sábado, 30 de abril de 2016

Vóteme a mí

(Publicado en el periódico El Día el 30 de abril de 2016)

Alternativa. Los españoles en diciembre no votamos diálogo. Cada uno votó al suyo. Ya sabíamos que no se iban a entender. Además no hubiéramos aceptado que se entendieran. Los castigaremos ahora, cada uno al suyo, en la segunda vuelta, por no entenderse o por entenderse. Cada cual votará al suyo, a otro o no votará por hartazgo, lo que beneficia al más votado. Ganará el que sea capaz de contener la verborrea en la nueva campaña: todo resta.

Dura realidad. Vaya frustración para quienes se desgañitaron en explicar cómo mejorarlo todo. Vaya frustración también para los que se incorporaron a la política en mayo, casi un año ya, para toparse con la ley de bases, la de estabilidad presupuestaria, la de contratos del sector público y los derechos adquiridos del personal de la Administración. Desde fuera, estoy seguro, la cosa parecía más fácil. Vaya frustración la política en general cuando su resultado no depende de la perseverancia ni del esfuerzo ni de la inteligencia, sometidos a escrutinio permanente. Qué importante este experimento en masa. Cambiar el mundo es difícil, esfuerzo vano si el mundo no quiere cambiar, ¿usted quiere?

Evidencia. "¿Quién se encarga del suministro del pan en Londres?", preguntó un alto funcionario soviético de visita en Reino Unido. ¿Quién lo hace en Tenerife? Usted puede, aprenda la técnica, cumpla con la norma sanitaria, dese de alta en la actividad y adelante. Panes hay de todos los precios y todas las calidades. Con el pan no hace falta empresa pública ni injerencia política. Así es el mercado libre, sujeto a una norma y al consumidor. Y que cada cual compre donde quiera. Es duro, tiene razón, ojalá hubiera un sistema no competitivo para las relaciones económicas, más colaborativo y más eficaz, porque no todos tenemos el carácter. Algo habrá, pero este, el de la libertad de empresa, de momento, es el que mejor resultado procura no solo para ofrecernos el sustento, sino también para definir un plan, tener proyectos da sentido a la vida. Vaya paradoja, no hay nada más de izquierdas que el mercado libre: sin dinero en circulación no hay impuestos y sin impuestos no hay servicios públicos.

Iluminados. Qué fácil hablar de la crisis y de los problemas de los demás, proponer cualquier idiotez sin conocer las reglas básicas del mercado ni sus perversiones y sin experiencia vital. El efecto de los incentivos, de las ayudas bienintencionadas, de los recortes o de las inversiones, de las subidas o bajadas de impuestos, no es necesario probarlo a ver qué pasa, basta consultar a un experto. Una crisis, ¿para quién? Pocos damnificados, aunque en este país a plañir nos apuntamos todos. Pocos, de los que se quedaron en paro aquellos sin cobertura, y los autónomos y empresarios que dejaron de vender; terrible cuando da igual el esfuerzo, cuando las cosas no salen y lo pierdes todo. Quien no lo ha sufrido no sabe de qué habla; lo he visto tan de cerca que me da pavor.

Izquierda liberal. Esa es la propuesta. Ser liberal está mal visto, respecto a la economía, se entiende; en lo otro, también. Se han llamado liberales los de derechas del capitalismo de amiguetes y los negocios del privilegio que quebrantan los mecanismos de la competencia. Cuánto daño. No es eso, el mercado libre exige reglas, control y juego limpio. Quienes juegan limpio son los individuos, el mercado es trasparente por definición y no triunfa el más fuerte, sino el más hábil. Acabemos con la economía sumergida, que funcione el mercado y con lo recaudado, igualdad de oportunidades y protección social.

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