viernes, 30 de agosto de 2013

Doscientos

(Publicado en el periódico El Día el 30 de agosto de 2013)

Millones. Que siempre habrá alguien dispuesto a prestar por un módico interés; ese es el monto autorizado para ampliar el endeudamiento del Gobierno de Canarias. Doscientos millones más ricos, pero más pobres, es mucha pasta. Puede obtener la financiación pero hay dudas de a qué destinarla. Evidente falta de proyecto. Se baraja la beneficencia o las políticas activas de empleo. La consejera del ramo, preocupada, pretende corregir las deficiencias de todo un sistema educativo -enmendar la plana a los profesores y a las familias-, tarea inmensa para ella sola y, a mi entender, enfrentada desde un ángulo erróneo: preocúpese de que los centros públicos oferten la formación que demanda el mercado y que el individuo elija. Después, pase lo que pase, con un buen trabajo o sin él, que cada cuál acepte las consecuencias de sus propias decisiones. Esa es la magia del libre albedrío. Sin peros.

Toniques. En los que tropieza el presidente Rivero erre que erre con la cantinela del "trabajo en Canarias para los canarios". El peligro de este tipo de propaganda nacionalista bienintencionada es que siempre hay quien la recoge, la hace suya y la defiende con esmero xenófobo. Mas no ha trascendido la letra pequeña: cómo distinguir al auténtico canario del impostado. Quiero entender a don Paulino que sentirá envidia de vascos y catalanes, que utilizan sus idiomas excluyentes. Dos ejemplos estupendos, por cierto. Los primeros, que, y a pesar de, con su fuero histórico son capaces de mantener el paro a raya; y los segundos, metidos sin consenso en el atolladero soberanista de alta intensidad, pierden empresas e inversiones sin percatarse de que el éxito catalán fue precisamente el ímpetu inmigrante. Mensajes, por cierto, que no hemos sabido descifrar en las Islas: saquemos jugo al REF (nuestro propio fuero) sin olvidar la hospitalidad que nos caracteriza.

Y algo más. No solo dinero sino también voluntad. Porque en un alarde de sentido común el gobierno canario podría iniciar la inaplazable fusión de ayuntamientos o el paulatino desmantelamiento de los cabildos o resolver la duplicidad de sedes y competencias, que reorganizarse también consume recursos. O invertir esos doscientos millones en bajar la presión fiscal a empresas y particulares. O en obra pública, como explica Keynes. Aunque usted y yo sabemos que es poco probable (no diremos imposible en esta columna) que alguna de estas propuestas -redimesionamiento de la Administración, bajada de impuestos, inversión en obra pública o cualquier otra- sea tan siquiera considerada, que la tentación del subsidio es muy potente, que la limosna es más fácil, genera mejor prensa, entraña menos riesgos, menos controversia, menos oposición inmovilista. Las ayudas sociales son una trampa, un mecanismo sencillo con el que tranquilizar la conciencia pero sin enfrentar el problema: "Hacemos todo lo que está en nuestra mano, todo esfuerzo presupuestario se emplea en ayudar a quienes más lo necesitan". Yo no dormiría tranquilo.

Cuentos chinos. Uno más. El Cabildo de Tenerife confiesa que ha sido multado por la Unión Europea en materia de aguas residuales, qué vergüenza. Justo a eso me refería con la desidia de Ricardo Melchior para enfrentar cuestiones importantes que son de su competencia mientras se entretiene y se pule el presupuesto en otras que no lo son. Lo de las aguas negras tiene su enjundia porque las sanciones son monumentales y no prescriben hasta que no cesen los vertidos, y el retraso inexcusable: la norma a aplicar es de 1991, según detalla su propia nota de prensa. Y la segunda derivada cuando los consumidores nos organicemos para reclamar el servicio pagado y no prestado, que en el recibo del agua incluye el concepto. Para lo que le queda no dirá nada.

Melchior. Me reprende un lector por qué lo critico si ya se va. Lleva razón.

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