sábado, 17 de septiembre de 2016

Fragilidad moral

(Publicado en el periódico El Día el 17 de septiembre de 2016)

Rabo de gato. Una hierba pajiza, insulsa, indomable. La habrá visto usted al borde de las carreteras, por taludes y laderas, con su característico penacho de cola felina. Una planta invasora, una plaga que se pretende erradicar en La Palma y en Tenerife, que amenaza con desplazar tabaibas y cardones de su hábitat natural. Titánico esfuerzo, su proliferación está tan avanzada que eliminarla es misión imposible, llegamos tarde. Ante la evidencia cabría enfrentar este asunto con otro enfoque, pensar en el "rabo de gato" como un arma capaz de colonizar y retener terreno degradado como ninguna otra. Porque si hay suelo hay esperanza, y después repoblar, no solo con pino canario, sino con la flora canaria que corresponda a cada paraje.

Apuesta. Quise aplicar esta reflexión a la política española, lo del enfoque desde otro ángulo, pero no se me ocurre cómo. La conclusión es idéntica miremos de frente o del revés, desde la izquierda o la derecha: electoralismo puro y duro, no hay más, sin careta ni disfraz. A ver qué ocurre en Galicia y el País Vasco mientras las Cortes investigan qué pasó con el exministro Soria, tic tac, sin prisa, porque no hay nada más gratificante que despellejar altos cargos caídos en desgracia, parlamentarismo rosa en papel cuché, tic tac, no hay ningún otro asunto que merezca la atención de sus señorías, tic tac, elecciones autonómicas en septiembre y elecciones generales en diciembre con acuerdo unánime para evitar el bochorno el día de Navidad. Subo la apuesta.

Inhabilitación. La sensación de corrupción universal justifica al delincuente, tal conducta se percibe casi como costumbre social, una insana tradición con la que debemos convivir, incómoda e inevitable como la calima sahariana. Café para todos aunque no son lo mismo 740 millones de los ERE que el pitufeo de la pandilla de Barberá ni es equiparable la fortuna de Bárcenas en Suiza a la explicación desafortunada sobre la empresa heredada en Panamá. Sorprendente la solicitud de condena; de acuerdo con la privación de libertad, pero no puedo entender el castigo de inhabilitación para cargo público. País este donde la ley prevé que los partidos políticos o los votantes pudieran volver a confiar en el procesado dictada condena firme por corrupción; vaya fragilidad moral. En la petición del fiscal echamos de menos la exigencia de restitución del daño ocasionado y/o la devolución de la pasta extraviada.

Lucha de clases. Y no hablo de oídas. Ofreces un puesto de trabajo con carácter indefinido a un parado de larga duración, piensas que esa oportunidad le va a cambiar la vida, te convences de que la edad es un grado, que la experiencia siempre suma y que la confianza otorgada comportará mayor implicación. Pues vaya chasco. Vaya decepción cuando el sujeto explica sin titubear que prefiere cobrar su paga y que no piensa madrugar. Pero tú sí que madrugas, te cobran el IGIC en cada compra y te retienen a cuenta del IRPF impuestos que se usan -precisamente y entre otras cosas- para pagar esa prestación social que permite al nota quedarse en la cama. Comienza un nuevo orden con nuevas clases sociales: los tatuados y los no tatuados, los dispuestos a madrugar y los que no. Y no hablo de oídas. Si te dan a elegir, vaya faena. Digo fragilidad moral por no ser soez. En España no estamos preparados para la renta universal, imagínese, a recibir por el ala nos apuntamos todos.

Alzhéimer. En su día mundial, merecidísimo homenaje a los cuidadores que asumen la carga. Y bravo por el Real Casino de Tenerife y Afate por ese taller que les da un respiro.

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