jueves, 24 de abril de 2014

Pagar impuestos

(Publicado en Caja Siete Con tu negocio el 24 de abril de 2014)

Es lo que toca. Un deber legal y moral, sí, porque contribuir al funcionamiento del sistema significa responsabilidad y solidaridad por parte del empresario, sociedad o persona física (aunque no siempre comparta en qué se gasta el dinero recaudado). Bien pensado, pagar impuestos también es sinónimo de una adecuada marcha del negocio, de hecho ganar dinero es uno de los fines -no el único- de la aventura empresarial. Quien liquida impuestos demuestra que las ventas son las adecuadas, que su estructura de costes está equilibrada y que gestiona una actividad rentable, que no está nada mal. Además, las aseguradoras de riesgo no pondrán pegas a cubrir las operaciones comerciales, las entidades bancarias serán proclives a financiar lo que haga falta (inversiones o crecimiento) y los accionistas estarán contentos porque obtienen rentabilidad del capital invertido.

La contabilidad -una verdadera cruz para muchos empresarios por incomprendida- es una potente herramienta para la gestión que permite describir y demostrar con precisión la marcha del negocio, además de servir para calcular los impuestos, para planificar y para tomar decisiones. Hay obligación de publicar las cuentas en el Registro Mercantil y de auditarlas a partir de cierto volumen; transparencia, en definitiva. La contabilidad debe ser reflejo fiel de la actividad desarrollada; transcurrido un tiempo, la relación de los ejercicios conforma la historia de la empresa, evidencia cómo ha sido administrada y cuánto vale.

Es frecuente en empresas pequeñas que quien elabora la contabilidad pretenda consignar menos ventas a las reales (la parte no tenida en cuenta será dinero negro… si llamamos a las cosas por su nombre) y, por tanto, inste al empresario a comprar de contado (para no tener gastos a su nombre) o a pagar retribuciones sin cotizarlas. “Para pagar menos Igic”, tratará de justificar, aunque sea mentira, ya que el impuesto indirecto lo asume entero el cliente final; “para pagar menos o nada del impuesto de sociedades”, insistirá, aunque no pueda saber si el negocio funciona, si es solvente, exponga a su cliente a riesgo fiscal (manipular la contabilidad y no pagar los tributos que corresponda son conductas que no se ajustan a la ley) y renuncie a considerar las ventajas de dar resultados positivos como ya enumeramos con anterioridad. El empresario sí que sabe cuánto vale su empresa por el esfuerzo invertido, lo propio es que los papeles también lo indiquen y que esté dispuesto a pagar algo por ello.

No hay comentarios: