viernes, 20 de junio de 2014

Visionarios


(Publicado en el periódico El Día el 20 de junio de 2014)

Todos a una. Conforme con Carlos Alonso, hay que pensar en
el futuro de Tenerife, nos va la vida, la prosperidad, el bienestar y la felicidad, por ese orden. Y dejar de improvisar y de hacer política electoralista y de gobernar en defensa de los intereses de no sabemos quién en detrimento del interés general. Una sociedad implicada que aporte su propia visión de futuro, que establezca objetivos por los que luchar, motivación por el logro, la que utilizan los empresarios para no perder el norte. El padre de Tenerife "sabía" que era lo bueno para la isla -el tranvía, el ITER, los cables submarinos, los trenes magnéticos- y Alonso pregunta, quizás como plebiscito a las ocurrencias de su antecesor o por falta de ellas... que hable Fuenteovejuna.

Bolcheviques. Ideas. No solo nos inflan a impuestos, ahora nos piden ideas. Ideas gratis, porque hay que leer la letra pequeña: "El Cabildo de Tenerife podrá utilizar las ideas aportadas en su beneficio, sin que en ningún caso tenga que pagar precio alguno por las mismas", o sea, tú dime qué harías que ya lo hago yo... No sé qué pensar, creerá que los individuos, las asociaciones o las empresas somos incapaces de desarrollar nuestros propios proyectos o ya se encarga el politburó de poner las trabas que aburran al santo. Aburran de aburrir, se entiende. Misma política (radical) de izquierdas: el éxito viene de mano de lo público, como axioma, y así nos va. Puede que se refiera a ideas para la política, querrán confeccionar el programa electoral con participación ciudadana desde el gobierno y no con las bases desde el partido, si es que CC tuviera de eso. El desencanto es fundado: no hay liderazgo para proponer nada, solo gestores que esperan instrucciones y piden opinión a la asamblea; triunfa la utopía de la coleta.

Caudillos. Pesada carga para quien pretenda dirigir el porvenir de su pueblo, echarse al hombro la crisis o el paro. Ni es moralmente exigible ni competencia de la administración ni el ciudadano pretende que le resuelvan la vida... bueno, alguno sí, los afines al régimen. No vaya de héroe, limítese a hacer funcionar la maquinaria de lo público, una tarea tan exenta de emoción como necesaria para la convivencia. Un izquierdismo liberal bastaría. En definitiva, revisar la maraña legislativa, eliminar la burocracia absurda y mucho enfoque en prestar con eficiencia los servicios a la comunidad. Allane el camino, guarde el premio, deje a cada uno con su idea y que el sistema permita que la ponga en valor como desee, sin paternalismo.

Ciegos. Tanto futuro y nadie se preocupa por el presente: que exista la cuota fija del autónomo, factures o no, que compute toda la superficie de un local aunque solo utilices una parte, que el funcionario decida lo que desgrava y lo que no, que los impuestos manden una empresa a la quiebra o que Hacienda se quede con la casa de tus padres porque no puedas pagar la sucesión. Exprimida la naranja se acabó el jugo.

Sucesores. La debacle en los partidos (políticos) precipita el cambio. Gente nueva, de acuerdo, pero más importante que salgan quienes se aferran. Al mismísimo Paulino Rivero le espetan sanseacabó, una pena, porque la abdicación, aunque sea tardía, muestra otra dignidad y nos hubiera ahorrado un par de años de populismo rancio. Y también porque el que se va, que no persigue los votos y debe ser inmune a la manifa, queda habilitado para resolver los asuntos enquistados. El PP selecciona candidatos con pragmatismo cartesiano. Al PSOE, que lava los trapos en público, le acecha el peligro de trasmutar su propia identidad. Estructurada como corporación mercantil, en CC funciona el juego de tronos con sus intrigas que no trascienden. Veo, veo...

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