sábado, 18 de octubre de 2014

Axiomas falsos sobre los que se sustenta la política canaria

Canarias es un territorio frágil.

Si hay un territorio capaz de soportar cambios drásticos y fenómenos catastróficos, esas son las islas
volcánicas, es su esencia. El territorio y todo lo que está encima. Desde los fondos marinos que son arrasados sistemáticamente por las erupciones volcánicas a los que la vida regresa a los pocos años (tenemos el ejemplo al sur de El Hierro), hasta la cumbre y sus pinares que son pasto del fuego con regularidad desde hace millones de años y ahí siguen.

Decía el profesor Barquín, botánico infatigable que se pateaba hasta el último rincón de nuestras islas, del que aprendí, sobre todo, a observar el medio, que no había mayor problema en construir lo que fuera en el fondo de los barrancos, que ni siquiera las formaciones vegetales tenían mucho futuro, que ya la naturaleza en Canarias se ocupa de despejar los cauces y de llevarse todo por delante... también lo vivimos, en Santa Cruz en 2001.

Las islas crecen con los volcanes (en Tenerife toca uno ya, según la estadística de los últimos quinientos años) y se desmoronan con las tormentas y los grandes desplomes geológicos y los tsunamis que estos provocan... en el barranco de Agaete hay restos de uno, de un tsunami, no sé cuántos kilómetros tierra a dentro. Ni siquiera el hombre ha sido capaz de cambiar sustancialmente la dinámica de su equilibrio, explotamos el monte de laurisilva hasta casi acabar con él y en menos de treinta años, ahí está, debajo de los pinos, para recordarnos lo que somos: unos simples huéspedes.

El puerto de Granadilla se lo llevará cualquier tormenta tropical del suroeste dentro de... ¿cien años?, pueblos y carreteras serán sepultadas por las cenizas, unas antes y otras después, ¿en cuánto?, ¿doscientos años?, quizás algunas ya el mes que viene. Somos tan vanidosos que creemos que nuestras acciones serán eternas, pero no es así, el volcán vencerá y nosotros no lo vamos a ver.

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