sábado, 13 de septiembre de 2014

Podemos incumplirá el contrato electoral

(Publicado en el periódico El Día el 13 de septiembre de 2014)

También. Igual que el resto de los partidos de la casta. El fenómeno tenía buena pinta: gente nueva, comprometida, con bastante formación y experiencia profesional en otras cosas, además de cierta garantía de democracia interna como ordena la Constitución del 78... todo en defensa de los ideales que estimen oportunos: marxistas, chavistas o lo que sean, impecable; que viva la libertad de culto. Criticar al adversario político a saco es una estrategia electoral que da buenos resultados, quedó demostrado en las europeas, y evidenciar los fallos del sistema resulta imprescindible para corregirlos, también estamos de acuerdo, ahora bien, utilizar las mismas mañas, mentir sin pudor para conseguir votos, resulta decepcionante a la vez que incoherente. Una pena.

Mienten. Cuando le dicen a la gente desesperada que recibirá 400 euros por barba (o sin ella) por la gracia del nuevo gobierno renovador o que impondrán sueldos máximos o cualquiera de las otras ocurrencias que ellos saben que nunca podrían poner en práctica, ni siquiera en el hipotético caso de que obtuvieran una mayoría suficiente. Mienten porque saben que no van a gobernar y la mentira les saldrá gratis. Además, si consiguieran pactar, que visto lo visto es muy probable, no les faltará tiempo para achacar al socio de turno la culpa del "no podemos" cumplir el compromiso; queda escrito. Mentiras o mentirijillas. Habla Carlos Alonso de huir de la política profesional y de la renovación en CC, bravo, pero me apuesto lo que sea a que no habrá ninguna cara nueva entre los cinco primeros de cualquiera de las listas, ¿qué se juega?

El contrato. La inexistencia de un contrato electoral -ni legal ni moral- es una deuda con el ciudadano pendiente desde la Transición. Desde el "Puedo prometer y prometo" del presidente Suárez, el pobre, que solo hizo lo que pudo, aquel "OTAN no" que Felipe González se comió con papas, hasta el más reciente incumplimiento del PP de Mariano Rajoy que basó su última campaña en bajar los impuestos para hacer después justo lo contrario, con alevosía y a plena luz del día. Prometer hasta meter y después de metido olvidar lo prometido... ¿cómo era aquello? Los programas electorales no tienen valor contractual, obligación ninguna. La corrupción de Pujol nos escandaliza pero toleramos las mentiras de Rajoy. Todos mienten a sus votantes, todos, hasta estos nuevos que son tan progres. ¿No será que con la verdad no se ganan las elecciones? ¿No será que nos dejamos engañar por interés de parte?

Queremos. Así se llamará mi nuevo partido político. Queremos mucho mejor que Podemos porque si uno quiere puede, querer es poder y todo eso, el refranero a mi favor. Queremos ser como los finlandeses con su sistema educativo o como los noruegos para sacarle jugo al petróleo para varias generaciones. En vez de soltar paridas y mentir, queremos copiar el sistema de seguro médico de Singapur, el régimen de los autónomos de Reino Unido o la ensaladilla rusa. Y como está de moda, queremos ser laicos y de izquierdas, una izquierda liberal que permita la actividad económica sin interferencias y que ofrezca servicios públicos de calidad. Y como está de moda, queremos también un régimen asambleario pero con abstención obligatoria para quienes tengan algo que ganar o que peder: si se pregunta sobre educación los maestros no votan, si es sobre pensiones los jubilados no pueden, sobre sanidad, los médicos al margen, y así. Cuento con usted.

Diada. El parlamento de la República de Gambia aprobó por mayoría declarar a los homosexuales como proscritos de la ley con condenas que pueden llegar a la cadena perpetua; todo muy democrático. La democracia es la dictadura de la mayoría y por eso no todo se puede dilucidar por votación.

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