sábado, 26 de diciembre de 2015

Pluralidad, dictadura de la minoría y la segunda vuelta

(Publicado en el periódico El Día el 26 de diciembre de 2015)

Deseos de año nuevo. España no se arregla con un nuevo gobierno. Da igual quiénes se pongan de acuerdo o qué alcancen a negociar. Ni un gran pacto de Estado ni un precario entente de izquierdas. Da igual. Los males de este país no los puede solucionar un gobierno, al menos en el corto plazo. Oiremos hablar de puntos de encuentro y de líneas rojas, de la voluntad de cambio, de búsqueda del consenso, en definitiva, todo tipo de interpretaciones respecto a lo que los españoles expresamos en las urnas el pasado domingo. Todas las propuestas de regeneración, de todos los partidos, son muy tibias, inocentes y serán ineficaces porque desprecian la capacidad del español medio para defender su status individual. Ni el PP, con su aplastante mayoría y cierta intención, pudo reducir las administraciones públicas ni pasar de un mero maquillaje a las cadenas que nos impiden avanzar en lo económico y en lo social. Sin voluntad individual para cambiar no hay esperanza.

Voluntad individual. No es cuestión de ideología. Para apostar por la igualdad de oportunidades, por poner un ejemplo, mezclemos a los niños en los colegios públicos y concertados, con unos horarios compatibles con la actividad laboral de los padres y una formación intelectual y emocional adaptada a esta época. Cualquiera firmaría tan bonita declaración de intenciones, aunque después, en la práctica, sean muy pocos los dispuestos a que sus hijos compartan aula con determinado perfil marginal, a desprenderse de ciertos privilegios que "se permite" en la educación concertada o, el profesorado, a perder derechos con una jornada lectiva acorde al resto de los trabajadores. Y así con todo: imposible mejorar la sanidad si los médicos no quieren, imposible generar empleo mientras se tolere la economía sumergida.

Pluralidad. Ninguna sorpresa. La ingobernabilidad cantada por las encuestas desde hace meses. O un poco probable gobierno en minoría o vamos a una segunda vuelta. Y no nos engañemos, si los españoles hubiéramos querido una república bolivariana, podíamos haber votado por esa opción; si hubiéramos querido más Mariano, tendríamos otra mayoría del PP. En cualquier caso somos muy ilusos. De esta encrucijada se sale con sentido de Estado, responsabilidad para con las generaciones futuras y todas esas arengas que todavía nos quedan tan grandes.

En manos del PSOE. Una vez más el futuro en sus manos. Impecable primer round, por cierto, el contundente no de Sánchez a Rajoy era lo propio. Igual que la CUP dijo que no a las pretensiones de Artur Mas para conseguir que se bajara los pantalones. Mucho tendrán que ceder el PP o el PSOE si quieren gobernar. Queda por ver ante quién ceden y qué líneas rojas están dispuestos a cruzar. Cesiones mutuas o frente a Podemos, el tercero en liza. Qué paradoja, atender las demandas del holding de Iglesias nos conduciría a la dictadura de la minoría. Inquietante, la mayoría plegada a los doce diputados de En Comú Podem, precisamente quienes participan en el sistema para acabar con él. Y podría ser, la ambición es ciega y por gobernar hay quienes están dispuestos a todo, todo todo, como decía el cura de Tegueste. Cuestión de presupuesto, de cuánto está dispuesto a perder el PSOE: no actuar conduce a la segunda vuelta con el riesgo de que el voto polarizado los elimine del mapa, transigir con el PP puede que sea más barato, apelar a la unidad y esperar un par de años a que las huestes de la izquierda se fagociten entre sí.

Felicidades. No todo es política, a brindar con vino de nuestras medianías: "Salud, salud y salud, y lo demás te lo buscas tú".

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Pague, por favor, pague bien

Pagar bien, en forma y plazo, no solo es indicativo de satisfacción por el servicio recibido sino que
también refuerza su reputación y le permite enfrentarse al mercado con una clara ventaja.

