sábado, 19 de marzo de 2016

Gestionar el riesgo

(Publicado en el periódico El Día el 19 de marzo de 2016)

Político. Riesgo evitable, porque con muy poco funciona un país; suficiente que los elegidos actúen con responsabilidad y erradicar las conductas inadecuadas. Hay quien sostiene que la ausencia de Gobierno o su interinidad favorecen la economía y el libre albedrío, riesgo cero. Y podría ser; esta semana vivimos con cierto alivio la tregua en el estéril debate parlamentario y comprobamos cómo cada día que pasa la política suscita menos interés. Menos leyes, menos trabas, menos efectos perversos de las buenas intenciones. Aunque lo propio sería que el riesgo político fuera estratégico, medido, en búsqueda de una oportunidad, pero riesgo a fin de cuentas: decisiones valientes que pudieran dar lugar incluso a resultados adversos. Pero no, ni siquiera se sopesan las propuestas ni se someten al pertinente análisis de escenarios, incluidos los más pesimistas. Como vemos, solo se negocia su encaje ideológico, que es emocional, nada racional. Alguien podría considerar la acción política como riesgo externo, incontrolable, como la calima africana, que nos afecta a todos sin discriminar, obligados a sobrellevarla con dignidad. Pero tampoco, que trabajen más y que empleen método: negociar política no solo persigue alcanzar un acuerdo, sino que aquello que se pacte sirva para algo.

Futuro. Hay quienes se empeñan en predecir el futuro, esfuerzo vano. Resulta mucho más productivo y menos melancólico tener pensado qué hacer en caso de contingencia. Improvisar es de artistas con especial talento; para todo lo demás, esfuerzo, dedicación y enfoque.

Económico. El futuro es inescrutable pero da pistas. Todavía hay quien se resiste a aceptar que la economía se mueve en ciclos, una certeza despreciada por muchos que dirigen empresas o invierten sus ahorros. Los primeros porque dimensionan el negocio acoplados a las oscilaciones del mercado sin ejercer las funciones propias de su cargo, dimensionar para el ejercicio promedio sería lo correcto, ni exprimir la última oportunidad en periodos de bonanza ni desmontar la estructura cuando llega la crisis. Los segundos, quienes gestionan sus activos, insensatos, materializan pérdidas al vender cuando baja el valor de sus acciones en bolsa o se desprenden de propiedades inmobiliarias cuando el mercado toca mínimos históricos. Invertir en época de vacas flacas fue sin duda la mejor recomendación del profesor Ariño, que nos hablaba de estas cosas arriesgadas. Hay que prepararse, claro; el ciclo económico es un riesgo cierto, y aunque nadie aplauda a quien intenta minimizar sus efectos, otra cosa es aprovecharse de ellos. Puede que Ariño, en plan subliminal, nos vendiera, en analogía, política keynesina pensada para luchar contra el ciclo.

Social. Quisiéramos que fuera un riesgo externo fruto de la coyuntura y de las ineficiencias del mercado pero no; la actual situación social obedece a una nefasta política de incentivos. Porque la administración pública se erige como responsable del bienestar de los ciudadanos; no solo cómo prestataria de servicios básicos, sino como única tabla de salvación, clientelismo o buena voluntad mal entendida. Riesgo evitable porque todos actuamos de encubridores de conductas que abusan del sistema, de la economía sumergida en minúsculas, de los pequeños fraudes cotidianos. Me he quedado solo en la denuncia, lo sé. En algún momento alguien se percatará de que ahí está el dinero que falta para mantener el sistema.

En las organizaciones. Hay riesgo de perder el enfoque y pensar que seremos capaces de alcanzar objetivos sin esforzarnos en ser útiles para usuarios o clientes. Hay riesgo de frustración en el equipo si no nos empeñamos en transmitir ese fin elevado que justifica su esfuerzo, la misión. Conseguir, por ejemplo, que quien limpia en un colegio, trabajo ingrato, entienda que contribuye a la educación de nuestros hijos. Vaya logro.

sábado, 5 de marzo de 2016

Decir que no

(Publicado en el periódico El Día el 5 de marzo de 2016)

A Pedro Sánchez. Así se empieza una negociación. Ya Sánchez y Rivera sabían la respuesta y eso es lo que buscaban: "Dime que no que yo ahora le haré ver a la opinión pública que decirme que no es decir que no a la regeneración que necesita España". El guión estaba escrito y salió a la perfección. Que conste que me gustó mucho la oratoria parlamentaria y el intento -quizás sincero- de tender y de destruir puentes en vivo y en directo. Aunque como debate de investidura estuvo un poco demasiado cargado de retórica electoral. Agotarán los plazos hasta el último minuto y decidirán las encuestas. Si la intención de voto refleja similar incertidumbre, al PSOE no le quedará otra que escorarse hacia el PP y veremos entonces si Sánchez es capaz de ceder la Moncloa a cambio de sus reformas, o al menos de una parte de ellas, aunque sea ante un hipotético sustituto de Rajoy, en su caso. O bien que Iglesias se desprenda de sus facciones independentistas, mantenga 46 fieles y acepte un cargo en el gobierno de PSOE y Cs. Ambas conjeturas resultan muy poco probables; el futuro se muestra impreciso como casi siempre.

Al paro. De eso se trata. En el Congreso estos días insisten en que el paro es el principal problema de los españoles. Pues no, señor Rivera, no es el paro, el paro es la consecuencia de una falta de actividad en las empresas. Requiere fomentar la sana competencia y acabar con la economía sumergida.

A la crisis. Eso parece y así lo explicó Rafael Doménech, economista jefe de BBVA Research: la economía mundial crecerá, un poco más despacio pero crecerá, y la economía española también, por encima de la media europea. Pese al descenso del precio del petróleo o a los ajustes en China, no hay indicadores que permitan prever ningún nuevo cataclismo financiero.

A los mercados financieros. No del todo. Que un gran banco global como BBVA ofrezca a sus clientes invertir en capital riesgo es una absoluta novedad. Invertir en empresas no cotizadas para obtener rentabilidad de su actividad, de vender productos o prestar servicios. Menos inversión financiera y más dinero para la actividad real, con mayores beneficios y con menor volatilidad, según explican. Qué buena noticia, dinero que impulsa empresas y empresas que generan empleo. Mucho mejor que cualquier reforma o contrarreforma laboral.

Al Alzheimer. Todavía no está en nuestra mano ni decir que no ni tan siquiera detener su avance. De momento solo podemos aprender a convivir con la enfermedad y armarnos de paciencia. Primero son pequeños detalles que la persona rellena sin dificultad con otros recuerdos o con imaginación, porque nadie acepta que algo falla, la cabeza busca el atajo para concluir que un despiste es solo un despiste y no un síntoma, hasta que es demasiado tarde. Será difícil arrastrar al enfermo hasta el médico para la evaluación, utilice la persuasión, por su bien, con alguna mentirijilla piadosa, porque insistirá en que no recordar algún detalle no significa que le pase algo. Después la angustia y la frustración, y tus recuerdos son unas fotos, un carnet o una postal antigua. Ya no puede leer un texto porque resulta imposible seguir el hilo, en el segundo párrafo no te acuerdas qué decía el primero. Lo reciente y poco a poco lo de más atrás. Frustración con medicación para sobrellevarla, establecer una rutina, ejercitar esa información menguante y buscar momentos felices. Mandan las emociones, quien muestra cariño es amigo en un mundo de desconocidos y tu familia querría llorar pero hay que sonreír, hoy puede ser un gran día.