jueves, 27 de junio de 2013

Pacto de alcaldes

(Publicado en el periódico ABC el 27 de junio de 2013)

Qué buena pinta, ¿usted se imagina? Un pacto y de alcaldes. Por un momento pensé que había triunfado el sentido común y que los primeros ediles de toda España habían aceptado su responsabilidad y daban el visto bueno a la nueva ley de ordenación de las administraciones locales: fusiones, racionalización en los servicios públicos, control del déficit, etcétera. Pero no, en realidad la noticia hablaba de Ricardo Melchior -alcalde de Tenerife por la cara- que viajó a Bruselas a conocer a Terminator disfrazado de exgobernador de California y a apuntarse a la eficiencia energética. Entiende que la reducción de los consumos justifica el gasto. Tratar de bajar la factura de la luz merece un viaje a Bruselas pero reorganizar la administración local no está en la agenda y, si lo estuviera, no ha trascendido. Que conste que me parece muy bien que se contenga el gasto energético y cualquier otro, además, si esa iniciativa europea destina dinero, pues bienvenido sea. Aunque estoy seguro de que ese es el chocolate del tal.
La energía en Canarias. Pendiente está la implantación de más producción limpia, no ya por una cuestión económica, sino por trabas legales. Porque nos hemos dotado de un entramado normativo que dificulta la actividad económica y las inversiones. Ni molinos de viento ni placas solares ni hoteles ni nada de nada: la exigencia de autorización previa y los impedimentos en los usos del suelo; tanto leguleyo en la política. Si pienso mal veo una maniobra para proteger a los que ya están, basta eliminar la competencia y asumir los daños colaterales (el paro, la emigración o la pobreza). Todo ello sustentado en base a un puñado de axiomas caducos que el legislador adopta como dogmas de fe -territorio frágil y fragmentado, escasez de suelo, recursos limitados- que son falsos, sí, créame, basta una vuelta por ahí con los ojos abiertos. Menos planes de inserción y más simplificación administrativa, menos pedir limosna y más enfoque a la raíz de los problemas, menos proteger y más facilitar. Canarias puede ser negocio. Está en nuestra mano cambiar la tendencia. La seguridad jurídica permite las inversiones y éstas generan empleo; a partir de ahí que cada cual encuentre su felicidad.
Discuto una vez más sobre la conveniencia de las subvenciones al plátano y me ofrecen un argumento de peso: toda la agricultura de la UE está subvencionada y si un ganadero alemán cobra por la leche excedentaria, por qué no iba a cobrar el platanero canario, y es verdad. Y así nos va en la vieja Europa, al abismo con nuestras viejas ideas. Ni lo uno ni lo otro. Debe mandar la competencia, que es sabia y pone a cada cual en su sitio.

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