jueves, 2 de julio de 2015

Herramientas de alfarero

Todavía hay empresarios convencidos de que sus empleados solo quieren más dinero por menos trabajo: la aspiración de todo asalariado, que tendría otras muchas cosas que hacer si no necesitara ganarse el sustento. Y no están contentos, imposible, claro, unos con el enemigo en casa y otros viendo la vida pasar.

Las empresas son otra cosa. Son el proyecto transcendente de sus promotores, incluso más importante que su propia familia, como afirma un buen amigo empresario, en el extremo. Una empresa es mucho más que un balance saneado y unas expectativas de crecimiento, es una idea transformada en realidad, una superación constante, sobre todo al principio, y un logro del que estar orgulloso. Alcanzar, además, felicidad personal es una aspiración legítima.

Para mejorar el funcionamiento de la empresa hay herramientas, no solo para las cuestiones productivas, sino también para hacer más fluidas y saludables las relaciones personales.

Uno. Elegir bien cada nueva incorporación, valorar experiencia y capacidad, y que atesore habilidades personales y que caiga bien: basta aplicar más intuición en la selección de personal. Además, ser implacable con la falta de respeto, intolerante con los comportamientos vejatorios, egoístas, acabar con las puñaladas traperas, los rumores y todo aquello que puede socavar las relaciones entre compañeros. Ser implacable significa despedir, sí claro, con dinero por delante, siempre el menor de los males.

Dos. Establecer una dirección por objetivos en la empresa, qué todos los empleados sepan a qué se dedica, qué valor aporta a sus clientes, cuáles son los planes para cada ejercicio, qué cosas son más importantes para tenerlas controladas y cómo va a ser ese control y qué resultados esperamos obtener. Si el empresario consigue implicar a sus empleados en la consecución del logro habrá andado la mitad del camino.

Y tres. Delegar, claro, aunque al principio dé vértigo. Hay que delegar, porque una empresa no puede funcionar dando y recibiendo órdenes. Cada cual en su puesto que asuma la responsabilidad de su trabajo, que sea parte implicada. No hay más.

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