viernes, 15 de marzo de 2013

Cuando yo sea presidente

(Publicado en el periódico El Día el 15 de marzo de 2013)

Paulino. Estuvo con nosotros en la presentación del Tenerife Network. La sociedad civil -empresarios y directivos- se organiza por su cuenta para colaborar, para buscar sinergias y generar relaciones de confianza. El presidente Rivero fue el invitado, habló y fue sometido al interrogatorio de los miembros del nuevo club, al que sobrevivió con entereza. Confieso que me quedé impresionado con su intervención, con su discurso fluido, plagado de axiomas cuyos principios solo él será capaz de descifrar, en definitiva, se cree y defiende con vehemencia su propia realidad distorsionada. Cuando yo sea presidente, en situación análoga, haré justo lo contrario: en vez de responder, aprovecharé para preguntar qué piensan quienes viven el día a día del mundo de los negocios y cuál es su visión para Canarias.

Preguntas. Le hice dos, con la venia. La primera sobre unas declaraciones suyas del año pasado en las que afirmaba que no quiere "ni subvenciones ni limosnas, sino instrumentos que nos permitan generar actividad económica"; que qué instrumentos barajaba su Gobierno. Soy mala persona, porque ya yo sabía que habían quedado en nada. Rivero capeó con cintura torera, relató las vicisitudes para acceder a la financiación de la UE, para entrar en el reparto de los dos mil no sé cuántos millones para el periodo 2014-2020 y se lamentó de los diferenciales de inversión per cápita por parte de la administración del Estado en las diferentes comunidades autónomas, con Canarias a la cola. Destila resignación, empeñado en buscar de dónde (fondos estructurales) y cómo gastar la asignación que pueda rascar: repartir dinero público como solución a la crisis; que la economía funcione no es su problema, o eso da a entender. Y de instrumentos ni mu.

Reparto. Que aplique la ley. La inversión pública en Canarias está regulada en el REF (una ley nacional, by the way) que la fija en la media y, si no se cumple -que no se cumple-, que reclame la diferencia en el juzgado con sus intereses de demora.

Iron Park. Mi otra pregunta. Tanto esfuerzo inversor para convertir a la isla del meridiano en referente de la autosuficiencia energética y ninguno para paliar la dependencia exterior en todo lo demás. Otro pase de pecho. Que si El Hierro tendrá su "sello de distinción" y que el herreño entiende que el futuro va de agricultura ecológica y de cuidar el parque temático. La guinda, afirmó, es conseguir que todos los coches sean eléctricos. Una isla para enseñar.

Disparates. Porque está convencido de que el problema de Canarias es que somos muchos, que no hay cama para tanta gente y que no defendemos "lo nuestro" con ahínco. No comprende que los territorios que funcionan -nuestras propias islas en sus épocas de bonanza- son aquellos que atraen emprendedores, los que aprovechan el ímpetu, las nuevas ideas y la iniciativa de los inmigrantes que luchan por su futuro. Mire a su alrededor y fíjese cuántos empresarios de éxito vinieron a generar riqueza y empleo. Rivero anunció nuevas tasas a la importación de papas, vinos y agua. Al revés del pepino, en vez de fomentar las bondades de la competencia y el libre mercado, más impuestos, más proteccionismo, más defensa del interés particular de vaya usted a saber quiénes.

El petróleo. No es que Rivero diga no (menos mal), sino que considera que el sistema utilizado para la concesión de la licencia de prospección, que da derecho a la extracción, en su caso, impedirá a la Administración cobrar por ello. Estamos de acuerdo: que Repsol gane dinero pero que pague su diezmo. Pues hable claro, ¿por qué no habla claro?, déjese de pamplinas medioambientales, exija que la explotación no se haga a menos de cincuenta quilómetros y que se regule un canon razonable que resuelva el déficit público.

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