Como ejemplo un estimado empresario de aquí, de Santa Cruz, con su gran empresa, que cerrado el pedido realiza la transferencia sobre la marcha. Muy confiado, pensará usted, que asume un riesgo innecesario, suicida, incluso.

Pues no, veamos qué ocurre.

Primero hace una ronda con sus proveedores habituales, comprueba disponibilidad y precios. Ya lo conocen, saben que atender bien a este "cliente especial" puede que no les dé mucho margen, pero consiguen liquidez de inmediato. Se afanan en apretar los precios, en satisfacer las pretensiones del plazo de entrega y demás condiciones de la compra.

Siempre obtiene el mejor precio del mercado. Quien recibe el pedido (y el ingreso) sabe lo que se juega, le da prioridad, destina su mejor personal, sabe que si no falla, si cumple, habrá más pedidos en las mismas condiciones.

Es un cliente especial solo por que paga bien, qué cosa, y consigue descuentos muy superiores al coste financiero de 60, 90 o 120 días de demora, además simplifica su gestión de tesorería, su gestión contable, son todo ventajas.

Para quienes nos dedicamos a la actividad profesional la decisión es fácil, está condicionada. Si tenemos dos trabajos que entregar, primero el que antes se cobre, una cuestión de supervivencia.

En el otro lado, pagar mal, con retraso, ensombrece una correcta relación comercial. Llegamos a un acuerdo, se presta el servicio, resulta satisfactorio y luego... y luego hay que estar dando la lata para ver qué pasa con la factura. Cuántas horas perdidas, cuánto prestigio malogrado por no estar atentos a una cuestión tan sencilla.

Pague, pague rápido, incúlquelo en la organización, todo fluirá mejor, verá como se ahorra un buen dinero y que todos sus proveedores son más felices, más eficientes.

Pruébelo, cuando sea ese "cliente especial" no querrá dejar de serlo.


sábado, 12 de diciembre de 2015

Mi voto útil

(Publicado en el periódico El Día el 12 de diciembre de 2015)

Para Bertín. Sin duda la mejor opción. Después de tan televisiva, íntima y edulcorada comparativa me quedo con Bertín.

Alternativas. Confieso que ya no sé qué propone cada cual. Me perdí. Me gusta todo en general. Entre todos han conseguido crear la visión de una España nueva, regenerada, más bonita. Querría votarles a los tres, tan capaces, tan ecuánimes, tan, tan. A cada uno por un motivo. Tan modernos, tan correctos, tan educados, casi tanto como el propio Bertín, tan amigos. Pero votar por todos no puedo.

Utopía. Me encanta, que conste: sin idealismo no hay futuro. La voluntad de dialogar, las promesas para el castillo de naipes, como de carta a los Reyes Magos, dicho sin ironía alguna. Imaginación al fin, a veces disparatada, pero imaginación para esa nueva política. Ya no hay izquierdas ni derechas -murieron- hay consenso para la educación y para la sanidad públicas, hay ideas para la economía, hay impuestos que bajan, que suben o que se mantienen. Cada programa encierra su propia utopía para la felicidad pero ninguno desciende al origen de los problemas: todos aportan soluciones superficiales, inocentes, que desprecian la capacidad del español de a pie para vacilarse del sistema. No somos un pueblo a la altura de la voluntad de sus aspirantes a gobernantes. Explotaríamos la "renta básica garantizada" hasta sus últimas consecuencias, nos engancharíamos en masa al "IRPF negativo" con efecto retroactivo, perpetuaremos el sistema piramidal de pensiones mientras la natalidad sigue a la baja. Toda reforma tropezará con los derechos adquiridos, los convenios colectivos y la complicidad de los juzgados de primera instancia. España necesita una revolución en toda regla y esto de ahora es solo maquillaje.

