sábado, 16 de agosto de 2014

Canarias y el dinero de Pujol

(Publicado en el periódico El Día el 16 de agosto de 2014)

Ruptura. Al fin Paulino Rivero habla en plata y amenaza con la ruptura de relaciones institucionales. "Ya no soy su amigo, Rajoy", le dijo. Ya era hora. Yo hubiera sido mucho más explícito: "Si no nos toca una buena tajada del petróleo, Mariano, Canarias inicia el proceso para su independencia, que lo sepas, que yo también soy nacionalista, te vas a enterar", Cataluña y luego Canarias, parió la abuela. Todos saben que la concesión no se puede revocar y juegan a su rollete populista. Comedera de coco para olvidar las cifras del paro y conseguir el voto, unos pro inversiones millonarias y actividad económica, los otros pro playas y protección del medio ambiente: de acuerdo, me quedo con todo. Pero que no me tomen por idiota con el Son Atlántico, ese concierto en el que nos agarraremos una curda reciclada a la salud de las ballenas como apoyo a los intereses de la casta.

Pregunta. Puedo entender el primer millón. Para vivir como un cura, como mamancia que persigue un fin. "Marta, con estas pelas y mi sueldo de Molt Honorable, todos los días pernil de bellota con el pan tumaca". Lo puedo entender aunque no lo justifico, que quede claro. ¿Y el segundo millón? Me inquieta el segundo millón: insaciable ambición o síndrome del tío Gilito. Silencio sepulcral en el Parlament cuando se mentó el ínclito tres por ciento que amenazaba destapar la omertá que subyace en el origen de este escándalo: todos lo sabían y todos callaban. Me pregunto dónde estará el segundo millón en Canarias, de repente, ahora después de vacaciones, la exnuera de alguno se decide a hablar... o el exyerno.

Miedo. Lo que asusta del ébola no es la muerte sino su amenaza impune. Combatir el hambre o acabar con las guerras tiene solución conocida, el virus no. Qué son dos mil infectados frente a los millones de damnificados por la crueldad humana. Qué interés repentino por la vida (o la muerte) en África: un virus indestructible que desafía a la Humanidad. No nos engañemos.

Ayuda. Es rentable para ambas partes. Ayuda no limosna. Lo que no entienden en Canarias con la negociación del REF y me explico. Primero, que el REF es un fuero que regula nuestra relación (fiscal) con España y con Europa. Segundo, que no tiene sentido insistir en una ley que pretende compensar y que nos mantiene en el último puesto de toda estadística, encabezada por el paro. Y tercero, que del mismo modo que para África no sirve repartir sacos de millo ni munición para los fusiles de asalto -pan para hoy y hambre para mañana-, en Canarias no funciona el reparto de subvenciones. Pensará usted qué tendremos que ver nosotros, apalancados en la cómoda sociedad del bienestar, con nuestros vecinos de la paupérrima África subsahariana. Ahora poco, es cierto, pero no hace tanto las camas plagadas de chinches y esos miles que se lanzaron a la mar océana para intentar lo mismo que los que pretenden ahora saltar la valla. Rentable para Canarias fue la libertad comercial de los puertos francos y los millones en inversiones financiadas con el FEDER, cada cosa en su momento. Y le cogieron el gusto a la pasta fácil ultraperiférica y a la moratoria... Ay, qué oportunidad para limpiar la sentina, con los hoteles llenos, si hubiera nueva oferta que fuerce a rehabilitar la planta obsoleta; no se han enterado que no hay mejor incentivo que la libertad y la competencia. Aquí y allí.

Optimismo. Que la recuperación económica no es real, dice mi amigo, que el taponazo vendrá en noviembre, cuando se destape el engaño. Yo no lo creo, no entiende que basta un impulso para que arranque la maquinaria. España procrastina a septiembre, excelente noticia.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Padres e hijos en la empresa

No es fácil la transición en la empresa familiar. Los hijos que se incorporan al negocio (veremos en qué momento), aprenden, se ganan el puesto, participan de las decisiones hasta que llega el día del relevo. No es fácil y son pocas las empresas que sobreviven a la segunda generación, muchas menos a la tercera. Plantearemos dos supuestos.

El primero, cuando en la siguiente generación no tenemos a nadie que le guste la empresa de verdad, por mucho empeño que hayamos puesto en atraerlos, por mucho tiempo que hayamos dedicado a integrarlos, a que formaran parte del equipo, a que estudiaran esto o aquello que les iba a venir bien… nunca nos lo dirán, pero en el fondo sabemos -o debemos ser capaces de detectar- que trabajar en la empresa familiar no sería su primera elección si tuvieran alternativa.

Si no les gusta, si no la viven con pasión, es inútil insistir, es más, es conveniente liberar el compromiso y ayudar a encontrar la verdadera vocación, por ellos y por la propia actividad.

El segundo supuesto, cuando uno o varios de nuestros hijos sienten la atracción del negocio, comparten la “visión” y ven su futuro vinculados a la empresa familiar. Si solo es uno el que se incorpora, hay que tener en cuenta a los hermanos, si fuera el caso.

Ambas situaciones se pueden gestionar con éxito. Para el primer supuesto, cuando no haya interés en incorporarse a la empresa, debemos formar a nuestros hijos en el gobierno de la sociedad, no estarán en la gestión diaria del negocio pero sí tendrán que ser capaces de defender el patrimonio familiar. La diferencia entre gestionar y gobernar la explicábamos en un post anterior. Un buen equipo profesional y un potente órgano de gobierno (consejo de administración o junta de accionistas) con los miembros de la familia.

Si tenemos a nuestro sucesor, perfecto. Que estudie, claro, algo útil para el nuestra actividad, bien también, y que se forme de manera específica en el mundo de la empresa, en una escuela de negocios, que analice casos de otras empresas y que aprenda a razonar los problemas con los que tendrá que lidiar. No debe haber prisa en la incorporación de la siguiente generación y debe empezar desde abajo, no solo para conocer el funcionamiento real de cada uno de los departamentos sino también para valorar el esfuerzo que hace cada uno y conseguir ganarse su respeto. Todos saben que eres la hija del dueño y que un día tú serás su jefa, eso no hace falta recordárselo… pero el puesto hay que ganárselo.