sábado, 20 de agosto de 2016

La oferta y la demanda

(Publicado en el periódico El Día el 20 de agosto de 2016)

Oferta. La actividad parlamentaria exige tradición, costumbres que se trasmiten de generación en generación, antigua usanza, nueva doctrina..., pero todavía no tenemos nada de eso; de momento tan solo pacífica alternancia. Conste que entiendo a los partidos que dicen que no, que no quieren colaborar a que su rival político sea investido presidente, ya sea por orgullo y aunque tal conducta les delate. Sitúan al inquilino de la Moncloa en un plano muy superior a las cuestiones de fondo que toca dirimir en Cortes y a sí mismos como no aludidos en una posición poco convincente. Esta breve legislatura, postergada a fin de mes a un resultado incierto, evidencia esa falta de tradición y el escaso sentido de Estado de todos sus actores. No hemos visto al PP indagar qué tendría que proponer para que los parlamentarios de Unidos Podemos, por ejemplo, apoyaran una hipotética contrarreforma de la reforma laboral; tampoco le han preguntado al PSOE qué artículos de la ley Wert habría que modificar, no ya para aceptar una cálida abstención en el debate de investidura, sino para conocer de primera mano cuáles son esas diferencias insondables.

Demanda. Ningún otro concernido en la búsqueda del consenso. Ni PSOE ni UP -ni siquiera C's que se conforma con el primer round- se atreven a enseñar sus cartas, a jugar duro, a exigir condiciones un paso más allá (¿otro candidato del PP?), ninguno se arriesga a contar detalles sobre qué quieren para España. Callan, no vaya a ser que alguien pueda interpretar coincidencias de alguna clase o atisbo de compromiso. No se trata de reducir el paro ni de activar la economía, sino de que sean "los unos" y no "los otros" quienes impulsen tales mejoras. Cuando la política se olvida de su fin último, sobra, no interesa.

Atasco. La investidura de Rajoy es un accidente que podría ocurrir (me plagio a mí mismo); basta que al acuerdo profiláctico entre PP y C's se sumen, mediante una inocente inhibición, algunos diputados de las fuerzas independentistas que entiendan que la debilidad de un gobierno en minoría dará alas a sus pretensiones. Aunque conformar gobierno es un problema menor: después toca sacar leyes. Sin un sólido pacto, con C's también en la oposición, no sé yo, porque si llevan tantos meses para una única votación y no han sido capaces siquiera de sincerar posturas ni de enseñar el juego para sumar, ¿qué pasará con los presupuestos generales?

Mucha suerte. Visto lo visto, las terceras elecciones parece ser la única vía para desatascar el poder legislativo, para buscar y encontrar una mayoría suficiente. Y nos damos unos meses más, incluida la prórroga de las anteriores cuentas del Estado, sin tanto recorte y sin subidas de impuestos. Terrible: no hacer nada funciona (a veces). Afortunados contribuyentes tenemos suerte y la prima de riesgo en mínimos para endeudarnos más barato; si es que no hay mal que mil años dure. Nuevas elecciones el día de Navidad, reconozca que tiene su gracia. Tantos meses de política para acabar hartos y para nada más. Más terrible aún: la vida sigue sin ellos.

Suben los precios. Encantado con las cifras récord en la entrada de turistas, encantado sin matices, cuantos más mejor, si pagan sus cosas y si las empresas que los atienden liquidan sus impuestos. Sin peros. Hay que confiar en el sabio mecanismo de la oferta y la demanda: si esta aumenta, suben los precios (noticia de estos días). El turismo no es la panacea, pero puede ser un buen negocio, y seguimos con suerte (por desgracia) dada la nefasta situación sociopolítica de nuestros competidores.

sábado, 6 de agosto de 2016

El hecho diferencial

(Publicado en el periódico El Día el 6 de agosto de 2016)

