miércoles, 11 de junio de 2014

Cómo relanzar una empresa

No es una opción. El mercado obliga a replantear el negocio a cada paso: los clientes exigen otros productos y servicios, la competencia se emplea fondo, la tecnología se supera todos los días... El empresario está obligado a la mejora continua, no basta seguir igual, no es suficiente. Por muy bien que le haya ido, el empresario sabe que no puede dormirse en los laureles, que debe estar atento a su entorno y anticiparse… aunque no siempre sea así.

Lo sabe pero la vorágine cotidiana le impide actuar, está en lo inmediato, la coyuntura exige mucha dedicación y pierde la perspectiva del medio plazo. Cuando levanta la cabeza descubre que las cosas no marchan igual de bien, suena la alarma de la tesorería -siempre la primera- y se da cuenta de que ha perdido clientes y/o que tiene más estructura de la necesaria, menos beneficios y muchas facturas por pagar. Y repasa a su alrededor y descubre a su personal que ya evidencia síntomas de desmotivación, que hace lo mismo en cumplimiento estricto del axioma “porque siempre lo hemos hecho así”; él mismo, el empresario, se pregunta entonces qué pasa, cómo pudo llegar a esta situación y qué puede hacer.
Nada extraño, por cierto. Sacar la cabeza del agua no es tan fácil en un día a día tan complicado, no ya por la crisis (en cualquier momento dejaremos de hablar de ella) sino por la propia dinámica, los problemas y lo urgente. Nada grave, además, ni siquiera reprochable. Llegados a este punto de conciencia, siempre es conveniente recurrir a un experto que aporte método.

Lo primero es contrastar que la información disponible es fiel reflejo de la marcha del negocio, lo cual quiere decir que debe disponer de una contabilidad fiable y actualizada, que para eso sirve la contabilidad, aunque el empresario la perciba como burocracia intrascendente. Lo segundo es discernir qué debe hacer para refrescar su oferta, qué piensan sus clientes, qué proponen sus empleados, qué hacen otros operadores del sector. Y lo tercero, como paso previo a la toma de decisiones, analizar las diferentes alternativas, qué repercusión tendrán sobre cada término de la cuenta de explotación, proyectar las previsiones a fin de ejercicio con y sin las medidas que pretenda evaluar. En definitiva, medir el impacto de aquellas medidas que pretendamos introducir para mejorar nuestro negocio.

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