martes, 14 de abril de 2015

Renovarse o morir

En un proyecto de reorganización lo primero es escuchar qué tiene que decir cada uno de los miembros del equipo. Hablamos con todos. Una entrevista no formal en la que preguntamos qué crees que aportas a la empresa, cuál es tu motivación y qué tareas tienes asignadas. Tú sabes lo que se cuece en la cocina. En esa conversación se comenta en libertad y en confianza (con garantía de confidencialidad) qué pasa y cómo se podrían hacer las cosas mejor. Es un paso ineludible si queremos gestionar cambios con éxito.

La decisión es difícil, al empresario le cuesta. Se la juega: reinventarse o morir. Pero necesita método. Puede que tenga claro qué hay que hacer y solo planifiquemos cómo. Puede que el día a día no le deje ver la salida y nos toque también definir con él una estrategia… con él o con ella. Siempre toca hacer números y siempre hay que contar con el equipo. Sin el proceso previo no podremos proponer nuevos procedimientos sin sufrir el boicot. Porque cuando cuentan contigo la cosa cambia, empujamos todos.

Forma parte del diagnóstico discernir quién piensa en los clientes (casi siempre nadie sabe), quién cuestiona la burocracia interna (tampoco) o quién asume alguna iniciativa (conducta muy poco frecuente). Mejorar en estas cuestiones trascendentes requiere muy poco esfuerzo, pequeños pasos, además, que funcionan como combustible para una nueva percepción del negocio. Porque los cambios no se implantan, se negocian, y la negociación tiene su reglas.

Sin entusiasmo colectivo o con oposición declarada renovarse es misión imposible. Sin comunicarte con tus clientes o tus empleados, también. Además, sin ayuda profesional asumes un riesgo innecesario. El arma secreta es hacer partícipes a los trabajadores, solo eso, sin prometer subidas de sueldo ni una carrera profesional meteórica, no hace falta. Recuerde, de las habilidades propias del liderazgo, la escucha activa es la que más satisfacciones nos puede reportar. Practique y sobreviva.

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