domingo, 4 de mayo de 2014

Las mentiras de Rivero

En el ámbito de la política las cosas no se llaman por su nombre. La práctica habitual "exige" un giro para decir que sí, que no o para afirmar todo lo contrario, todo en la misma frase. Asistimos a la usurpación de la palabra, de expresiones y términos que adquieren carácter de verdad porque los usa el poder, como plantea la filósofa Victoria Camps.  Sin embargo no hay duda: miente quien no se ajusta a la verdad. Mentiras, sí, es muy fuerte, tiene razón, y es que usted y yo somos gente educada de buenos sentimientos y nos cuesta llamar mentiroso a Mariano Rajoy, que se comprometió a bajar los impuestos e hizo justo lo contrario. Mentiroso el señor presidente, pues sí, la cosa tiene su tela, y no verá ningún titular en prensa que lo proclame abiertamente, "Rajoy mentiroso", por pudor o pleitesía.
En Canarias tenemos nuestras propias mentiras con la diferencia de que aquí nos las comemos con papas. Porque Paulino Rivero miente cuando defiende con vehemencia la negativa al petróleo y se transforma en el adalid del medio ambiente, andante caballero en defensa de la naturaleza y del turismo (o lo que sea). Y miente porque a Rivero el medio ambiente se la trae al pairo. En Canarias las aguas residuales, en su inmensa mayoría, se tiran al mar, a ese mismo mar que nos une y nos separa, a ese mismo mar por el que suspira sus desvelos. Y la basura, que se acumula en enormes agujeros en nuestra tierra volcánica, en las siete islas... Miente, el medio ambiente le da igual y solucionar esos problemas (que está en su mano) no le proporciona votos ni portadas en los periódicos ni reuniones en La Moncloa. Pero oponerse a las prospecciones sí tiene premio: la simpatía de conejeros y majoreros que lo puede aupar a la presidencia del gobierno una legislatura más.
Comparta usted o no la conveniencia del petróleo, la mentira ya existe.

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