viernes, 12 de abril de 2013

Dictadura de las minorías

(Publicado en el periódico El Día el 12 de abril de 2013)

Las víctimas. La solidaridad nos juega una mala pasada. Es la estupidez que aflora cuando nuestra conducta ocasiona perjuicio para todos; estupidez colectiva, cómplice o consentida. Asistimos a la última devaluación, la del ahorro, mientras consideramos al desahuciado como víctima, sin darnos cuenta de que los damnificados somos todos. Porque este último capítulo de la burbuja inmobiliaria no deja supervivientes. No creo que escuche a nadie argumentar en este sentido e incluso que usted me tache de insensible. Y puede ser, aunque me niego a aceptar un planteamiento que perjudica a la mayoría. Porque somos muchos millones de ahorradores condicionados durante años por una política fiscal y una cultura familiar que premiaba trabajar para comprar tu casa. Y ahora, la defensa de los intereses de unos cuantos miles de personas, un pequeño porcentaje del total, desmonta por completo el sistema financiero basado en la garantía real, ¿con qué garantía prestarán dinero los bancos si los bienes raíces son inembargables?, ¿cuánto vale su propiedad si no hay nadie que la pueda comprar? No sé quién se quejaba de la falta de crédito…

Los desahuciados. Sobre el total de los embargados, el diez por ciento pierde su primera vivienda: un drama al que la sociedad y los poderes públicos deben dar respuesta. Y claro, es más fácil aplazar el lanzamiento que proponer el alquiler de viviendas sociales o cualquier otra solución que garantice el derecho constitucional a tener un sitio digno donde vivir. El camino elegido, resultado de la presión ejercida por los afectados, esa minoría, acaba con el principio básico de las transacciones comerciales. Veremos a dónde nos conduce este nuevo planteamiento ahora que no pagar no es causa suficiente.

Los del no a todo. Reciben un mensaje desde el espacio exterior. Qué curioso. Fue la de El Hierro la foto que ganó el premio de la NASA, precisamente. Y me acordé de la oportunidad perdida por la isla y sus habitantes con el proyecto de la lanzadera, aquella plataforma de despegue para naves espaciales, qué maravilla, ¿usted se imagina?, una puerta abierta al universo. Decir que no es fácil, pero no exime de responsabilidad a quienes con su postura inmovilista condicionan el futuro de todos. Decir que no no basta, requiere proponer la alternativa, debemos exigirla. Quienes dicen no al petróleo que expliquen cuál es el futuro para Canarias; falta el análisis comparado. Seguimos esclavos de unos pocos que por convicción idealista o manipulación interesada nos imponen su voluntad: quienes más chillan, tienen más razón, curiosa segunda derivada de la joven democracia española. Buscaremos quien defienda el interés general a largo plazo.

Los acosadores. O como los llamen. Dicen que lo del escrache viene de Argentina, que exporta sus excedentes. Confieso que me asalta la duda. Está claro que desincentiva la incorporación de profesionales capaces que aparquen su carrera para dedicar un tiempo a lo público, no solo se exponen a la crítica, fundamentada o no, sino también a perder su intimidad. Seguirán los mismos o aquellos que no tengan nada que arriesgar. Del otro lado, entiendo que la responsabilidad de los políticos no debe ser de quita y pon, algo que se pueda abandonar en el despacho hasta el lunes. En cualquier caso, la línea es muy tenue, difícil discernir entre la protesta y el acoso irrespetuoso.

Ricardo Melchior. Tan minoría que es uno solo. Insiste en asumir un papel que no le toca, como en tantas otras cosas, y designa su propio sucesor al frente del Cabildo. Actúa igual que Aznar con Rajoy o Franco con Juan Carlos, qué cosa. Y estoy seguro de que Carlos Alonso sería un buen presidente, segurísimo, pero no porque lo diga usted, sino porque así lo decidamos, en su caso, la mayoría de los ciudadanos.

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