sábado, 16 de noviembre de 2013

El petróleo de Guinea

Es un país independiente desde 1968, independiente de España, qué casualidad. Algo más de millón y medio de habitantes, algunos menos que Canarias. Pobres de solemnidad y sus dirigentes inmensamente ricos desde que una multinacional norteamericana encontró petróleo hace veinte años.
Teodoro Obiang no esconde su condición de dictador -el que dicta el destino de su pueblo, proclama- y afirma sin pelos en la lengua que no piensa repartir el dinero entre los ciudadanos porque no se lo merecen, son unos gandules que no han hecho nada y él no va a incentivar la vagancia. Creo que entiendo su postura: quiere fomentar la cultura del esfuerzo en el África occidental; loable deseo.
Una nación de contrastes. Las aguas fecales por cualquier sitio, una intolerable tasa de mortalidad infantil y corrupción generalizada (en eso no diferimos tanto). Y mientras, Teodorín, hace el ganso con su Ferrari en París o en Miami.
Una pena. Se ve que los Obiang vienen del lodo y no saben que el dinero es un medio y no un fin. Tampoco se han percatado -aunque sea por propio egoísmo- que no es lo mismo gobernar un estado próspero que una finca insalubre por la que ni ellos mismos pueden pasear con seguridad.
Y no hace falta regalar nada. Basta dedicar esos recursos excedentarios a organizar el país, a infraestructuras, sanidad y educación, apostar por los niños para el futuro pero sin limosnas. Una pena, insisto, gobernantes obtusos que serán recordados como opresores en vez de como benefactores.
Que cada cual establezca su analogía.

(Publicado también en www.elblogoferoz.com)

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