martes, 11 de noviembre de 2014

Se acabó la crisis

Esto es lo que hay. Las empresas a las que pilló el toro y no se adaptaron ya desaparecieron. Todas las demás se enfrentan libres de ataduras al nuevo escenario, este de ahora. Ya no hay debacles en las ventas ni plantillas sobredimensionadas ni inversiones improductivas, todo eso quedó atrás.

El mercado es lo que vemos. Podríamos concluir, a modo de resumen, que presenta mucha menos capacidad de consumo como consecuencia del paro y de la devaluación interna de los medios de producción. Inquietante, pero un bonito reto. Y algo muy bueno, sí, que ya es muy poco probable que las situación empeore más. Lo normal, si analizamos lo ocurrido en el pasado reciente, es que comience otra nueva vuelta del ciclo económico, más larga o más corta, pero la economía tenderá a crecer. Da la sensación de que ya hemos tocado fondo.

Librarnos de la crisis, aunque sea por hartazgo, que también puede ser, y aunque sea solo del término, tiene grandes efectos positivos. “La economía es un estado de ánimo”, afirman los expertos y tal cambio de tendencia retroalimenta la mejoría. Los bancos comienzan a querer soltar pasta y bajarán los tipos de los préstamos, aunque no es previsible que suavicen las condiciones de garantía. Los ahorradores, sin inversiones seguras y rentables en el mundo financiero, tenderán a buscar participaciones de valor para tratar de retribuir su capital. No está mal. Falta quizás una bajada de impuestos que parece que ya está anunciada.

La sensación de “esto no va a empeorar” animará el consumo, pero un consumo responsable. Llegamos a la fase de aceptación, una fase con crecimientos moderados y mucho esfuerzo empresarial por fidelizar a ese cliente cauteloso. La época de los márgenes ajustados requiere precisión, control de los números y una alta capacitación del empresariado que debe tomar decisiones rápidas y con el riesgo calculado.

Se acabó la crisis, afirmo, ¿está usted preparado?

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