sábado, 7 de febrero de 2015

Líderes

(Publicado en el periódico El Día el 7 de febrero de 2015)

Natos. Ni asambleas ni leches. Ni círculos ni triángulos ni escopetas. Ni partidos cuyas bases eligen a sus candidatos, con presiones o sin ellas, ni los que emplean la designación digital, digital de dedo, se entiende, aunque contravengan el mandato constitucional. Queremos líderes. Por eso cuando mi tocayo Iglesias habla, arrasa, da igual lo que diga, ya da igual. Verdades como puños, desafía al poder y la gente le sigue. Dan igual las propuestas disparatadas y la coherencia del programa.
-¿Qué programa, Mariano?
Dan igual las promesas y las contradicciones.
-Actuaremos con responsabilidad según la herencia recibida, ¿no, Mariano?
El contrato electoral no tiene cláusulas. La araucaria, léase la disidencia, vertical guía, venció, al fin rasgó la urdimbre del boscaje.

Impostados. De verbo hueco. Da igual lo que digan, ya da igual. Cero confianza, cero esperanza. Quienes crearon el problema no están en disposición de solucionarlo. Falsos líderes impuestos por el aparato de los partidos: hace carrera la más fotogénica y el que tenga "más tirón". Y entonces prometen, prometen: una carretera, un tren y un castillo de arena. Falsos líderes aferrados al poder clientelar. Es hora de que se les acabe el cuento. Ya no interesa.

De verdad. Líderes con los pies en el suelo, tipos con carisma que digan las cosas como son o señoras que tengan lo que hay que tener. Líderes naturales a los que respetar y admirar; forma parte de nuestra condición humana. Un Albert Rivera que despliega sentido común en un movimiento ciudadano moderado, sin aspavientos, para cambiar todo poco a poco. Faltan los otros Riveras, da igual el partido, que irrumpan en la política local, sin fruncir el ceño, sin acritud y en positivo. Personas con cualidades que hagan un paréntesis en su vida profesional (¿estás ahí?, manifiéstate). Quienes entiendan la política a largo plazo con vocación de servicio público, distingan entre gobernar y gestionar y respeten el papel de los funcionarios. Triunfarán las opciones frescas y realistas, los extremismos se disolverán pasada la calentura.

Irresponsables. Con extrema generosidad practican la caridad con dinero público, ayudan y ayudan hasta que consigan igualarnos a todos por abajo, hasta que estemos todos peor, los auxiliados sin futuro y los auxiliantes fritos a impuestos. Líderes iluminados e irresponsables. La trampa de la pobreza que razonan los economistas a los que nadie hace caso (envidia de los médicos tendrán, que recetan el veneno que consumimos sin rechistar cada ocho horas). Subsidio que funciona como incentivo para la condición ni-ni, vaya paradoja, para insistir en su forma de vida. El futuro no existe, solo presente. Bajar las cifras del paro es una entelequia porque el empresario compite muy mal -con el vulgar puesto de trabajo que puede ofrecer- contra las prestaciones por desempleo o las pensiones no contributivas. Una nómina que exige madrugar con riesgo de no cobrarla y de acabar de nuevo en el dique seco, frente a una paguita segura con las garantías del Banco de España. Imposible competir, no hay color. Con el 25% de los parados sin haber terminado la educación secundaria, solo escaparemos si vinculamos las ayudas al reciclaje personal y a la formación.

Inmutables. También podría ser que al final no pase nada nuevo, que gane la abstención y los de siempre, por inercia, por interés particular o por falta de vocaciones. No me extrañaría, confieso. Pasotismo de sobra para tropezar con la misma piedra. Con otros resultados, en diferentes proporciones, un pacto por aquí y otro por allá, en cascada o al por menor, y se repartan el pastel entre un nuevo bipartito o tripartito y sus acólitos... está de tu mano.

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