jueves, 19 de septiembre de 2013

Trabajo o inteligencia

(Publicado en el periódico ABC el 19 de septiembre de 2013)

Me preguntaron qué creía que había pesado más en mi carrera profesional, si el trabajo o la inteligencia. Caí en la trampa por falta de esta última: es muy fácil contabilizar las horas. Tomar decisiones, proyectar una estrategia o mantener las relaciones con nuestro entorno laboral requiere algo que no se sustituye con esfuerzo y dedicación. Confiar en la inteligencia siempre fue la opción correcta aunque la psicología social demuestre que el colectivo se equivoca con pertinaz frecuencia. El individuo por sí solo, según parece, bastante menos.
Los razonamientos argumentados por el presidente Rivero para apoyar el frente contra las prospecciones petrolíferas son de una temeraria inconsistencia, obsoletos. El enfrentamiento, además, denota escasa capacidad de reacción ante los hechos consumados. Puede que el ruido obedezca a una maniobra de distracción que forme parte de una táctica de mayor calado sobre la que guarda prudente cautela. No sé yo… el espectáculo es lamentable en cualquier caso. Tendríamos que poder descifrar qué intereses ocultan unos tipos serios -en apariencia y credenciales, al menos- para afirmar en público que el petróleo es cosa del pasado. Su deseo, el de las energías limpias es eso, un deseo por el que vale la pena luchar, sin duda, pero sin obviar que los combustibles son insustituibles hoy y que lo seguirán siendo durante unos cuantos años más.
Razonar. De eso se trata, y confiar en la inteligencia, propia o ajena, porque siempre hay una solución imaginativa para los viejos problemas. Rivero muestra inútil tozudez en estos asuntos de alcance sin percatarse del momento histórico que le ha tocado vivir ni de la oportunidad de hacer algo grande por Canarias, su gran oportunidad, si fuera eso lo que le motiva para estar/seguir en política. Debe aprovechar que en la (re)negociación del REF cabe todo aquello que España y Europa, sus gobiernos, estén dispuestos a aceptar. Si ahora mantienen un régimen de subsidio con efectos desoladores, por todos conocidos, ¿qué otros planteamientos podrían admitir? Aquellos que consuman menos presupuesto seguro que los escuchan con gusto y los que mejoren la actividad económica, también. Apasionante reto, no cabe duda, que exige además cierta de dosis de picardía porque quizás esa escasa repercusión que tendría para las Islas -“los beneficios serán para Repsol”, afirma el presidente- se podría mitigar de forma indirecta, para el petróleo y lo que venga. Ahí va una idea: todo negocio que tenga lugar en Canarias que tribute en Canarias, recaudemos el impuesto de sociedades aunque Repsol tenga su domicilio en Madrid. El REF y el petróleo nos sacarán de la crisis.

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