domingo, 5 de octubre de 2014

"Wine gate"

Cuestiono la participación del Cabildo de Tenerife en la economía. No es capricho, es que no forma parte de sus competencias -no es nada personal- ni los ciudadanos queremos que el dinero de nuestros impuestos se destine a competir con los empresarios, ¿o sí queremos?. Y mucho menos que las pérdidas se sufraguen con el erario. Fui declarado "mal tinerfeño" por parte del expresidente Melchior, al que, como promotor, todavía no le hemos oído palabra sobre el escabroso asunto del vino de La Mancha adquirido y comercializado por Bodegas Insulares. Al actual presidente, Carlos Alonso, tampoco, aunque su consejero sí que dio la cara y confirmó la filtración.

José Joaquín Bethencourt quiso justificarlo con una explicación técnica, la calidad y tal, nada convincente, y afirmó que iba a tomar medidas para que no se repitiera el asunto, qué menos. Sorprendidos quizás y todavía no reaccionan: al responsable del engaño habría que haberlo puesto en órbita de inmediato y no tuvieron el coraje de cesarlo, dimitió. Una dimisión light ya que Savoie se quedará en su plaza de funcionario de la institución insular. Puede que no vieran o no vean el pecado, peor aun, porque los bodegueros tinerfeños sí que notan los cuernos. No es admisible la incoherencia entre lo que predican desde el púlpito y lo que hacen en la cama. Quién se fía, si es que la picaresca lo salpica todo, ¿será una práctica habitual en todas las bodegas de Tenerife?, ¿los yogures de Teisol se fabricarán con leche en polvo procedente de Irlanda?

Puede que el consejero de agricultura, presidente del consejo de la empresa pública, no supiera de esta práctica a pesar del monto económico de las adquisiciones, su reiteración desde 2011 y el hecho de que invirtieron 2,2 millones en una bodega para vino de mesa. Puede que no controlara la gestión (¿entonces?) y que su equipo directivo se la colara por la escuadra, con alevosía, vaya traición, vaya chasco. Alguien debe asumir la responsabilidad del fraude, la responsabilidad política, se entiende. La junta de accionistas también puede apartar a su presidente por pérdida de confianza, aunque, en este país, si una dimisión ya es difícil, una destitución resulta casi imposible. Después habrá que ver cómo hacer las cosas bien, qué ha fallado, además de las conductas tan poco éticas, para que esto pudiera llegar a ocurrir.

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