Fascinante. La tecnología nos supera. Las guías de teléfono, por ejemplo, fíjese qué invento, y ya no sirven para nada. Ahora cualquier móvil incluye reconocimiento de voz y hay aplicaciones capaces de traducir textos a cientos de idiomas; imagínese, de ahí a un dispositivo traductor al instante va un paso. Nosotros pensando que la educación bilingüe era lo máximo y estará obsoleta en nada. La vida cotidiana y la cultura en idioma materno, traducciones profesionales y para entendernos bastará un aparatito en la oreja (ver nota al pie). Aprender inglés por placer, no por necesidad. El hecho diferencial catalán lo resuelve una "startup" de Corea del Sur, ¿se da cuenta?; después ya solo discutiremos por dinero. No sé si a usted le pasa lo que a mí: los nuevos tiempos me fascinan, con tanta tecnología y el conocimiento plenamente disponibles. En la agricultura, la investigación científica acelera la mejora genética, producir comida ya no es un factor limitante; en la industria, los robots hacen el trabajo sucio; el futuro es de las personas, de la creatividad, de la innovación, del ocio, de procurar el bienestar. Prepárese.

Perjudicados. Cualquier novedad tiene damnificados, que son los que pierden con el invento, claro, y se oponen a que tales avances tengan lugar. Está en nuestra naturaleza, somos del gremio, cada uno del suyo, y quienes proponen ideas disruptivas son el enemigo. El gremio de los profesores de alemán dirá que estoy loco, que una máquina jamás será capaz de interpretar los matices; yo tampoco, aunque estudie unos cuantos años más. Es duro que la ocurrencia de un friqui nos deje sin trabajo y nos cambie la vida, es verdad. Por suerte siempre hay alguien dispuesto a aceptar cualquier idea ingeniosa y probarla, a pesar de.

Buenos deseos. Habrá escuchado a quien sostiene que tirar colillas en la calle crea empleo -en las empresas que trabajan para el ayuntamiento-; vaya error tener que destinar dinero público a esa tarea. Además, una cuestión de estrechez de miras desear para la gente una ocupación tan ingrata. En plena transición tecnológica, cuando tantas profesiones desaparecen o están a punto de hacerlo, hay quienes sugieren implantar una renta básica universal, dinero por nada, y romper con los mecanismos de la superación personal, la cultura del esfuerzo y todas esas cosas; no sé yo si bastaría con desatar el corsé y dejar que pase lo que tenga que pasar.

El sistema. La papelera situada por fuera de la oficina de la Seguridad Social rebosa impresos que jamás serán usados. Puedo entender -nunca defender- la economía sumergida perpetrada desde la impotencia de enfrentar la burocracia: petición de cita previa, presencia física, alta como empleador, alta del empleado, contrato, todo en papel por duplicado, copia de los DNI y tres pólizas de veinticinco pesetas... Así es el proceso para formalizar una empleada de hogar para seis horas a la semana. Descorazonador. Se estima que el 84% de quienes preguntan desisten y el 100% de quienes no preguntan también desisten. Prurito profesional o incapacidad, elija, el desatino está enquistado, perpetúa la economía sumergida y sus terribles efectos secundarios, el origen de todos nuestros males; qué pesado me pongo.

En política. Saber interpretar y anticipar los cambios, conseguir que el sistema permita que esa innovación tenga lugar, luchar contra los "lobbies", favorecer la competencia, usar la tecnología para simplificar y ganar eficacia. El reto es abrumador, qué pena la falta de consenso. En cualquier caso, no tema, lo peor que puede ocurrir es que el Estado colapse por propia obsolescencia, nada grave y quizás inevitable. Después, empezar de nuevo: el futuro, quiero decir, el presente, es fascinante.


[El 18/01/2017 el periódico El País publica una información sobre un aparatito traductor que se comercializará en unos meses... cómo mola anticipar el futuro: "Pilot, el auricular inteligente que traduce conversaciones en (casi) tiempo real"]