jueves, 3 de octubre de 2013

Vasos comunicantes

(Publicado en el periódico ABC el 3 de octubre de 2013)

La preocupación de la clase política puede parecer lógica; “hay más que razones”, pensará usted. Como si la resolución de los problemas de cada ciudadano recayera sobre sus hombros por mandato divino. O como si hubiera que inventar algo que hacer para justificar su propia condición de asalariados de lo público. Algo que hacer, sí, para intentar llegar a casa cada día con la sensación del deber cumplido: una necesidad del individuo responsable. La gran pantomima o “el coste de la democracia”, porque en el fondo todo el mundo sabe –y ellos también– que la mayor parte del tiempo su trabajo no sirve para nada. Concejales, consejeros de cabildo, parlamentarios, ¿cuántos en Canarias?, ¿mil?, ¿dos mil?: una pena el talento y la dedicación desperdiciados. Un fracaso del sistema o de sus dirigentes porque los partidos podrían fomentar la propuesta y el debate de nuevas ideas en vez de pretender convertirlos en gestores, muchas veces sin cualificación suficiente ni presupuesto que gestionar. Lo que sobra en las administraciones no son funcionarios; quizás por eso su reforma sigue pendiente.
Anuncia el Cabildo de Tenerife que va a favorecer la contratación de suministros a empresas que contraten desempleados. Qué bien, qué sensibles y comprometidos; llamémoslo “bonito gesto bienintencionado”. Lo grave es que alguno de los impulsores de la iniciativa se crea de verdad que se va a obtener algo más que un titular de prensa. De entrada, al empresario que no ha despedido y que ha puesto sus ahorros para sortear la crisis, a ese, que le den, con perdón. Para esos contratos se requerirá el personal que sea: el nuevo adjudicatario contratará y el actual despedirá en idéntica medida, ¿dónde está la gracia? No habrá otros asuntos a los que prestarles atención.
O el Gobierno de Canarias que le paga la formación a Telefónica con dinero de sus planes de empleo (qué necesidad), cantidades que recauda de los impuestos que abonan las empresas que realizan esa actividad, entre otras, que sufrirán la dura competencia, ¿habrán hecho balance? O cuando mueven Roma con Santiago para evitar la caída de cualquier gran compañía con el argumento de proteger los puestos de trabajo. No entienden que si una empresa desaparece por méritos propios habrá otros operadores que crezcan para ocupar ese hueco en el mercado con equivalente contratación de trabajadores (y quizás con más oficio). Tanto esfuerzo inútil en las políticas activas de empleo y en la dinamización de la economía. Un entretenimiento prescindible, un ahorro inmediato con el que aflojar la presión al contribuyente, el inicio de una nueva era.

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