sábado, 11 de julio de 2015

Próxima parada: esperanza

(Publicado en el periódico El Día el 11 de julio de 2015)

Preámbulo. Nadie esperaba un discurso de investidura que invocara al espíritu de Tolstói para llamar a la revolución pacífica. Fernando Clavijo transitó los lugares comunes de la ultraperiferia, el crecimiento sostenible, el fomento y el impulso. Ideas claras, pragmático y predecible. Sin embargo, parece alguien distinto.

Consenso. Es lo que tiene tender la mano, que descoloca a los que están en otra onda. Una reacción natural, que conste: la actitud frente a los acontecimientos en la gestión del cambio arranca siempre con escepticismo. Eso afirman Alan Hooper y John Potter, profesores de liderazgo de Reino Unido, cuando estudian qué pasa en cualquier importante transición en una organización, esquema extrapolable a nuestra situación socio-política. Escepticismo y después una etapa de entusiasmo, de optimismo creciente, a medida que se definen las acciones a implantar. Efímero, porque los cambios tardan demasiado, los resultados no se ven, la propia actividad sufre, se instala el pesimismo hasta que alguien cuestiona si en verdad tanto esfuerzo merece la pena. En ese momento habrá críticas feroces de los opositores, los saboteadores celebrarán el fracaso y cundirá el desánimo entre los que pretenden "cambiar la historia de esta tierra", como propuso poético el aspirante... La historia personal de quienes vivimos en ella, seguro que quiso decir.

Constancia. Si persevera durante el "paso del desierto" empezarán a vislumbrarse pequeñas mejoras que poco a poco servirán de combustible para seguir adelante. Entonces alguien comentará que quizás no fue tan mala idea y aparecerán los primeros resultados. Esto va así. Si se consigue que todos empujen se llega antes y si colocan palos en las ruedas se tarda más. El equipo de gobierno no solo debe propiciar el cambio, sino también denunciar las zancadillas y esquivar los golpes. Atentos a la oposición, de la que esperamos una conducta acorde a las circunstancias y al nuevo talante de los partidos del pacto. Responsables todos.

Medidas. Este proceso requiere ideas, liderazgo y enfoque. El análisis ya está hecho, un diagnóstico preciso que todas las fuerzas políticas se han esforzado en transmitir. Ahora hay que ponerse. Y deben ser exigentes, ya no hay más tiempo para medias tintas ni paños calientes. El nuevo gobierno que se empeñe en facilitar la actividad económica, como prometió el presidente entrante, como única vía para hacer funcionar el sistema. Y luchar contra el fraude para el mismo fin, no solo contra el fraude fiscal. Y plantear medidas a largo plazo con valentía y hablar con Madrid de otra manera y reconstruir el REF para que sea un verdadero instrumento diferenciador.

Utopías. La herencia a beneficio de inventario. Porque el punto de partida es el que es y no otro, y por tanto hay intenciones que será difícil transformar en otra cosa. Incorporar las universidades a la vida civil, enseñar idiomas con eficacia o mejorar la sanidad pública, seremos pacientes. Entre todas, el sueño recurrente de devolver la agricultura al papel protagonista en nuestro paisaje, hasta el punto de proponer avanzar en la soberanía alimentaria. Vaya paquete para el debutante Narvay Quintero, que no solo deberá luchar por los dineros de Europa para los cultivos de exportación, sino que también tiene el encargo de incrementar el autoconsumo, de papas, se entiende, que el de electricidad José Manuel Soria, lo tiene prohibido. La agricultura y su dicotomía, como elemento etnográfico o como actividad económica productiva. Siempre el problema es de comercialización: imaginación para competir en el mercado, para poner en valor su verdadero valor, garantizar la trazabilidad, organizar a los productores, simplificar cómo se factura. Menos burocracia, en definitiva, la solución parece que siempre es la misma.


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