viernes, 6 de diciembre de 2013

La herencia de Carlos Alonso

(Publicado en el periódico El Día el 6 de diciembre de 2013)

Recibida. A beneficio de inventario. La herencia que es solo el punto de partida, solo eso, entiéndame, los compromisos no son suyos y si su predecesor quiere medrar, que hubiera seguido en el cargo. Esto es lo que hay a-Dios-gracias. La administración pública necesita un cambio y el Cabildo de Tenerife también: el tránsito desde el habitual "qué hay de lo mío" hasta conseguir que la política defienda el interés general a largo plazo. Y no es fácil porque son pocos los que aplaudirán los beneficios del cambio y muchos los que se perjudican con él, ya lo decía Maquiavelo. Inténtelo. Tenga la certeza de que muchos de los que usted cree que ofrecerán resistencia tienen claro que muerto el perro se acabó la rabia; qué bonito fue mientras duró. Quien esté en disposición de hacer favores... pues eso. Inercia cero.

Alfombras. Que urge levantar y sacudir. El Cabildo no debe/no puede participar como un operador más en la economía de mercado. No juega limpio cuando sufraga las pérdidas de sus empresas con dinero de los impuestos. Ni fabricar yogures ni elaborar vino ni ofrecer servicios de Internet, entre tantas otras actividades, que ni forman parte de su abanico competencial ni favorecen la economía. "El Cabildo solo interviene donde no actúan los empresarios", se defendía Melchior acusado por aplicar políticas bolcheviques: esa era la crítica; en los negocios que cada cual se juegue su propio capital. Un político situado tan a la izquierda que no entendía ni aplicaba la ley de contratos del sector público, que dispone que toda iniciativa promovida por la administración -calificable de servicio público- puede/debe ser llevada a efecto mediante la participación de un privado. Costará desmontar semejante tinglado.

Fantasmas. Que pululan por sus organismos y sus empresas. Caterva de protegidos. No evaluados por su eficacia sino por su fidelidad, sustento de la red clientelar, pilares del inmovilismo.

Preocupaciones. Las hereda todas, don Carlos. No caiga en la tentación de luchar contra el paro con más empleo público, no funciona, haga participar a los empresarios en los proyectos iniciados. Tiene dinero para infraestructuras, perfecto, licite y contrate, es suficiente para engrasar la máquina. Qué importante enfocar bien y priorizar para resolver los graves problemas no coyunturales que son de su competencia, por atribución o delegación: el tratamiento de residuos y la depuración de aguas negras; ni enterrar la basura ni verter al mar los orines sin tratar. Y una tarea indelegable, ni en plataforma alguna ni en los ciudadanos, es cosa suya, de usted como presidente del Cabildo: reivindique las inversiones que el Gobierno Autónomo tiene pendientes en Tenerife, con energía y vehemencia, porque no son admisibles los insoportables atascos de tráfico que impiden la movilidad. El cierre del anillo y la vía exterior, al menos y cuanto antes. No vale la excusa de la crisis, que se endeude quien tenga que hacerlo. Recuérdele a quien corresponda los túneles de La Laja, en Las Palmas, y su circunvalación, con sus no sé cuántos ramales, y los túneles a Mogán y el más reciente viaducto a Teror. ¡Qué caro para Tenerife el pleito insular en la gaveta!

Política. Acérquese a su partido que gobierna Canarias y tiene grupo parlamentario; encomiéndele a ellos el debate sobre el REF, la supresión de la moratoria o la simplificación administrativa que favorezca las inversiones. Acérquese a Paulino Rivero -aquella animadversión y rivalidad no son cosa suya- y juegue a la política, claro, esa es su función. Paulino anda solo, desamparado, encuentra cariño en Lanzarote y Fuerteventura y se suma a la pelea contra el petróleo, niega la oportunidad y condiciona el futuro de todos. Paulino negocia créditos millonarios para los hoteleros y se olvida de los demás sectores económicos. Paulino necesita apoyo... no por él, sino por Tenerife.

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