viernes, 13 de septiembre de 2013

Qué necesidad

(Publicado en el periódico El Día el 13 de septiembre de 2013)


Ninguna. El presidente Rivero afirma que qué necesidad con las prospecciones de petróleo, qué necesidad
poner en peligro al turismo. Ninguna para él, según parece, y se olvida de los trescientos no sé cuántos mil parados que hay en Canarias. Será el petróleo o lo que sea, pero algo distinto habrá que hacer porque el turismo en monocultivo no nos va a sacar de esta. No sé qué más pruebas hacen falta ni qué más revoluciones árabes ni cuántos millones de turistas más tienen que venir para dar futuro a tanta gente sin expectativa; olvídese porque es mentira, el turismo por sí solo no alcanza. Conspiración judeo-masónica-asamblearia, interés propio o simple estupidez: se admiten apuestas. Porque están cegados -el presidente, sus acólitos, sus socios de gobierno y la oposición- sin dar crédito a las evidencias, dentro de un bucle alimentado de falsos axiomas considerados irrefutables: la sostenibilidad, las subvenciones, la infalibilidad del sector turístico y todas esas patrañas. Sí que estamos necesitados, mire a su alrededor don Paulino, necesitados de algo que no tenemos ni imaginamos a priori, por eso es tan importante que la actividad económica se desarrolle en libertad, sin moratorias ni interferencias ni burocracia, para que aflore la iniciativa privada con sus ideas e inversiones.

Insistir. Porque no entiendo cómo pretende el señor Rivero que las cosas cambien si sigue con lo mismo.

Renunciar. No renuncie al petróleo, presidente, no nos lo podemos permitir. Los países con petróleo son ricos. Si el problema está en la concesión de la explotación, como usted confesó en privado, en sus términos jurídicos que no permiten implantar una tasa que deje dinero, pelee por cambiar la ley. Al PP y al PSOE también les interesa que Canarias prospere, qué se piensa, y a los gerifaltes en Madrid también les interesa que en Canarias nos busquemos la vida. Exige estrategia, tiempo y dedicación, pero vale la pena, el premio sería una bendición.

La Diada. Sana envidia, lo confieso, que un cuarto de la población catalana se lance a la calle a reivindicar. Qué buena la libertad. Qué falta hace que el canario salga de la jaula a exigir, a exigir consideración al menos. Porque el trato que reciben las Islas del Gobierno de España no es de recibo. Porque no es admisible que no esté previsto un nivel de inversiones superior a la media de las autonomías dada nuestra situación socio-económica mucho peor que el resto. Porque no ha cumplido con los convenios de carreteras ni de infraestructuras hidráulicas, entre otros, trato que demuestra que los ciudadanos de Canarias somos de segunda. Culpa nuestra, puede ser, que elegimos para representarnos a personas sin vocación de servicio público, incapaces de dar un golpe en la mesa y decir basta, cobardes para plantarse en la corte a pedir la cuenta, sin acritud pero con contundencia, porque no podemos seguir dentro de un Estado que no nos quiere. No se puede pedir socorro en voz baja para no molestar.

Tanta prepotencia. Me había propuesto no citar más a Ricardo Melchior por aquello del puente de plata. Imposible. No es capaz de ceder el testigo sin más, hasta la próxima y muchas gracias, no puede, es adicto al reconocimiento público, necesita que el pueblo le aplauda por los tantos años de dedicación y sacrificio. Y entonces acapara presencia en los medios -un último suspiro antes de- y explica que se va como ejercicio de responsabilidad, que él cree en la regeneración política ¡¡después de treinta años en el poder!! y que es imprescindible dar paso a gente nueva. Qué necesidad venir ahora con ese cuento: si fuera verdad se hubiera ido antes. Añade Melchior, desinhibido, que el presidente Rivero debería hacer lo propio: una vaca sagrada le dice a la otra...

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