Nuevo gobierno. En cualquier caso, apasionante cita electoral. Me atrevo con la quiniela para esta confrontación a cuatro. Si Albert Rivera cumple su palabra de no pactar para gobernar se reducen las opciones, para Ciudadanos mayoría o nada. El PP también se queda solo, parece, descartado también el idilio con la izquierda. Podría ocurrir que la suma del PSOE y Podemos supere a la mayoría presumible del PP y que se pongan de acuerdo, podría ser. Aunque no parece probable que ninguna de las opciones, en solitario o ese único pacto no descartado, llegue a la mitad más uno de representantes. Por tanto, será responsabilidad de la lista más votada conformar gobierno y responsabilidad del resto permitir que eso ocurra y tolerar que el nuevo bienaventurado presidente tenga su oportunidad. Si me pongo optimista -obligado-, entraremos en una inédita etapa de búsqueda del consenso parlamentario. Si me pongo realista -obligado también-, iremos de cabeza a una segunda vuelta electoral.

Para Canarias. Soraya da la cara por Rajoy y justifica "somos un equipo" y entonces pienso en "los jugadores" de cada partido en Canarias. El PP y su ministro que se digna en campaña, el PSOE con sus históricos y los muchachos de Román, Podemos con sus, en fin, y Ciudadanos con unos que pasaban por allí. Para ninguno Canarias pinta una mona. El PP ha pasado por completo como antes lo hizo el PSOE, quizás más voluntarista pero muy poco efectivo, y los nuevos suficiente tienen con tratar de rascar algo con el carisma de sus líderes. Nada del REF, nada de las inversiones pendientes, nada de la quinta libertad aérea, nada de nada para sacarnos del vagón de cola. Estamos jodidos, con perdón, gane quien gane o pacte quien pacte, condenados. Al final tendré que valorar el derecho al pataleo que ofrece Coalición Canaria, Ana Oramas y Carlos Alonso, para que al menos nos pongan en el mapa.

martes, 1 de diciembre de 2015

Reputación

No suele estar en los libros de management pero es un factor determinante para predecir el comportamiento de una empresa respecto a nuestras relaciones con ella, si somos clientes o proveedores.

En nuestra interactuación con el mercado exigimos fiabilidad. Cuando elegimos un proveedor queremos que no nos falle y por tanto, no siempre nos quedamos con el más barato, sopesamos otras cuestiones. Por ejemplo, una buena experiencia anterior o el conocimiento de alguien de la plantilla que responda, alguien en quien confiemos, o referencias positivas de otras personas, es decir, un prescriptor, o que sea una marca reconocida de prestigio, ... ¿qué más?

El director financiero de una gran empresa contratará un aplicativo de gestión SAP de 600 mil euros y ni siquiera considerará una oferta de un proveedor local con desarrollo propio en el que deba invertir solo 60 mil. Todos conocemos algún caso. ¿Por qué lo hace? Por tener la espalda cubierta, SAP es lo mejor (eso dice la fama que precede) y todo el mundo lo sabe, aunque ese proveedor local esté predestinado a ser la nueva "startup" de éxito de la década...

Un gran banco no aceptará una operación financiera de dudosa legalidad, por muy lucrativa que sea, porque no quiere verse envuelta en ningún conflicto que pueda poner en entredicho su transparencia y estricto cumplimiento de las normas. Alguno incluso liquidó las preferentes antes de que se montara el escándalo, ni los clientes se vieron afectados ni saltó a la opinión pública...

Salvo en contadas ocasiones -pienso en la telefonía- que son inmunes a las reclamaciones, las grandes empresas ofrecen un plus porque tienen algo que perder que han tardado años en conseguir: ese prestigio, deben cuidar su reputación.

Por cada comentario negativo sobre una empresa, se requiere cinco positivos que contrarresten. Deben cuidarse, no es lo mismo que un proveedor desconocido incumpla, a que lo haga un operador que se ha ganado el puesto por sus méritos propios. Cumplir, cumplirá que eso es lo importante, aunque no resulte una operación muy rentable.

Piénselo, ganar reputación es un intangible de enorme valor.

(Publicado en www.cajasietecontunegocio.com)