sábado, 23 de enero de 2016

#SalvarLaTejita e investir a Sánchez

(Publicado en el periódico El Día el 23 de enero de 2016)

Hotel, no. Debemos entender que Podemos acepta la situación social que vive Canarias con
naturalidad, con estoica resignación. Es lo que hay: paro, pobreza, proyectos vitales en vía muerta y el que quiera otra cosa que coja maleta. Prosperar es de derechas y salir de pobres peor aun, de liberales ambiciosos y sin escrúpulos. Los hoteles son malos y los turistas una plaga. Podemos dice no a la construcción de un hotel en La Tejita, moviliza a sus huestes y azuza a la opinión pública. Ni explica dónde ni cómo es el proyecto, el hotel no hace falta, sostienen, no interesa que haya alguien dispuesto a invertir 40 millones en crear varios cientos de puestos de trabajo. Todo por el medio ambiente, un clásico, la protección de los espacios naturales se queda corta y la libertad de empresa muy larga.

Paradigma. Huelga aclarar que la inversión tiene su licencia y todas las bendiciones de la Ley, que no es poco. Constatar que cuando 60.000 personas normales y corrientes, sin coacción, firman para que no se construya el hotel, estamos ante un fenómeno social que nos obliga a revisar el paradigma; rechazan sin conocer siquiera los detalles. Personas que no ven la oportunidad para otras personas que llevan años sin trabajo, que no comprenden el alcance de una actuación de este tipo, sus efectos positivos sobre la economía local ni el resto de beneficios indirectos. Revisar el paradigma porque puede que la gente de Tenerife, mucha gente, tanta como la que se suma a estas peticiones inmovilistas, haya renunciado a esa mínima ambición necesaria para salir del hoyo.

Hoyos. Los que en Güímar dejó la extracción de áridos, actividad criminal que estará muy pronto vista para sentencia. Y en ellos, para resarcir la tropelía, la alcaldesa Luisa Castro propone desarrollar actividad turística. Una idea poco original pero plausible, para la que encontrará inversores dada la pujanza del sector y la rentabilidad que permite obtener. Y recibe críticas de los mismos del no a todo como si en vez de hoteles hubiera planteado una central nuclear. Hoteles en Güímar tampoco. Tendrá que lucharlo, porque aunque usted no lo crea, primero hay que declarar Güímar municipio turístico y después conseguir que los proyectos sean considerados estratégicos, ambas decisiones políticas y discrecionales, burocracia intervencionista pura y dura.

Parque, sí. Eso le dijeron al promotor de Mimiland, el de los 120 millones a enterrar en uno de esos agujeros de Güímar. Que sí, que puede empezar con el parque de atracciones cuando quiera pero el hotel no. Al final, no hablamos de territorio, sino de la actividad; no se impide ocupar suelo, sino explotar un hotel; no es un problema medioambiental, sino de competencia, de limitar la competencia, leche mercado libre. Una decisión política discrecional para permitir una inversión de cien millones en un terreno degradado en una comunidad autónoma con un tercio de la población en paro: blanco y en botella. Y atentos a ver quién se queja y qué intereses defiende. En Canarias, perseverar en la negativa a tantos grandes proyectos requeriría con urgencia un plan B.

Pacto de izquierdas. La necesaria participación de independentistas declarados en la mayoría parlamentaria que lleve a Pedro Sánchez a La Moncloa exigirá concesiones que podremos imaginar pero que no van a explicar. Bien pensado podría ser una jugada maestra: prometer hasta ser investido y luego postergar lo prometido a sabiendas de la complejidad de articular cualquier otra mayoría. Y a gobernar. En la Cámara, la agenda política la marcará Europa; pacte quien pacte el consenso será igual de difícil de alcanzar.

sábado, 9 de enero de 2016

10.000 millones

(Publicado en el periódico El Día el 9 de enero de 2016)

Personas. Habitarán el planeta en 2080 según el científico británico Stephen Emmott. Sostiene que si tuviéramos la seguridad de que en ese año fuera a caer un gran meteorito capaz de aniquilar el 70% de la vida en la Tierra, todos los países colaborarían para mitigar sus efectos, para buscar soluciones tecnológicas y tratar de evitarlo. En esas estamos, denuncia: la actividad humana tendrá unas consecuencias análogas a tal catástrofe si la comunidad internacional no actúa de inmediato. Explica que la creciente demanda de alimentos y de bienes de consumo requerirá más recursos naturales, suelo y agua, que supondría la irreversible pérdida de hábitats naturales y de biodiversidad hasta comprometer nuestra propia supervivencia. Inquietante, sin duda, pero no sé, denota muy poca fe en el género humano. Si alguien hubiera hecho semejante proyección hace cien años, estaría escrita la completa desaparición de los bosques en Tenerife..., pero llegó la bombona de butano. En cualquier caso, Emmott nos anima a moderar el consumismo asociado al desarrollo por insostenible. Me gusta: el hombre del futuro disfrutará más de las experiencias que de los objetos; la mujer del futuro también.

Regalos. Que repartieron los Reyes Magos a quienes nos portamos bien. El tránsito de los deseos tangibles a los intangibles nos liberará de toda esta polémica.

Una entre 10.000 millones. Es la probabilidad de que en las próximas semanas se fragüe la "gran coalición" a la alemana entre el PP y el PSOE, estable, responsable y en proporción al apoyo electoral. Ninguna esperanza. Ni en ningún otro pacto para formar gobierno. Ni los números dan para mucho más ni hay tradición de diálogo ni capacidad de transigir un centímetro frente al eterno adversario. Abocados a una segunda vuelta electoral, la del regreso al bipartidismo -quizás esta vez entre PP y Podemos-, otro domingo, que coincida con las elecciones catalanas. Una segunda vuelta y veremos el repunte de la abstención por hartazgo, la extinción del PSOE como un suicido asistido y la liquidación del etéreo y melifluo proyecto de Ciudadanos. Y veremos, en definitiva, qué quiere España, derecha o izquierda, porque la posibilidad de entendimiento, para desgracia nuestra, es todavía una entelequia. La coalición salvaría al PSOE y aportaría un enfoque inédito a la vida política que tanta falta nos hace, llegar a grandes acuerdos para los temas de enjundia, ahora o nunca. Pero no nos caerá esa breva; seré optimista pero no iluso.

Sonrisas. Las de los recién investidos diputados en Cortes. Están contentos porque entrar en política es un fin en sí mismo cuando solo aportas las ganas. Los partidos y sus señorías deberían tomarse todo esto un poco más en serio y disimular por respeto si el objetivo alcanzado era meramente personal. A muchos la alegría les va a durar bien poco.

Indemnización. Por la moratoria turística, que no son tantos pero ya es dinero. Curiosa coincidencia: 165 millones, los mismos del IGTE que Fernando Clavijo pretende todavía repartir; mira por dónde, para el primer año discusión resuelta. Aunque no creo que esto deba quedar así, como si no hubiera pasado nada: primero el Constitucional en octubre, que salió en defensa de la libre competencia para decir que no se ajusta a derecho y ahora el Supremo para darles la razón a los directamente perjudicados. El Parlamento de Canarias aprobó una ley que prohibía la construcción de hoteles que no fueran de cinco estrellas con su justificación peregrina, el anuncio de su aprobación produjo un exceso de oferta, después impidió inversiones y muchos puestos de trabajo, y al final enormes indemnizaciones. Qué desastre, qué importante no jugar a hacer leyes.


(10.000 Millones, 10 Billion en su denominación original, es el título del libro y documental elaborado por Emmot y su equipo)