiende a González Cejas, líder histórico, pero no se romperá el Gobierno de Canarias; al tiempo. No hay alternativa mejor. Ni CC suma con el PP ni Curbelo traicionará a sus camaradas socialistas ni Nueva Canarias se incorporará a un ejecutivo que tiene que resolver urgente el atraso inversor en la isla de Tenerife. Lo lógico sería aparcar las diferencias, atar los 400 millones que promete Montoro e intentar abolir la regla de gasto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Pablo.

Tu artículo da para mucho. Me encanta la respuesta al vendedor ambulante de lotería: “Nosotros ya somos ricos". ¡Y lo somos! Aunque no es fácil sentirlo. Hay que tener mucha presencia de Dios, mucha vida interior… Y no es fácil. No es fácil. Quizá sí cuando la vida sonríe, pero es efímero y cuando sacia buscamos otro placer, también fugaz… ¡Y del Cristianismo nos quedamos con el amor al prójimo! Fantástico, aunque tampoco es fácil. Obras son amores y no buenas razones. Y nos sacrificamos y renunciamos a nuestra comodidad y callamos y nos manchamos y miramos a la miseria extrema con amor y buena cara, como lo hacía Teresa de Calcuta…

Y el Creador no tiene el control absoluto. ¡Claro que no! Es un padre amoroso que respeta nuestro libre albedrío y los movimientos astrales de traslación y rotación. Y la picadura de la pulga, el contagio viral, la mordida implacable del tiburón y la tormenta perfecta que acarrea la muerte del capitán Billy Tyne y su tripulación. ¿Determinismo? No. Libertad. El capitán decidió ir a por el banco de peces. Se arriesgó y perdió la vida terrenal, aunque, probablemente, ganó la vida eterna, que para los cristianos es la que cuenta.

Y no existen días malos o inoportunos: todos los días son buenos. Otra cosa es que nos enfademos, que lloremos de impotencia cuando nos quitan la golosina. Como el padre aquel a su niño al que quiere tanto… Y el niño lagrimea y monta una tragedia en su mundo chiquito y maravilloso. Y no es fácil entenderlo. No es fácil cuando ese niño chiquito es uno. Pero sucede. La vida transcurre bajo la mirada de Dios. Es como si estás asomado a la ventana del quinto piso y, desde la altura, ves como un coche a toda velocidad atropellará a una persona en breves segundos. Lo ves, pero no puedes hacer nada. No obstante, a veces Dios interviene. A veces lo sobrenatural se impone a lo racional. Y surge el milagro… Habeylos haylos.

¿Consuelo? Me quedo con la alegría del Cielo y con este texto que escribo mientras suena Luz de Luna de Beethoven que cala en el corazón. Y las tragedias humanas (que las hay y duelen) son, en ocasiones, rodeos para que los que todavía estamos por aquí seamos un poco mejores. Tu madre, una vez, a raíz de la muerte de un primo tuyo en un accidente de avioneta, creo recordar (corrígeme si me equivoco), me dijo que los que se van pronto es porque son regalos de bondad al cielo; y que los que nos quedamos es porque todavía tenemos mucho que enmendar. Dios escribe con renglones torcidos y nos da tiempo para corregir la caligrafía…

Pablo, quédate con que te dan un verso y te meten en un poema. ¡La poesía no puede morir! ¡Qué carajo! Y tú, que eres tipo listo, sabes que no serías feliz en una cueva porque todavía te queda mucho por dar y recibir. ¡Queda tanto por hacer! Por eso, la lógica de Dios te invita a reflexionar, a retar, a profundizar y a enviarme un sábado por la mañana un mensajito que abre querencias racionales y cristianas.

Reconfortantes misterios.

Tu primo José Luis.