sábado, 22 de agosto de 2015

El problema moral de las aguas residuales

(Publicado en el periódico El Día el 22 de agosto de 2015)

Depurar. O no hacerlo. El trasfondo es una cuestión moral. Las partes en litigio sabían del asunto desde hace años, guardado en la gaveta hasta que alguien en el Gobierno de Canarias decidió mandar la sanción. Sabían que el sistema de depuración en Santa Cruz no es suficiente, que nunca funcionó al máximo de su capacidad y que el "by-pass" al mar era la solución rápida, barata y satisfactoria. No ahora en 2015 ni el año pasado ni hace cinco, un problema que nadie se ha propuesto a resolver. El alcalde Bermúdez actúa bien, después de toda una legislatura indemne; "que sea una instalación insular", exige, aunque ya lo era, por recoger aguas de los tres municipios. Que le pregunte a Pepe Fernández, gerente del Consejo Insular de Aguas, y que le pida explicaciones de por qué en Adeje-Arona, sí, y en el área metropolitana, menos. Javier Abreu da en el clavo y se pregunta por qué le cobran un servicio que no se presta. Javier, le cobran la depuración a La Laguna y a cada hijo de vecino en el recibo bimensual. Por eso hablo de conflicto moral, por no mencionar el penal que debería llegar después, por lo económico y lo medioambiental, de oficio, si confiamos en la Justicia.

Depurar. Responsabilidades, que las hay, que todo este contubernio se perpetra a plena luz de día sin que nadie niegue la inacción ni los vertidos. Cabría preguntar a qué se dedica el dinero recaudado para este fin, porque hubo un tiempo en que la empresa pública destinó mucho a dotar insultantes planes de pensiones para su personal directivo, ¿y ahora con la empresa mixta? Cabría preguntar también si en el famoso último contrato de concesión, el de Zerolo y Las Teresitas, no estaban contempladas las obras para el cumplimiento normativo y por qué no se han ejecutado, en su caso. Además, que desde el gobierno autónomo contesten por qué la denuncia llega ahora y no mil años antes, que hubiera servido, como ha ocurrido, para que se sienten a resolver el tema, y qué hará la nueva directora general en defensa de los consumidores para restituir el dinero cobrado por el servicio no prestado. Esperamos respuestas.

Depurar. Las aguas negras, se entiende, una obligación legal. No solo en Santa Cruz, sino en muchos otros municipios en toda la isla, en todas las Islas. Porque los vertidos son de titularidad municipal, ojo, que por eso es el Ayuntamiento de Santa Cruz quien recibe la denuncia, por muy obligado que esté el Consejo Insular a coordinar las infraestructuras de ámbito comarcal. Alcaldes y concejales, actúen, porque el problema es suyo y las consecuencias penales también. Lo de pedir dinero a Madrid es una solución que permite achicar balones y echarle la culpa al PP, aunque lo suyo es que las depuradoras se financien con el dinero de la tarifa que paga el usuario y la venta del agua depurada.

Depurar. La política y los intereses de parte. Tanta matraca en defensa de nuestras playas contra las prospecciones del petróleo para evitar el apocalipsis del modelo turístico, mientras millones de litros de aguas residuales se van al mar todos días sin tratar. El piche era una hipótesis que quedó en nada y la caca que flota es una realidad que a nadie parece importar.

Depurar. La conducta de las personas e introducir criterios morales. En nuestra sociedad española cualquiera justifica incumplir normas y contratos. La falta de vocación de servicio público desautoriza el monopolio, nefasto para el interés ciudadano. Competencia regulada o férreo control. Porque el dinero se impone a cualquier precio, qué horror.


jueves, 13 de agosto de 2015

Asesoramiento externo

La contratación de profesionales externos a la empresa, aunque solo sea para la ejecución de cometidos puntuales, no es una cuestión sencilla. Al empresario le cuesta decidirse porque cree que nunca tiene suficientes referencias que garanticen la confianza que este tipo de relación exige. En definitiva pretendemos que alguien ajeno a la empresa nos dé su punto de vista, nos diga cómo realizar determinadas tareas o verifique que las cosas se hacen cómo se deben hacer.

