viernes, 8 de noviembre de 2013

Insatisfechos

(Publicado en el periódico El Día el 8 de noviembre de 2013)

Corolarios. Un servicio que nos complace lo pagamos con agrado -aunque salga caro- si la experiencia supera la expectativa. Una aspirina es un remedio eficaz pero efímero si no descubrimos el origen del dolor: no es lo mismo el síntoma que la avería que lo provoca. Cualquier nueva propuesta es sometida a una crítica que aquello que pretendemos mejorar jamás superaría; aun así no se desanime e insista, no hay otra forma de cambiar el mundo. Válidos en los ámbitos de la empresa y de lo público.

Pagar. Nuestro problema político es de falta de pago: unos que no pueden y otros que no quieren liquidar sus impuestos... y aparece el déficit, cesan las inversiones, el Estado se endeuda y el capital se estanca improductivo en este bucle de "no recaudación-déficit-no inversión-endeudamiento-menos recaudación-más paro": acabar con el fraude nos sacaría de la crisis. No pagar; es probable que a muy pocos les guste lo que reciben a cambio. Ni la educación pública ni la sanidad universal ni la seguridad ciudadana ni la justicia ni las carreteras ni las prestaciones por desempleo ni la pensión de jubilación; no nos gusta ni como limpian las calles ni tampoco los jardines de la plaza. El cliente -el contribuyente, usted y yo- percibe que todo esto no vale lo que nos retienen por pertenecer al sistema y tal es nuestro desencanto que consentimos a quienes tienen el arrojo o la cara de vivir al margen. Somos cómplices y culpables.

Lo público. La búsqueda de la excelencia sería el mejor camino para alterar esa percepción. Si todo aquello que el ciudadano recibe fuera de alta calidad pagaría con diligencia: si los colegios públicos atendieran a nuestros niños también por la tarde, si no se destinara tantos recursos a sostener la corruptela política... O puede que diera igual, que la crisis sea de valores como creen algunos, que la prevalencia de lo individual sobre lo colectivo forme parte de nuestra naturaleza y así nos hundimos, como el escorpión de Esopo, a lomos de la rana.

Presupuestos. Que el consejero Ortiz califica de "sociales", claro, cómo si no, y afirma ufano que el setenta por ciento irá a los servicios que presta la administración autonómica. Tendría que explicar en detalle a qué va a destinar el treinta restante, que es mucha pasta. Podría utilizarlo para invertir en obra pública, como postula Keynes, aunque me da que no, que la tentación de las políticas activas es mucho más potente y casa más con el clientelismo piramidal que tanto ha cultivado nuestro nacionalismo autóctono: la limosna tiene buena prensa aunque el pobre siga de pobre. Analgésico sin receta y a correr. Fomentar la economía no trata de bombear dinero -cantidad que se reduce con cada iteración del bucle- sino de procurar las mejores condiciones para que la actividad de las empresas tenga lugar, condiciones que se consiguen con seguridad jurídica y unas reglas del juego que permitan los mecanismos de la oferta y la demanda. Urge engrasar la maquinaria parlamentaria: simplificar y liberalizar.

El REF. Cuyo debate debe ocurrir. Debate abierto, plural y sometido al examen de la opinión pública. El nuevo REF debe ser algo más que una ley, elevado al rango de plan a largo plazo. Y como tiene enorme influencia en todo lo que ocurre en Canarias está sujeto a intereses de parte que procede destapar. Y salvar la inercia, el miedo y la oposición a cambiar cualquier matiz que condicione las decisiones empresariales de estrategia e inversión, que de eso se trata, de cambiar y de que ese nuevo marco legal sea más propicio para los negocios. El punto de partida del círculo virtuoso: empleo, más recaudación, mejora de los servicios públicos y felicidad de las personas.

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