miércoles, 10 de junio de 2015

Relaciones entre empleados, jefes y viceversa

Son frecuentes las experiencias traumáticas en el entorno laboral y no solo con algún jefe déspota o maleducado sino también con compañeros a cargo, con los que muchas veces resulta difícil la comunicación.

Una parte del problema tiene su origen en la situación socio-económica, el escaso dinamismo de la demanda de empleo, las reglas de contratación, las indemnizaciones por despido y el acceso al subsidio del paro. Todas estas cuestiones “atan” a trabajadores y empresarios de tal forma que, ni unos ni otros, son capaces de extinguir la relación laboral cuando las relaciones personales no funcionan. Por lo general cualquiera se divorcia cuando empieza a sufrir las consecuencias de una ruptura emocional... pero, en este caso, cuando la relación laboral se enturbia, no siempre hay dinero para poner en práctica esa medida definitiva. Unos y otros están condenados a entenderse: pues sí.


Otra parte del problema son las expectativas por ambas partes. Ni incorporamos a nuestro ahijado a la empresa ni compramos un amigo ni el contratado se va a integrar en una familia de acogida. Las relaciones laborales son lo que son y no otra cosa, conviene mantenerlas en un plano estrictamente profesional. Eso no quiere decir que no haya afecto ni camaradería ni respeto mutuos, que por supuesto, sino que deben ceñirse a las cuestiones laborales. Son vínculos muy intensos también, pero de otra índole: hablamos de compartir la visión del negocio, de luchar por unos objetivos comunes, de trabajar con una misión determinada enfocada a satisfacer las necesidades de los clientes y de quienes queremos que sean nuestros clientes. Si a la empresa le va bien nos va bien a todos que crecemos con ella.

Surgen los conflictos cuando se pierde el combustible primario de la relación laboral, es decir, cuando no hay visión o no se comparte, cuando no hay unos objetivos por los que luchar o no se mide su cumplimiento o cuando la empresa no tiene clara su misión. Y entonces entran en juego los sentimientos, esos que no deben gobernar una relación de trabajo, y con los sentimientos llega la frustración, el enfado y todo eso que no interesa que forme parte de nuestra vida laboral.


El próximo 17 junio de junio daremos una conferencia sobre este tema en el ex convento de Santo Domingo, en La Laguna, entrada gratuita con inscripción previa [pincha aquí].

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