Y, claro, es difícil encontrar a ese alguien que sea capaz de comprender qué pasa en nuestra empresa y de aportar algo trascendente, aunque hablemos de cuestiones de alta especialización técnica como la fiscalidad, los aplicativos informáticos o el marketing…

Aparece un pensamiento contradictorio. Tenemos claro que algo hay que hacer, que no mejorar todos los días supone perder competitividad, vemos que nuestra competencia innova, abre nuevos canales de comercialización e incluso que sus trabajadores tienen más iniciativa que los nuestros… pero, pero, “si como empresario he llegado hasta aquí, ¿qué me viene a contar este chaval?, digo yo que si supiera hacer todo eso que dice que sabe hacer, sería empresario y ganaría mucho dinero… los consultores solo nos dicen lo que ya sabíamos, no aportan nada nuevo”. Vaya dicotomía.

Hay quien incluso se decide y recurre al asesoramiento externo y trata de verificar que el asesor contratado, como-ya-suponía, no sabe nada. Y entonces lo somete a interrogatorio y cuestiona cualquier recomendación, discute cualquier comentario, pone pegas a cualquier sugerencia.
El empresario y su equipo se “defienden” de la persona que han contratado: cuanto más fracaso de la acción de asesoramiento, más satisfacción. Todo para demostrar quién es el gallo que manda en el corral. Vaya fracaso.

En estos casos mejor es abstenerse, créame. Quienes se dedican a la consultoría tienen corazón y el dinero no compensa todo ese proceso de mal trago. Corazón y experiencia.
Pueden aportar ideas novedosas, resolver cuestiones sencillas, aplicar procedimientos que se utilizan en otros sectores para atacar problemas recurrentes.

El consultor externo es una ayuda, es alguien a quien preguntar, con quien hacer equipo durante ese corto periodo de tiempo. El consultor no trae todas las soluciones bajo el brazo como un mago con su varita, no se trata de eso, ese no es su papel. Es una pieza fundamental para ayudar a encontrar soluciones desde otro enfoque, para ayudar a plantear el negocio desde otro ángulo, … porque las cosas no cambian si hacemos siempre lo mismo. Esa voluntad de “sacarle partido” a ese profesional que asesora es la clave del éxito.



sábado, 8 de agosto de 2015

Primero Cataluña y después Canarias

(Publicado en el periódico El Día el 8 de agosto de 2015)

Inadmisible. No hay nada peor que el amor no correspondido. Cumplimos las exigencias de déficit,
seguimos en el pódium de toda estadística negativa, empezando por el paro, y nada: al gobierno del PP no le merece la pena invertir en Canarias. Los canarios somos un pueblo dócil, crédulo y ultraperiférico. Y no exagero: 123 euros por habitante asignados a las Islas frente a los 586 que invertirá el Estado en la ancha Castilla. Nuestro famoso REF no sirve ni como excusa para explicar por qué Canarias debería (debe) recibir mayor inversión pública, les da igual. Esto funciona todavía al estilo de las viejas colonias: la reserva de ciertos monopolios estratégicos, la aduana que nos impide participar en el mercado globalizado y tratar a nuestros representantes en Cortes a cuerpo de rey, que en Madrid, con pasta, se vive muy bien.

Responsables. Preguntemos a los nueve diputados canarios del PP, incluido un ministro, elegidos por la mayoría de los canarios: Celia Alberto, Matilde Asián, Paco Cabrera, Guillermo Mariscal, Águeda Fumero, Pablo Matos, Ofelia Reyes, Manolo Torres y José Manuel Soria, ojo, ni Asier Antona ni Antonio Alarcó. Conocemos la respuesta: nos intentarán convencer de que el castigo podía haber sido mucho peor. Preguntemos a los canarios que eligieron por mayoría a este equipo campeón, en qué pensaban, si se arrepienten con dolor de corazón y propósito de enmienda, y si aceptan la penitencia con católica resignación. Alguno de estos nueve, los nueve, incluso, podrían jugarse el puesto por defender Canarias para que saliera mejor en la foto de los Presupuestos Generales. Pensará usted que eso no me lo creo ni yo, que estos figuras no van a mover un dedo. Tiene razón, no hay coraje para plantear siquiera dejar de ser medianeros.

