jueves, 13 de agosto de 2015

Asesoramiento externo

La contratación de profesionales externos a la empresa, aunque solo sea para la ejecución de cometidos puntuales, no es una cuestión sencilla. Al empresario le cuesta decidirse porque cree que nunca tiene suficientes referencias que garanticen la confianza que este tipo de relación exige. En definitiva pretendemos que alguien ajeno a la empresa nos dé su punto de vista, nos diga cómo realizar determinadas tareas o verifique que las cosas se hacen cómo se deben hacer.

Y, claro, es difícil encontrar a ese alguien que sea capaz de comprender qué pasa en nuestra empresa y de aportar algo trascendente, aunque hablemos de cuestiones de alta especialización técnica como la fiscalidad, los aplicativos informáticos o el marketing…

Aparece un pensamiento contradictorio. Tenemos claro que algo hay que hacer, que no mejorar todos los días supone perder competitividad, vemos que nuestra competencia innova, abre nuevos canales de comercialización e incluso que sus trabajadores tienen más iniciativa que los nuestros… pero, pero, “si como empresario he llegado hasta aquí, ¿qué me viene a contar este chaval?, digo yo que si supiera hacer todo eso que dice que sabe hacer, sería empresario y ganaría mucho dinero… los consultores solo nos dicen lo que ya sabíamos, no aportan nada nuevo”. Vaya dicotomía.

Hay quien incluso se decide y recurre al asesoramiento externo y trata de verificar que el asesor contratado, como-ya-suponía, no sabe nada. Y entonces lo somete a interrogatorio y cuestiona cualquier recomendación, discute cualquier comentario, pone pegas a cualquier sugerencia.
El empresario y su equipo se “defienden” de la persona que han contratado: cuanto más fracaso de la acción de asesoramiento, más satisfacción. Todo para demostrar quién es el gallo que manda en el corral. Vaya fracaso.

En estos casos mejor es abstenerse, créame. Quienes se dedican a la consultoría tienen corazón y el dinero no compensa todo ese proceso de mal trago. Corazón y experiencia.
Pueden aportar ideas novedosas, resolver cuestiones sencillas, aplicar procedimientos que se utilizan en otros sectores para atacar problemas recurrentes.

El consultor externo es una ayuda, es alguien a quien preguntar, con quien hacer equipo durante ese corto periodo de tiempo. El consultor no trae todas las soluciones bajo el brazo como un mago con su varita, no se trata de eso, ese no es su papel. Es una pieza fundamental para ayudar a encontrar soluciones desde otro enfoque, para ayudar a plantear el negocio desde otro ángulo, … porque las cosas no cambian si hacemos siempre lo mismo. Esa voluntad de “sacarle partido” a ese profesional que asesora es la clave del éxito.



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