martes, 1 de julio de 2014

Auditoría de gestión en la empresa

Nada recomendable. Eso de contratar un consultor externo que audite el trabajo cotidiano de los diferentes departamentos de la empresa y nos diga qué falla y cómo podríamos corregirlo. No es recomendable porque una cosa es que la organización intuya cierta ineficacia en algunas tareas y otra bien distinta que aparezca un informe firmado por un profesional solvente con el detalle de todo lo que funciona mal. Una cosa es que los resultados negativos del negocio nos hagan tomar conciencia que debemos cuestionar cómo se gestiona de la empresa y otra bien distinta tener pruebas fehacientes para señalar a los culpables, sobre todo si lo que pretendemos es recobrar la senda de los beneficios.

No es una herramienta útil porque infunde pesimismo y desconfianza que no son compatibles con los procesos de cambio que habrá que acometer para relanzar la actividad.Entiendo la motivación de los socios, impotentes cuando descubren que los resultados menguan de manera recurrente y quieren saber qué pasa, pedir explicaciones y exigir responsabilidades. Tengo la experiencia al presentar el informe de auditoría de gestión: un verdadero desastre, una reacción comprensible y muy humana, con reproches, condena y solicitud de penitencia; más leña al fuego, más desánimo. Y puede que haya culpables aunque, por lo general, toda situación delicada es consecuencia de un cúmulo de despropósitos de la organización en su conjunto y la falta de diligencia en la toma de decisiones. Que toda la inoperancia se destape de golpe solo consigue que la empresa no sea capaz de digerirla.

La alternativa es pedirle a ese profesional externo que se involucre durante un tiempo en el día a día de la empresa, que se entienda con directivos y mandos intermedios para conocer el negocio por dentro, con capacidad para corregir las ineficiencias en el momento que se detectan y hacer partícipe al personal de la planificación y la búsqueda de soluciones. Muchos pequeños bucles de 1) análisis, 2) solución, 3) implantación de la solución, en los que participan los implicados que se sienten útiles y parte activa del cambio.

No buscamos culpables sino que las cosas funcionen mejor, no nos centramos en lo que está mal sino en cómo arreglarlo, no pedimos explicaciones sino compromiso con la nueva organización. Al final del proceso, si la propiedad lo solicita, podemos elaborar el informe con lo que estaba mal y cómo se corrigió, que no es lo mismo, aunque no creo yo que, llegado ese momento, tuviese mayor interés.

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