sábado, 3 de mayo de 2014

Gestión y gobierno

La gran confusión. Porque no es lo mismo gestionar una empresa que gobernarla, aunque en tantas
ocasiones ambas responsabilidades recaigan sobre la misma persona. Gestionar es un trabajo técnico que va del día a día, de cómo se hacen las cosas, de atender clientes, de fijar precios, de conseguir ventas, de mantener al personal alineado, de cumplir las obligaciones con las administraciones públicas y los proveedores, de supervisar la actividad, su tesorería y su cuenta de explotación; gestionar va de personas, de números y de todas las interacciones entre ellos. La gestión es delegable en un profesional o en un equipo que domine la materia y utilice sus habilidades y sus capacidades, es variable según las circunstancias propias y del mercado, y es evaluable mediante el correspondiente sistema de control.

Gobernar es otra cosa. Gobernar va de estrategia, de visión, de deseos, va de qué queremos vender y a quién, va de planificar a largo plazo, de marcar hitos, de anticipar y corregir el rumbo cuando sea preciso. El gobierno traza las grandes líneas maestras de la actividad y de sus decisiones depende el éxito o el fracaso del proyecto empresarial. Las tareas de gobierno no son delegables, son la esencia del negocio, aunque sí admite asesoramiento externo y funciona mejor como órgano colegiado -con la participación de varias personas que aporten diferentes puntos de vista-, de ahí la importancia del consejo de administración. Para gobernar una empresa se requiere información fehaciente de cómo va el negocio, imaginación para afrontar los retos que impone el mercado y capacidad de comunicación para transmitir la idea al equipo de gestión, supervisarlo y darle instrucciones.

El pequeño empresario gobierna y gestiona; el emprendedor primero gobierna -para definir su modelo de negocio- y luego se interna en la tortuosa senda de la gestión. Dos gorras, esa es mi propuesta, tener a mano dos gorras de diferente color y usarlas según el caso. La gorra para gobernar solo de vez en cuando, en momentos puntuales, en días señalados en la agenda, fuera de la oficina a ser posible, para alejarse de la vorágine cotidiana, y acompañados de quiénes crea que le puedan ayudar: una o varias personas de confianza, con criterio, con las que intercambiar impresiones en un almuerzo sosegado suele funcionar -invite usted, por descontado-.

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