martes, 16 de junio de 2015

Ciudadanos, ¿qué pasó en Canarias?

La doble apuesta Díaz - Cifuentes le va a costar carísimo a Ciudadanos. Impagable labor de “partido regulador”, como dice Pedro J., aunque condenado a desaparecer, auguro, con el trabajo hecho, eso sí, igual que la UCD de la primera transición. Formidable política de compromiso con renuncia expresa a la poltrona: limpieza sin maquillaje, bravo. Esto de no querer “pastar en el presupuesto”, como afirmaba Galdós, es algo nuevo, de dudosa eficacia electoral, pero de enorme significado. Ciudadanos ha podido dar la mayoría a cambio de regeneración, loable sacrificio, pero cuando acabe el arbitraje llegará el fin, insisto, y se admiten apuestas.

Aunque nadie lo reconoce, Ciudadanos fracasó en Canarias. Obtuvo unos resultados muy por debajo de la media nacional. Primero, por una timorata implantación territorial que acabó por pagar en las urnas, después, por la incapacidad para proponer algo más que medidas profilácticas en una comunidad autónoma a la cola de toda estadística socio-económica y, por último, al haber renunciado a ejercer el papel regulador que sí asumió en Andalucía y Madrid. Aunque la franquicia no consiguió acceder al parlamento por muy poco, sí tuvo el suficiente apoyo para dar mayorías de gobierno en Santa Cruz y en La Laguna, las dos principales ciudades de la isla de Tenerife y bastiones inexpugnables de Coalición Canaria, precisamente el partido que ultima renovar el pacto regional con el PSOE para cuatro años más.

La disposición de Ciudadanos para dar estabilidad al tándem CC-PSOE en ambos municipios hubiera sido recompensada. Pero no fue así, en Canarias no hubo propuestas ni listado de “medidas regeneradoras” para comprometer a los ganadores a cambio de impedir darle vida al PP en Santa Cruz o aupar a Podemos en La Laguna. Por el contrario, la delegación desplazada “a la colonia” declaró que Ciudadanos no llegaría a acuerdos con partidos nacionalistas en referencia a Coalición Canaria, a la que metió en el mismo saco que a Esquerra, Bildu o el PNV, y evidencia desconocer todo sobre la política insular, porque cualquier mensaje independentista, aunque pueda parecer insólito, es meramente testimonial en las Islas y nunca llevado de la mano de CC; se puede tildar a CC de muchas cosas pero nada que ver con la demanda de soberanía.

Ciudadanos desperdició su oportunidad y puede que no tenga otra. No consiguió atraer personas de prestigio a sus candidaturas y ni siquiera supo trasponer las medidas de libertad económica que definió Garicano para el conjunto del Estado, en una comunidad autónoma encorsetada por un Régimen Económico y Fiscal de dudosa eficacia, con una economía tan dependiente de los presupuestos públicos y con una tasa de paro insultante. Una pena, Ciudadanos pudo ser garante de los derechos de los ciudadanos (en minúscula), aunque fuera solo un gesto, y nada. Además, no han hecho autocrítica refugiados en la denuncia del sistema electoral que los apartó, lamentan, del parlamento regional: bendito culpable. Sin nada que decir ni nadie que lo diga, el tirón de Albert Rivera no fue (ni será) suficiente.

sábado, 13 de junio de 2015

Y ahora qué

(Publicado en el periódico El Día el 13 de junio de 2015)

Vocación. A ponerse a trabajar, que ya toca. La atonía trasciende la política y contagia también a las personas. Confirmado: siguen los mismos que no son los mismos, con bastantes pocas novedades. Queda claro que la gente no quiere mucho cambio. También estamos seguros de que la política no se va a regenerar solo con decirlo: cien días de gracia, de acuerdo, y algo más si hiciera falta. Expectantes, los ciudadanos (en minúsculas, que todo se pervierte) por ver si hacen algo distinto para salir de este pozo de desigualdad, de parálisis inducida y de negro futuro. Bastaría con derogar las mil trabas de los expedientes administrativos y eliminar la burocracia, esa que pretende dar garantías al sistema mientras acaba con él, con el propio sistema. Qué paradoja, creamos leyes y reglamentos para afianzar el sistema hasta que colapsa. Como antídoto menos "que hay de lo mío" y más vocación de servicio público.