Confianza. Se recupera el bipartidismo y pierden fuelle los partidos emergentes. Habrá que reconocer que la gente prefiere borrachito conocido que alcohólico anónimo. No se fían de unos ni de otros y por eso siempre gana la abstención aunque a nadie le importe. No se fían de los partidos nuevos que van de demócratas y no lo son, repiten las mismas conductas en el poder. Tampoco del PP ni del PSOE, que son más de lo mismo. Algo ha cambiado, sin embargo, porque hace nada parecía imposible fundar un partido con expectativas de triunfar y se ha demostrado que sí se puede. Queda espacio para otro nuevo proyecto político que conquiste a los que no votan y a quienes no les convence nada de lo que ven.

Detalle. Sufrimos al camión de la basura mientras disfrutábamos de una cálida noche de verano. Así, de tú a tú, cerquita, sentados en la terraza de un bar. El propietario se disculpa, sabe que no es agradable, "ocurre todos los días -relata-, pasan muy pronto, con la gente todavía cenando, por aquí delante y por todos los negocios de la zona". Queda todavía una hora para cerrar la cocina, luego recogen y después sacan la bolsa al contenedor y ahí queda hasta el día siguiente. "Bastaría retrasar la ruta hora y media", sentencia. Ni los responsables municipales ni la empresa concesionaria saben del problema. El servicio se presta a saco, plim, plam, no hay nadie en el detalle. La excelencia no requiere más dinero ni más recursos, solo escuchar, observar con atención y proponer pequeños ajustes. Los servicios públicos son muy fáciles de gestionar cuanto todos los implicados tienen interiorizado para qué se prestan.

Augurio. Cuando sea viejito vaticino tener mucho poder e influencia, por viejo, no por diablo, con tanta experiencia y sin apenas competencia: todos mis contemporáneos llevarán muchos años en modo "me da igual".


lunes, 3 de agosto de 2015

Inspección constructiva


image-2CSP. Si es que si no se puede es que no se puede. Son las 7 de la tarde de un sábado en una céntrica  calle muy transitada, el operario lo intenta pero no lo consigue, solo atasca, hace que los transeúntes tropiecen, no puede barrer, imposible y se convierte en un obstáculo más en la vía pública. Y no hace nada mal, solo que no hay sitio. Ese día y a esa hora seguro que se trata de un servicio de apoyo que pretenderá hacer un repaso ante la gran aglomeración de personas. Pero no consigue nada, no puede ni mover el carro ni mucho menos utilizar el cepillo.

Estamos en una zona turística, son las diez de la mañana. En el paseo junto a la playa hay mucha gente que hace cosas distintas. Muchos turistas que practican running o que solo caminan para aprovechar las horas de menos calor. Comparten acera con los trabajadores de las empresas de logística que completan sus repartos, el suministro para la restauración y el comercio. La máquina del servicio municipal pretende completar el baldeo: imposible sin mojar a las personas, para, continua, espera, no puede.

En la ciudad en el barrio del ocio tranquilo. Se han puesto de moda unos cuantos locales con sus terrazas en la calle, atraen un público de mediana edad que conversa. A las 11 de la noche deben recoger el tinglado para no molestar a los vecinos. A las 10 de la noche, todos los días, pasa el camión recolector en su ruta para retirar los RSU. Los clientes protestan por el ruido y los olores, están cenando. A las 11 y media las cocinas de esos restaurantes terminan la jornada y depositan la basura en los contenedores... allí quedará hasta el día siguiente.

Situaciones cotidianas, ejemplos reales estos tres casos, que se resuelven con una inspección constructiva que observe cómo y cuándo se ejecutan las diferentes tareas que forman parte del servicio público. Que observe y aplique sentido común. Que escuche a los implicados y que busque el consenso entre todas las partes implicadas. La diferencia entre un servicio deficiente y otro excelente no siempre es cuestión de más recursos ni de invertir más dinero, casi siempre se consigue si se emplean bien las cartas.