Servicios. A eso se dedican los ayuntamientos que se constituyen hoy. Muy poco glamour, por cierto, y mucha responsabilidad. Se trata de planificar, ajustar costes, recaudar impuestos, disponer recursos, motivar trabajadores, implantar procedimientos, tramitar contratos, escuchar al contribuyente, resolver conflictos, tantas tareas ingratas. Nuevo, nuevo, solo el gobierno, porque el equipo humano es el mismo, por lo general altamente capacitado, algo desanimado y con especial aversión al cambio. El reto (apasionante) consiste en profesionalizar la organización municipal, enfocar la acción cotidiana a mejorar la calidad de vida de los vecinos y disponer de herramientas de control como garantía. El gobierno en tres pasos: qué hay que hacer, para qué y cómo se hace. Poco más. Orden, limpieza y desinfección: pim, pam, pum. El dinero para hacer más cosas saldrá del ahorro conseguido con la buena gestión.

Mentiras. Los grandes empresarios no ven la mejoría. Las variables macroeconómicas indican que la actividad crece al 3% en Canarias, pero cada uno en su sector describe una situación estancada. Aunque ya paró la caída, que no está mal, tampoco perciben el crecimiento. No crecer, apuntan, es perder: se deprecian los bienes de inversión y limita la capacidad de competir. Deberíamos entender, y así lo sugieren, que los buenos resultados están maquillados, que podría ser. Yo aceptaría la mentirijilla; por algo dicen los expertos que la economía es un estado de ánimo, pues arriba el optimismo. En realidad, es suficiente la percepción para que cada cual siga con sus planes, se decida a consumir, a hacer su vida, para que se mueva la rueda.

Startups. Son estas nuevas empresas que surgen con los avances tecnológicos, muy vinculadas al mundo de internet y a la nueva economía global. Nuevas ideas para comercializar, para comunicar, para facilitar procesos. Van muy rápido: nacen, crecen y se venden al mejor postor, normalmente a grandes multinacionales que han visto una forma eficaz (y barata) de externalizar la I+D. Se financian con avezados inversores amantes del riesgo que hacen su apuesta todo/nada. Confieso un sentimiento encontrado: hay dinero a corto con muchísimo riesgo para mayor gloria de las compañías globales y nada para inversiones a largo que generen economía local que repercuta en las personas de nuestro propio entorno. El déficit en residencias para mayores es escandaloso, el atraso tecnológico en agricultura imperdonable, la educación claramente mejorable... Habría que indagar por qué.

Paciencia. Si un amigo te da una puñalada por la espalda, desconfía de su amistad, que decía Les Luthiers. Qué barata se vende la lealtad. Importante que solo se den por aludidos los aludidos y que no se confundan, no piensen que emplearé la misma vehemencia en desquitarme que cuando defiendo mis ideas.

miércoles, 10 de junio de 2015

Relaciones entre empleados, jefes y viceversa

Son frecuentes las experiencias traumáticas en el entorno laboral y no solo con algún jefe déspota o maleducado sino también con compañeros a cargo, con los que muchas veces resulta difícil la comunicación.

Una parte del problema tiene su origen en la situación socio-económica, el escaso dinamismo de la demanda de empleo, las reglas de contratación, las indemnizaciones por despido y el acceso al subsidio del paro. Todas estas cuestiones “atan” a trabajadores y empresarios de tal forma que, ni unos ni otros, son capaces de extinguir la relación laboral cuando las relaciones personales no funcionan. Por lo general cualquiera se divorcia cuando empieza a sufrir las consecuencias de una ruptura emocional... pero, en este caso, cuando la relación laboral se enturbia, no siempre hay dinero para poner en práctica esa medida definitiva. Unos y otros están condenados a entenderse: pues sí.


Otra parte del problema son las expectativas por ambas partes. Ni incorporamos a nuestro ahijado a la empresa ni compramos un amigo ni el contratado se va a integrar en una familia de acogida. Las relaciones laborales son lo que son y no otra cosa, conviene mantenerlas en un plano estrictamente profesional. Eso no quiere decir que no haya afecto ni camaradería ni respeto mutuos, que por supuesto, sino que deben ceñirse a las cuestiones laborales. Son vínculos muy intensos también, pero de otra índole: hablamos de compartir la visión del negocio, de luchar por unos objetivos comunes, de trabajar con una misión determinada enfocada a satisfacer las necesidades de los clientes y de quienes queremos que sean nuestros clientes. Si a la empresa le va bien nos va bien a todos que crecemos con ella.

Surgen los conflictos cuando se pierde el combustible primario de la relación laboral, es decir, cuando no hay visión o no se comparte, cuando no hay unos objetivos por los que luchar o no se mide su cumplimiento o cuando la empresa no tiene clara su misión. Y entonces entran en juego los sentimientos, esos que no deben gobernar una relación de trabajo, y con los sentimientos llega la frustración, el enfado y todo eso que no interesa que forme parte de nuestra vida laboral.


El próximo 17 junio de junio daremos una conferencia sobre este tema en el ex convento de Santo Domingo, en La Laguna, entrada gratuita con inscripción previa [pincha aquí].